Web no oficial de la feria taurina de Pamplona…

Rivera Ordóñez volvió a nacer para triunfar después

Zabala de la Serna

Publicado en ABC el 14 de julio de 1998

Morante cortó también una oreja a la encastada corrida del Marqués de Domecq

Plaza de toros de Pamplona. Lunes 13 de julio de 1998. Lleno. Se lidiaron seis to­ros del Marqués de Domecq. Destacaron primero, segundo y quinto, al que le die­ron la vuelta al ruedo, y sexto. Emilio Muñoz, de verde botella y oro. Un pinchazo, estocada tendida y un des­cabello. Escuchó un aviso (saludó desde el tercio). En el cuarto, dos pinchazos y un descabello (saludos). Rivera Ordóñez, d.e azul pavo y oro. Tres pinchazos y media estocada (saludó desde el tercio). En el quinto, estocada (dos orejas y vuelta al ruedo). Morante de la Puebla, de blanco y oro. Un pinchazo y estocada caída (ovación). En el sexto, un pinchazo y estocada des­prendida (una oreja y vuelta al ruedo). Al final del festejo, Rivera Ordóñez sa­lió en hombros de la plaza.
Francisco Rivera Ordoñez cogido (Foto: Jim Hollander para Reuters)

Cogida de Rivera Ordóñez al capotear al segundo toro (foto: Jim Hollander para Reuters).

Si a estas alturas Rivera Ordóñez sigue con vida e indemne después de cómo le cogió de salida el astifino segundo de la tarde, es por fortuna, capricho divino o por el ca­pote de San Fermín, que igual también está atento al quite por las tardes, tras la apre­tada jornada laboral de la mañana. Si no, no hay argumento ni explicación razona­bles ni posibles. Desde hoy, padre Santiago Martín, yo también creo en los milagros.

Había saludado Ri­vera al del Marqués de Domecq con una larga cambiada de rodillas. En pie, un lance a pies juntos por el pitón iz­quierdo surge ceñido. Quiere repetir la veró­nica por el pitón dere­cho, pero se vence el toro y le prende por la taleguilla, a la altura casi de la ingle, y le za­randea de manera bru­tal y terrible. En la arena le vuelve a echar mano con saña y vio­lencia y genio, y le eleva otra vez, y se lo pasa de pitón a pitón en el aire. La plaza es un puro grito de angustia, mientras los derrotes hacen blanco en el pe­cho del torero. Los médicos corren hacia la enfermería, y las cua­drillas, desesperadas, al quite, que se hace eterno. Alguno a cuerpo limpio se juega la vida. Cogen a Rivera Ordóñez en volandas, lívido y sonado, grogui. Parece que dice que no lleva la cornada, ¡qué no! Le bajan frente al burladero con el temo destrozado. El chaleco, como la taleguilla, es un puro jirón. ¡Agua, agua! El chaval se re­fresca la nuca y los tendidos continúan en pie aterrados e incrédulos. Por fin, empiezan a tomar aire, a la par que el diestro, que se en­funda unos vaqueros recortados, y sale a ha­cer frente a su geniudo y mal enemigo, y to­davía le da una media con sabor. El público le aplaude como desahogo, y no se quita de la cabeza el percance durante toda su corajuda faena. El milagro sucedió en la plaza de la Mi­sericordia de Pamplona, que yo lo vi.

Si Rivera Ordóñez está ahora entre nosotros, es porque alguien decidió que ayer no era ni su día ni su hora. Enhorabuena, torero. El redivivo Rivera Ordóñez, recién nacido en Pamplona, toreó francamente bien con el capote en el recibimiento al estupendo quinto, quesería premiado con la vuelta al ruedo. Morante le dio réplica en un quite pin­turero de dos verónicas y media.

Brindó Rivera al respetable con el curioso aspecto que le daba el pantalón vaquero sobre la taleguilla. Tan peculiar era su indumenta­ria como la forma en que cayó la montera: de canto. A partir de ahí, toreó largo y templado y muy ligado sobre la mano diestra. Tres se­ries de redondos engranados se sucedieron para gozo y disfrute del personal. La faena lle­vaba un fenomenal camino hasta que se quebró cuando el diestro quiso suplir el clasi­cismo por una línea más efectista de circula­res, que además no le terminaron de salir. A su buena labor le faltó un final a la altura. Sin embargo, se resarció con una estocada en todo lo alto que le aupó con las dos orejas.

Emilio Muñoz anduvo muy torero ante el buen y acapachado primer toro del Marqués de Domecq. El trianero sabe estar en la plaza con otros aires distintos a todo lo que hoy se ve o, por lo menos, que hemos visto aquí en Pamplona. La cuestión es que el toro era para haber crujido los cimientos de la plaza, cosa que no ocurrió.

El diestro sevillano ligó en las dos primeras series diestras; sin embargo, los muletazos eran más de acompañamiento y, a veces, de alivio, que de sometimiento. Excepcionales fueron los pases de pecho con los que cerró cada tanda. Tampoco desmerecieron los dos molinetes, uno con la derecha y otro con la iz­quierda, que hilvanados con un afarolado, pusieron el broche a una serie con la iz­quierda. Muñoz se movió en la frontera de ha­cer el esfuerzo, igual que ocurrió con el se­gundo de su lote, que tenía una encastada embestida. En esta segunda faena, se mostró con afán de agradar, pero sólo con voluntad no vale; aunque sea de agradecer. Disfrutó de un buen lote.

El tercero de la tarde no valía, por su corte­dad de recorrido, en el tercio postrero, para el toreo largo y lucido. Así que Morante de la Puebla decidió resolver con apuntes y recur­sos muy toreros. No se puso porfión ni pesado e hizo ameno lo que en otras manos hubiera sido un tostón. Cambios de mano, kikirikies, ayudados por bajo y a media altura, pincela­das arabescas que son de agradecer.

Pisó Morante el acelerador ante el sexto, al que le tiró una larga cambiada de rodillas a modo de saludo, para a continuación mecer el capote con gusto y buen juego de brazos. Se empeñó el joven de Puebla del Río en no quedarse atrás y toreó con templanza pero sin hilván por el pitón derecho. Su afán se vio truncado al natural, por donde el toro echaba la cara arriba y se quedaba corto. Tras dos molinetes, volvió sobre la diestra y trató de alegrar a su ya apagado enemigo. Cerró su la­bor, que había abierto por estatuarios, a me­dia altura. Aunque pinchó una vez y la esto­cada mortal cayó baja, el público le concedió una oreja, premio muy merecido al torerí-simo conjunto de su actuación. La encastada corrida del Marqués de Do­mecq propició una gran tarde de toros, aun­que en la vuelta al ruedo al quinto éste que firma se despistó un poco.

Be Sociable, Share!
Etiquetas: , , , , ,

Una respuesta a “Rivera Ordóñez volvió a nacer para triunfar después”

  1. [Feriadeltoro.net] Rivera Ordóñez volvió a nacer para triunfar después http://bit.ly/gLq64U

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *