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La tarde aquella del toricidio

Publicado en Diario de Navarra el 11 julio 2010

Escribió José Bergamín, aquello de la música callada del toreo. Lo hizo  pensando en el Paula y  otros matadores de arte. En verónicas cadenciosas. En tardes de gloria y magia.  Uno tiene sus dudas de que la Plaza de Pamplona inspirase alguna vez a Bergamín, porque lo que se dice silencio, en nuestro coso hay bastante poco.

Toricidio (Jorge Nagore)

Desde que se arrancó el paseíllo con el “Viva el Maera”, hasta que las mulillas arrastraban al séptimo toro no hubo un sólo momento de silencio. Ni un momento de pausa, ni un momento de tregua. Las charangas atronaban de forma loca. Pese a que La Pamplonesa, activa, acertada, intentase musicar las faenas. El ruido la devoraba. En el sol iban a su aire y en la sombra también. La tarde se contaba por vasos bebidos, movimientos de abanico y personas desalojadas con golpes de calor.

Tenía que suceder algo extraordinario para centrar el foco en la arena. Y eso, en una plaza con la deriva de la nuestra, es algo complicado. No lo consiguió el extraordinario pitón izquierdo del segundo, pese a que David Mora lo intentara. Tampoco que el matador consiguiera cortarle una oreja. La calor, la fiesta y la chicharra podían con todo ello.

El cambio de rumbo de la tarde vino de una lidia calamitosa. Una de tantas a las que se somete a los toros de Constantina. Un puyazo tan temerario como desafortunado mató al toro bajo el peto. Había quedado descordado y fue apuntillado. El caso del toro “asesinadito”.

Entre hacer peligrar el orden público y saltarse el reglamento, la presidencia optó por lo segundo. Y entonces, con todo el personal deseando correr a cantos a los zaldis surgió el milagro. Toda la plaza estaba pendiente de lo que sucedía en el ruedo. Hasta los charangueros miraban a ver qué pasaba.

Y un matador decidió jugársela, plantarse de hinojos y marcharse donde a él le gustan las batallas: en los medios y con los toros pasando muy cerca. Un matador que entró a matar en el mismo lugar donde toros muy parecidos se le habían ido vivos hace dos primaveras. Un matador con un contrato para Pamplona y un verano muy largo por delante.
De lo justo o injusto del corte de orejas ya les hablarán otros colegas. Uno se queda con que tras el toricidio llegase la redención. Y que por fín se escuchase más allá de su grada a La Pamplonesa.

Nuestra plaza está loca. Lo dijeron Belmonte, Bergamín o el Maera. Porque no existe plaza del mundo donde justo antes de quemar los tendidos a uno le de por jalear una faena. ¿En cuantos lugares se crea cada día una anécdota?

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2 respuestas a “La tarde aquella del toricidio”

  1. [Feriadeltoro.net] La tarde aquella del toricidio http://bit.ly/alxHJY

  2. RT @Sanfermania: [Feriadeltoro.net] La tarde aquella del toricidio http://bit.ly/alxHJY

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