Web no oficial de la feria taurina de Pamplona…

Pamplona, por S.M. “El Viti”

Santiago Martín

Texto extraído del libro “II Jornadas sobre el toro de Lidia“; Universidad Pública de Navarra, Pamplona 2001; ©UPNA 2001

El chupinazo da la salida. Pañuelicos al cuello y Pamplona se convierte toda en rojo y blanco, blanco y rojo. Dos colores que marcan y definen el sentir de la fiesta, el clamor de la gente, la exaltación de las tradiciones, el espárrago y la chistorra de Navarra. Comienza la fiesta y un calendario de sol a sol, con cada hora y cada a minuto, repletos de emociones y sensaciones difíciles de explicar. Difícil de explicar porque Pamplona y los Sanfermines hay que vivirlos “in situ”, no tiene nada que ver con lo que te cuentan. Pamplona la descubres allí, con su alegría , con su gente, su amor por el toro, el sentir de los aficionados. Sólo viviéndola y recogiendo la incertidumbre inicial que nos producía la primera vez que te anunciabas allí.

Santiago Martín, "El Viti"

Un público que reacciona de manera diferente al resto de las aficiones: su prioridad es vivir el toro como un cúmulo de aspectos emocionantes, un ser originario que les proporciona lo que tu no alcanzas a ver. Viven para el, esperándolo y entrenándose durante todo el año. Una emoción que transmiten a todos los que quieren participar de esa tradición.

El blanco silbido del cohete ensordece los cánticos a San Fermín. El rojo del sol ya está despierto para alumbrar otro día de emociones y de expectación. Ya es la hora, ya se abre la puerta; periódicos y músculos preparados para la ilusión de todos los veranos, ilusión alimentada durante todo el invierno. Tradición transmitida de padres a hijos durante generaciones; el orgullo de la familia. San Fermín con el toro y el toro con San Fermín. Es un rito de amor al toro encomendándose a San Fermín. Una tradición de culto al orden, respetada por todos los integrantes de la fiesta; respeto del que se encuentran orgullosos los navarros y del que contagian a todo el que se acerca a disfrutar de esta feria. La limpieza con la que sortean y corren en el encierro, con la que conducen a los bravos sin desvirtuar su naturaleza para la faena de la tarde.

Gracias a este amor y respeto por el toro se ha gestado un cambio de mentalidad tanto en los ganaderos como en los toreros, respecto a los encierros, es una de las plazas en que menos animales se han devuelto durante la lidia.

Los efectos del ejercicio y la liberación en los encierros se transforman en una maravillosa tranquilidad para las horas posteriores.

El ritual de los encierros llega a su cenit por la tarde en la arena. Ya no hay marcha atrás. La fiesta del toro sigue su curso; el toro es el ser auténticamente importante. Para poder llegar a ser superior a ese toro, hay que estar muy preparado, con la disposición de jugarte la vida sin tasa, emanando de ti sensaciones hermosas, sumamente emocionales, que te permitan eclipsar la atención de ese rojo volcán de pasiones que desde la grada continúa la fiesta comenzada al alba.

Todo un mundo de diversiones concentrado en ese volcán de personas que quiere conectar con el toro y el torero, con su arte, su emoción, y que estos les contagien, que se cree una comunicación, un diálogo entre los de arriba y los de abajo. El toro es el reto, es el ser importante. El toro tiene bravura, pujanza, fuerza, emana emoción por su acometividad . Los toreros son la otra cara de la fiesta, son el complemento de todo lo demás.

Cuando el torero provoca estas emociones, que ellos no son capaces de sentir, jugándose la vida por la mañana en los encierros; cuando esta pasión entre toro y torero se transmite y se integra con la gente, es entonces cuando ese volcán que parece que esta estallando, se vuelve manso. El arte y la obra, que se esta creando entre toro y torero, transforma ese ruido y bullicio de lava en un mar de blancos pañuelos que ondean concediendo la atención y la admiración. En este coso se conjugan un sinfín de emociones imposibles de compilar en otros lugares.

Es muy difícil de soportar todas las presiones que se viven en Pamplona, porque no todo el mundo tiene la paciencia suficiente para que llegue “ese momento”. Pero cuando este llega, es algo que ha merecido la pena en la vida. Esa sensación de choque de tantas emociones solamente la da el publico de Pamplona.

Cuanto hay que agradecer a los directores de esa Casa Misericordia; que siempre han cultivado que el toro sea el principal protagonista de las fiestas de San Fermín, un esmerado cuidado de una de las organizaciones mas serias de la historia del toreo, buscando siempre las ganaderías con prestigio en ese momento, el animal con mejor presencia en el campo. Y especialmente, mi recuerdo personal, porque fue la única plaza que se comprometió conmigo antes de que tomara la alternativa, para torear mi segunda corrida como matador, sin ni siquiera haber toreado como novillero allí.

La fuerza de Pamplona y los Sanfermines es conocida y admirada a nivel mundial, no necesita propaganda ni publicidad. Una fiesta que ha atraído a artistas de todos los géneros para describirla con sus plumas, sus pinceles, sus partituras; y que se han servido de esta fuerza pamplonica para potenciarse en sus profesiones. Pamplona es Pamplona por si misma, con nombre propio.

Pamplona en blanco y rojo

El blanco de sus espárragos, de la alegría de la fiesta, del orden en los encierros y en las calles, del blanco de los pañuelos premiando el triunfo. El rojo de la pasión, del riesgo en el encierro, del volcán de emociones, de la faena con la muleta. Una tierra de alegría y de valor.

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Una respuesta a “Pamplona, por S.M. “El Viti””

  1. LuisMa dice:

    SU MAJESTAD…más que nunca

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