Web no oficial de la feria taurina de Pamplona…

¡Qué horror! Mi pueblo vencido por la altanería del poder

Carlos Polite

Publicado en Diario de Noticias 12 julio 2010

A pesar de que todos sabíamos que era una crónica anunciada la ausencia de las peñas del festejo Sanferminero del domingo en fiestas, cuando accedí a mi grada y mis ojos miopes observaron la soledad de los tendidos y andanadas de la solanera, prometo, porque yo no juro jamás, que mi angustia me provocó un mal rollo del que todavía no me he repuesto. Esta fiesta nuestra, que se nutre y sobrevive por y para el pueblo, jamás desde hace prácticamente un siglo, incluyendo las décadas tenebrosas, decidió renunciar a su presencia en nombre de las peñas de mozos a un festejo de los Sanfermines. Hasta dónde habrá llegado el enfrentamiento entre un poder altanero y los más genuinos representantes del pueblo pamplonés, que me temo un futuro, si no tenebroso, sí muy preocupante.

Siento en el alma que la última movida Sanferminera haya acontecido en la tarde en la que se lidiaba mi hierro amado y favorito desde que era un chaval. Por supuesto, hablamos de los toros de Miura y lo que significan para la historia de nuestras fiestas. Es curioso que el más tranquilo de todo el colectivo de aficionados, era precisamente el ganadero Antonio Miura Martínez, que a pesar del compromiso que para él y su familia supone lidiar en la plaza de sus amores, salvo la Maestranza Sevillana, me soltó suavemente: “Carlos, esto lo solucionáis rápidamente”. Que los dioses te oigan, Toto.

Para sorpresa de los agoreros, que sistemáticamente satanizan la gran vacada de Lora del Río, Guadalquivir por supuesto, en la tarde de ayer se tragaron la sorpresa más soberana que pudieran imaginarse. Todo el sexteto, ninguno sin excepción, realizaron la mejor suerte de varas de la Feria del Toro y de las demás ferias que se disfruten en el planeta Tierra. Ninguno cantó la gallina, ni se hizo el remolón. La canalla de la vara larga les arreó estopa en cantidades industriales y no dijeron ni mú.

Habitualmente, estos bureles se comportan con los banderilleros de malas maneras, léase cortarles el terreno, soltar tarascadas y demás putadillas. Pues miren por dónde, en nuestra tarde sin peñas, galoparon con más o menos tranco, sin aparentes dificultades.

El trío de matadores, como es de suponer, esperaban la terrorífica miurada pamplonesa, y se toparon de golpe y porrazo con unos morlacos dispuestos a humillar su tremenda arboladura y a la espera de muletas capaces de tirar de ellos, de alargar las embestidas y lograr el milagro de sacar el engaño por debajo de la cadera. Presumo que los seis bravos y nobles cuatreños de Zahariche, estarán rumiando su desengaño porque ellos sí que pusieron todo lo que había que poner para que los supuestos bípedos inteligentes consiguieran faenas esplendorosas, soluciones decorosas con la tizona, que todo cuenta, e irse al mundo de los toros bravos, provocando fortuna y gloria para sus matadores.

Con todo esto quiero decir que los toreadores estuvieron muy por debajo de las condiciones de los bóvidos y desparramaron por el sumidero con atisbos de sangre brava, carísima por lo escasa. Muy chungo.

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