Web no oficial de la feria taurina de Pamplona…

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El Juli (Jesús Diges, para EFE)

Allá por los años noventa, en Pamplona se celebrara una corrida de toros amable en cada una de las ferias. Solía llevar el hierro de Sepúlveda y a su estela solía arrastrar con puertas grandes de varios matadores simultáneos. Las crónicas del día posterior solían hablar de festejos triunfales, para a continuación sacar los ojos a los veterinarios.

Sucedió que años después, por unas causas u otras, los toros con el hierro de Sepúlveda dejaron de embestir, las corridas triunfales dejaron de serlo y la divisa perdió su presencia en la feria del Toro. Las fotos de los espartacos, rincones y ortegas canos comenzaron a coger tonos sepias en carpetas al fondo de los cajones. Entonces, todos, se lamentaban por la ausencia de aquel hierro que facilitaba tardes de triunfo y se quejaban de que a la feria le faltaban triunfos o toreros que contentasen al público.

Ayer, en una plaza de toros nublada y con amenaza de lluvia, vivimos una tarde amable. Con lo que llevamos de feria el dato es noticiable. De la corrida de Victoriano embistieron cinco de los seis toros. Un figurón del toreo supo aprovecharlos de cabo a rabo. Otro consiguió un triunfo parcial y al que abría cartel se le fueron enteros. Como en aquellas corridas de los noventa, la presidenta no se pensó mucho lo del segundo pañuelo y matador salía a hombros con tres orejas ante la felicidad de los paganos.

Ayer, en la Plaza, se escucharon varios de los pasodobles. Las charangas de la peñas, por cansancio o respeto, atronaron mucho menos y la comunicación con el ruedo de todos los tendidos fue plausible. Comunicación musicada, porque La Pamplonesa sonó en seis faenas y seis pasodobles. Desatado debía estar estar el Maestro Garísoain tras bordar el Dávila Miura, que ya no es matador de plaza sino un señor pasodoble. Debía ser el comentario de todas las gradas, del uno al ocho, ¡cómo estaba El Juli y qué bien sonaba aquello!

Como ahora los cuchillos y los “peros” circulan por las redes sociales, la críticas a la corrida comenzaron con el primero de la tarde. Se empleaban con la presentación de los toros con todo tipo de epítetos, y que eso en Pamplona nunca se había lidiado. A ojo de Palomera, no se produjo tal escándalo. El mérito es de los otros ganaderos, que presentaron los toros en día anteriores. Pero Victoriano preparó una corrida que embistiera. Como las de Sepúlveda de los noventa. Cuando las charangas no sonaban durante la lidia. Cuando la plaza reconocía a los toreros, el público salía contento y el aficionado conspicuo cabreado. A veces pareciera, que en esto del toro esté todo inventado.

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