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Las lágrimas de un gran torero

El Viti enardeció a los pamplonicas

Vicente Zabala Portolés

Publicado en ABC el 15 julio 1976

Pamplona, 14. (Crónica por teléfono de nuestro jefe de la Sección Taurina, enviado especial). Hemos llegado al final de estos sanfermines 1976, que comenzaron revolucionarios y han terminado bajo el signo de su tradicional alegría. La gente sentía el deseo de recuperar deprisa los días de fiesta que perdieron por culpa de la dichosa política.

Santiago Martín "El Viti"

Estoicismo de SM, "El Viti" dando la vuelta al ruedo con los obsequios del público de sol (Archivo de Diario de Navarra)

Estábamos convencidos de que habíamos presenciado ya lo más importante de la feria. Pero no las tenía todas conmigo. Confieso que cuando torea un diestro de la talla de El Viti hay que estar a la espera «de posibles acontecimientos, porque el salmantino, pese a lo cómodas que le han puesto las cosas el señor Balañá, es un torero muy importante, tal ves el mas reposado y de mayor pureza de la interpretación de las suertes fundamentales. Esta mañana, cuando envié la crónica de lo más destacado de la feria a «Blanco y Negro» me curé en salud. Advertí que por necesidades de entrega de original, dejaba sin comentar el final de la feria, pero que la próxima semana, si valía la pena, volveríamos sobre los sanfermines.

Esta vez, Álvaro Domecq se ha esmerado en enviar a Pamplona, a la Feria del Toro, una hermosa corrida que en líneas generales ha lucido clase y buen estilo, especialmente los cuatro primeros. El ganadero jerezano es de los hombres que tienen una desbordante afición, pero piensa frecuentemente con mentalidad de torero. Esta vez ha separado seis toros para Pamplona, con verdaderas ansias de triunfo y de desquite. Corrida con cuajo, muy bonita. Al juzgar a los matadores iremos viendo el juego que han dado. Me agrada poder elogiar a Alvaro Domecq como se merece. Yo no soy de los que ejercen el juego de las fobias y, para evitar éstas, nada mejor que cada cual vaya por su sitio. Se puede dar un «palo» a un ganadero siempre que lo merezca, pero si se esmera, justo es que se pondere lo que sin duda ha supuesto para el criador de reses bravas innumerables sacrificios.

Ya que estamos dentro del elogio destacaremos la importante actuación de El Viti en esta corrida que ha servido de broche a la feria pamplónica. Estoy deseando llegar a Madrid para ver a mi compañero Miguel Ródenas, hijo de aquél gran profesional del periodismo que fue don Miguel Ródenas, que durante tantos años trabajo también en la Redacción de ABC, y al que se puede considerar como uno de ‘los descubridores, en su calidad de crítico de Vista Alegre, de este torero salmantino en su ya lejano debut en la madrileña plaza carabanehelera.

Ya dije en San Isidro que esta clase de toreros en plena madurez hay que exigirles tes con relación a su calidad y a lo mucho que cobran por sus actuaciones, pero no se debe invitarles nunca a la retirada, sobre todo cuando a la mayoría de los que hoy se viste de luces no sirven ni para llevarle el fundón de las espadas. No vivimos momentos de grandes figuras como para permitirnos el despilfarro de mandar a su casa a un matador de toros de esta envergadura,

El de Vitigudino entendió perfectamente al bravo toro que abrió plaza. No así su picador, que se eternizó en un primer puyazo, que aplomó al animal en exceso. La faena de Santiago resultó sobria, inteligente y perfecta de técnica. No hubo brillantez, pero sí eficacia y maestría. Así lo comprendió el público, que le premió con una cerrada ovación cuando terminó con su enemigo.

Midió muy bien la pelea en varas del cuarto, dosificando el castigo. El animal llegó al último tercio con nobleza, pero aleo suelto. El Viti lo recibió en los medios con tres soberanos pases por bajo que ahormaron la embestida. Después vendría un primoroso toreo en redondo, perfectamente ligado y rematado con el de pecho. El diestro fue imponiendo su mando sobre el astado. Entendió que había que darle los adentros por la propensión del animal a los maderos. Y fue allí donde dibujó unos lentísimos pases naturales que enardecerían al público y a los que gustan del bien torear. El toro iba engolosinado en la muleta del diestro, feliz, si es que los toros pueden ser felices, de haber caído en sus manos.

A menudo escribo de los que pegan pases diferenciándolos de los que torean. Yo llamo «pegapases» a los que creen que el toreo tiene una sola dimensión. Los toros entran y salen del engaño a su aire. Resultan faenas mecánicas, sin orden, sin plan, sin eficacia, sin enjundia torera. El Viti toreó esta tarde dominando. Los muletazos ‘conmovían porque el torero vibraba, sentía, transmitía lo que estaba ejecutando. El arte ‘de torear no es fuerza ni astucia, ni tan siquiera maña. El Viti llevaba al toro materialmente cosido al trapo, pero con una gallardía y un temple que la técnica se engrandecía y alcanzaba las alturas de la belleza. Gran faena la de El Viti, que a ratos se parecía a aquellas inolvidables de dos o tres ferias sevillanas que tanto cartel le han dado entre la afición hispalense. El publico la jaleó de principio a fin. Cortó las dos orejas después de dejar una estocada que no tuvo efecto, pinchar de nuevo y cobrar a continuación otro espadazo hasta la gamuza. El Viti rejuveneció cuando sonaron los gritos del «pistonudo», que nacieron con él hace tres lustros en esta misma plaza. Le llovieron los regalos, las repetidas vueltas al ruedo, el clamor general de una tarde realmente antológica. Juzgo a El Viti por lo de hoy, no por sus anteriores actuaciones en la presente temporada. Y de verdad que lo de esta tarde compensa de tantas faenas aburridas y monótonas que presenciamos a diario. Santiago ha triunfado con la verdad en la mano. No ha hecho una sola concesión a la galería. Dios quiera, por el bien de la fiesta, que sea un comienzo de una recuperación total.

Ángel Teruel y El Niño de la Capea no han estado a la altura de las circunstancias, aunque han derrochado voluntad. El de Embajadores se ha mostrado frío y calculador. No se confió con el alegre y pronto primer toro de su lote. Cortó una orejita ratera. Anduvo porfión con el aplomado quinto. Escuchó palmas.

El Niño de la Capea anduvo valentón y novilleril. Instrumentó muchos pases, pero casi todos sin reposo ni aplomo. Le cortó la oreja al de Alvaro Domecq y cumplió con el sobrero de César Moreno.

El público salió entusiasmado. En Pamplona, a estas horas, no se habla más que de El Viti. El toreo, cuando es bueno, llega a todo el mundo. El Viti abandonó la plaza con lágrimas en los ojos. Las lágrimas de un torero, de un gran torero, que se ha encontrado hoy a sí mismo en Pamplona.—Vicente ZABALA

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2 respuestas a “Las lágrimas de un gran torero”

  1. Cuando un señor tan serio como "El Viti" sigue echando piropos a la Plaza de Pamplona ¿recordará esta foto? http://bit.ly/bDPElP

  2. Feriadeltoro.net dice:

    Cuando un señor tan serio como "El Viti" sigue echando piropos a la Plaza de Pamplona ¿recordará esta foto? http://bit.ly/bDPElP

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