Web no oficial de la feria taurina de Pamplona…

Gran reserva

Publicado en Diario de Navarra el 13 julio 2010

Los tres matadores (foto: José Carlos Cordovilla para Diario de Navarra)

Dicen que el comportamiento de los los toros, como en los vinos, va por añadas. El bodeguero tiene las viñas y las cepas y a partir de ahí comienza el largo camino hasta la venta. Está la vendimia, la mano del enólogo, las condiciones de la bodega, el embotellado, el transporte y mil y un procesos que a uno se le escapan. Los toros que ayer lidió Victoriano del Río son lo más parecido a un gran reserva.

Criados en la sierra, allá donde la autovía de Burgos entra en Madrid y hace un frío que pela, los bureles del ganadero dejaron clara su bondad para todo tipo de paladares. Fuerza, nobleza, raza para embestir y unas cuantas más virtudes. Fueron como el vino casi perfecto que se vende con el boca oreja. Una corrida vista, y bien vista, en el campo por el mejor de los sumilieres de la Meca.

Por la puerta entraba Curro Díaz vestido de verde botella. Se le acercaba el maitre y solícito le consultaba ¿que usted es un torero de arte y ha llegado desde Linares para debutar en Pamplona? aquí tiene el mejor lote de la feria. Lo podrá paladear por los dos pitones, llenarlo de adornos y esparcir aroma de toreo por toda la plaza. Allá usted cómo lo remate, que eso no es cosa nuestra. Y Curro, el jienense, llenaba la plaza de toreo como en los tiempos del gran Emilio, pero se dejaba ir las orejas.

Tras él venía “El Juli”, con el paso firme de quien ya ha atravesado muchas veces la misma puerta. Don Julián ¿cómo se encuentra? a mandar que soy el maitre. Como usted es el único que viene dos días le ponemos lo mejorcico de la bodega. Tenga cuidado que estos toros tienen graduación alta y uno no puede tener excesos de confianza. Y el Juli  los cataba y decantaba como quien escribe la guía Parker todos los días. Pero aun cortando dos orejas, “El Juli” se marchaba al hotel con un puntazo y una receta.

De verde manzana y con una taleguilla bordada y geométrica aparecía Talavante en escena. Señor, como usted lleva tiempo sin venir no le diremos nada de la indumentaria, aunque esta es una Casa seria. De primero le hemos puesto un caldo magnífico, a ver qué tal le sienta. De postre va un vino de cata ciega. Lleva  años en esto, como para distinguir el cabernet del merlot y todo lo que ello conlleva.  Y Talavante, tras degustar el primer vino, se manchaba con el del postre y pedía pronto la cuenta.

En la puerta del restaurante, el maitre despedía algo disgustado a los coletas: adios señores, que sepan que se han pulido lo mejor de la bodega. Si no han cortado diez orejas echen ustedes cuentas.

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