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Historias Pamplonesas

Zabala de la Serna

Publicado en “Aplausos“, Julio 2005

Todavía la tinta del pasado artículo no se había secado, cuando Lalo Moreno anuncia en su retirada como doblador, por sorpresa o casi, como cuando se cortó la coleta el mismo día de su alternativa en Tafalla (1987) después de cortar dos orejas. Manda bemoles, Lalo. Y yo hablando de tu responsabilidad en el ruedo para contigo y para con los demás entre la marabunta de la desembocadura de los encierros, aunque, conociéndote poco pero lo suficiente, igual ese sentido de la responsabilidad te ha hecho renunciar: los años no pasan en balde. Te van a echar de menos, si no lo están haciendo ya desde que estalló el chupinazo en miles de gargantas y pañuelos rojos.

Encierro nudista (foto: Jonan Basterra)

En San Fermín, las historias que contar se suceden. Desde fuera de Pamplona tal vez suenen lejanas. Pero aquí son sentidas entre la gente noble, que viene a ser mayoría en la tierra donde un león representa, extrañamente, en su escudo el espíritu de la brava historia de la ciudad en lugar del toro. Yo tengo un cuento entrañable que contarles. El día cinco de julio los animalistas de PETA se manifestaban en pelota picada contra la Fiesta de los toros, contra la otra no, que luego se ponen curda de calimocho y tintorro. Otra concentración había tenido lugar en Estado Unidos, frente a la embajada de España. Un amigo mío cuando ve a estos tíos y tías en bolas en plena calle se pregunta por qué no hay detenciones por escándalo público, y se cuestiona también qué pasaría si nos desnudamos nosotros a favor de los toros en la Puerta del Sol, ¿no acabaríamos en el calabozo? Yo siempre le contesto lo mismo: nos detendrían, pero por enseñar que la dotación del homo hispano no da para tanta fama mundial, y nos cargaríamos la leyenda. Los de PETA no paran, y en la Casa de Misericordia se reciben miles y miles de cartas de protesta de todo el planeta.

Cuando me entregaron el abono de ABC, contabilizaban seis mil, aproximadamente. Lo que no saben los petardos de PETA es que no sólo sus misivas no se leen, sino que además son provechosas para las monjitas de la Santa Casa. Las hermanas, ante tal variedad de sellos, se asombraron y, alumbradas por la luz divina, cayeron en una brillante idea: tratarlos, limpiarlos, y ponerlos a la venta para los apasionados de la filatelia. La idea funciona, y el dinero que se recauda sirve para subvencionar las misiones, para fomentar la caridad, el amor cristiano por el prójimo, cuestiones que a los animalistas les importan más bien nada o las defienden poco. Recuerdo que en la Ley de Protección Animal de Cataluña se fomentaban los albergues para perros abandonados, gatos rechazados y otras mascotas puteadas. Una propuesta perfecta. Completa si además luego al famoso eslogan de “él no lo haría” (abandonarte) y a la preocupación porque el mastín de la fotografía encuentre acomodo y cariño, se uniese la preocupación por nuestros mayores, para que en verano no se abandone a los abuelos en la casa cerrada por vacaciones, para que no se dé esquinazo al viejo en una gasolinera o para que tengan un final de existencia digno en una residencia después de cotizar a la Seguridad Social desde que se cargó con el primer oficio, allá cuando la cabellera era frondosa, la tez tersa, la osamenta erecta y la mirada sólo desprendía ganas de luchar y vivir.

Si los de PETA se enteran de que las monjas hacen el bien a seres humanos en vez de a animales, igual les da un sofocón y se cortan en la murga que cada año cogen como excusa para después pegarse una fiesta a la pamplonesa en recuerdo a Hemingway y a la madre que los parió.

Marcelino Jiménez

Afortunadamente, no se coscaron del homenaje que le tributamos a Marcelo Jiménez Elizagaray, en el hotel Maissonave, el pasado día 9 más de trescientas personas que valoramos el esfuerzo que ha hecho por formar ese maravilloso Museo Taurino en la calle Estafeta, plagado de joyas y de amistad, por recibirnos siempre con una sonrisa y los brazos abiertos, por entregar su existencia a la fe del toreo. Afortunadamente, tampoco se enteraron mucho los medios de comunicación nacionales para difundir la noticia de esta personalidad entrañable de Pamplona. Y es que no nos pusimos en pelota picada.

 

PD: La foto de Jonan Basterra está publicada en el Blog “Yo sobreviví a San Fermín

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Una respuesta a “Historias Pamplonesas”

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