Web no oficial de la feria taurina de Pamplona…

Peajes

La trastienda
Publicado en Diario de Navarra el 12 julio 2011

Iván Fandiño (foto: Efe)

Hay un libro de fotografías con la firma de Joséphine Douet que narra la vida del toreo en el camino. Los hoteles, los viajes, los tránsitos, los girones que el toreo se deja día a día son para Joséphine los peajes a pagar en la carretera. Douet centró su obra en un matador, pero la vida de cada uno de ellos da para una historia.

Ayer la arena de la Plaza de Toros de Pamplona fue testigo de seis historias. Las vidas de unos se cruzaron por la mañana, en la fiesta campera, y otras por la tarde en la corrida de Fuente Ymbro. Los segundos iban de luces, son conocidos y han llegado lejos. Uno es Antonio Ferrera, que ha atravesado un largo camino. Lleva el cuerpo cosido a cornadas y ayer no tuvo su mejor tarde. Se le vio bullir, ma non tropo y algunos lo encontraron algo desconocido.

Tras él toreaba César Jiménez. El abulense en su día fue niño prodigio, arrasó de novillero en bolsines y certámenes y allí donde iba se llevaba todos los premios. De matador tuvo su momento, casi se puso en figura, pero el toro y la vida fueron relegándolo allí donde hace más frío. Este año recuperó sitio en Madrid y ayer hizo en Pamplona las cosas que siempre ha hecho Jiménez. A muchos les encanta y a otros un poco menos.

Cerraba el cartel Fandiño, que ha pagado multitud de peajes para ponerse en el camino, un camino donde quiere ganarlo todo. A Fandiño le conocen en todas las plazas, de Sangüesa a la Alcarria pasando por Briviesca. Plazas de carpintería metálica donde siempre había un aficionado al que Iván prendaba. El año pasado, en su debut pamplonés, Fandiño pareció verse un poco apocado. Más que nada por el ambiente selvático. Ayer Fandiño, por contra, nos asustó a todos. Había que verlo torear, ver cómo le pasaban los pitones al lado, ver cómo no se movía y cómo hacía disfrutar íntimamente a tanto aficionado.

Pero por la mañana habíamos visto un espectáculo que conmovió a varios. En la cara oculta de la luna, donde dice Chapu Apaolaza que se encuentran algunas historias. Francisco Expósito, un torero de San Jorge, se despedía de la plaza donde había comenzado: por la mañana y vestido de corto. Había que verlo torear a la verónica con el sombrero cordobés calado, torear por derechazos y naturales a un fuerte eral Concha y Sierra y recoger un brindis de lágrimas con su pequeño hijo en brazos. El colofón a una carrera que no fue de brillo pero si de mucha honradez, la de un pamplonés que supo hacer el toreo hondo.

Tras él pedía paso un chaval de valor, quietud y concepto ribero del toreo. Atiende por Javier Marín y se queda muy quieto. Delante del novillo supo hacerlo todo y la única anécdota, mas que fallo, es que de tan nuevo no sabía en que sentido se daban las vueltas al ruedo. Le esperan muchos peajes.

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