Web no oficial de la feria taurina de Pamplona…

Los miuras pusieron punto final a los Sanfermines

Vicente Zabala

Publicado en ABC el 15 julio 1982

PAMPLONA (Vicente Zabala, enviado especial). La muy seria corrida de Eduardo Miura ha servido de broche a los sanfermines 1982. Me gustaría escribir que, como tantas veces, el broche era de oro. Mas no ha sido así, aunque el festejó comenzó por los senderos del terror, del susto, retornando a la tradición de esta ganadería ejemplar, donde el toro lleva siendo desde hace muchos años un auténtico enemigo de los toreros.

Dámaso González con el Miura (foto: Aplausos)

Ya se sabe que en otras muchas ganaderías el toro se convierte en colaborador, perdiendo su condición de oponente. Miura ha dado hoy la oportunidad a los partidarios de la histórica divisa para que vivieran hasta el cuarto toro toda la emoción de una corrida con cuajo, muy alta de agujas, tremendamente astifina. Los toros por encima, muy por encima» de los seiscientos kilos, y el derrote presto, muy rápido, para pelear con sus contrarios. Los subalternos, aterrados, ponían las banderillas «como las hacen», de una en una, mientras los matadores bregaban con los astados miureños con redaños y hombría.

LA OTRA CARA. Lo del cristal y lo del color con que se mire se puede hacer realidad perfectamente hoy. Quien se fijara en el Juego suave, blandengue, boyante del quinto y sexto toros, pueden decir que Miura se ha convertido en un ganadero comercial. Pero el . toro efe lidia es asi, señores, muy desigual de condición. Lo grave para un ganadero es que todos le salgan cortados por el mismo patrón: ya bien sea para bien o para mal. El único que ha sido capaz de conseguir seis toros de bandera es el demonio de Victorino, en la memorable corrida isídril. Pero esas cosas sólo le ocurren a Victorino, que no se levanta un solo día de la cama sin que haga un milagro. Taumaturgo se llama esa figura. Pero el buenazo de Eduardo Miura no es «santo» milagrero. De pronto le salen toros como los que le tocaron al pobre Ruiz Miguel, que parecían hasta toreados de listos y énterados como eran. Se acordaron del tío de Eduardo, de aquel de las patillas románticas..,, como él suele referir en las deliciosas tertulias. Pero el quinto y el sexto fueron como su amo; dulces, incapaces de molestar, dispuestos a agradar incluso a quienes querían ser sus matadores.

ESFUERZO. De vez en cuando se tiene uno que descubrir ante Ruiz Miguel. Hay que ver cómo se las arregló para quitarse de encima, con tanto oficio como decoro, a aquellas dos fieras corrupias. El diestro de la isla de San Femando debe pertenecer a ía lucha antiterrorista. Sus dos toros eran dos auténticos terroristas de, primera magnitud. Salieron a matar, pero Ruiz Miguel no se dejó. Y no es que huyera, sino que los redujo con veteranía, demostrando una técnica envidiable para resolver papeletas tan arduas y espinosas como ésta.

Hoy me ha gustado Ruiz Miguel una barbaridad. Y lo digo yo que escribo muy a menudo que no me gusta este torero… con el toro bueno, pero con el difícil —así se ha hecho justamente rico— no hay quien le supere. Los entiende, los puede, los somete. No es que llegue a esa teoría de Domingo Ortega de llevarlos por donde no quieren ir. Pero lo cierto es que les impide que le derroten, que le humillen. El gaditano es un león con el toro aleonado. Se crece ante las adversidades: la lucha, el no arrugarse, el estar siempre en cualquier circunstancia con corazón y entusiasmo ha sido rentable en cualquier faceta de la vida. Los desertores no han escrito ni una sola, página en cualquier clase de pelea y el torero no deja de ser una importante pugna.

Tenemos Ruiz Miguel para rato. Camina del brazo de ese viejo zorro de Guadalajara que se las sabe todas. Y ambos, sin exclusivas, a pecho descubierto, suman contratos, aunque sean como este de Pamplona, donde le ha vuelto a ver la cara al toro, pero ha toreado más corridas que el que más en la feria sin afligirse en ningún momento. ¿No decía usted que no le gusta éste torero? Así es, pero una cosa es mi gusto personal y otra muy distinta el respeto que me produce un hombre que es capaz de echar abajo a esos toros que le vienen anchos a casi todos tos toreros…, menos a Ruiz Miguel.

INCOMPRENSIBLE. Dámaso González se ha llevado el mejor lote de Miura. Sobre todo el quinto ha sido de dulce. El de Albacete los ha toreado con la mano muy baja, girando despaciosamente con un temple portentoso. Pases largos, larguísimos, círculos, un mando de asombro. Pero no se puede jalear una faena o dos faenas, a la hora de tomar la pluma, el crítico, cuando el diestro en el momento de empuñar la espada emborrona todo emprendiéndola a bajonazos con sus dos toros. ¿Se acordaba de Linares? Perdió por lo menos tres orejas -una del seundo y las dos del quinto- por esas alevosas puñaladas. EL bonito cárdeno fué ovacionado en el arrastre. Se le dio la vuelta a l ruedo en medio de un clamor sin tener en cuenta el público la flojedad de remos. Luego aplaudirían también al torero, que, disgustado, no quiso saludar. Había perdido la ocasión de un triunfo memorable por su incomprensible actitud.

VALIENTE Y BUEN GUSTO. José Antonio Campuzano se encuentra en un momento especial de decisión, de ansias, de quererse abrir camino. Se está arrimando mucho, perdiendo incluso el sentido de las medidas de las, faenas, debe ser más breve. El primero le cogió y recogió con enorme peligro. Se salvó de milagro. En esta feria ha habido percances que han podido resultar muy graves. Sólo Roberto Domínguez ha cobrado el tributo de la mala suerte. El caso es que José Antonio Campuzano ha instrumentado los muletazos más bonitos y toreros de la tarde, toreando más derecho que sus compañeros, pero se le ha escapado el triunfo redondo por culpa de la endeblez del sexto, que servirá para que los enemigos de Eduardo Miura le saquen la flojera de su último toro para crucificarle, olvidándose de los otros cuatro miuras, que, cortaban la respiración. Campuzano fue ovacionado en el tercero y despedido con una gran ovación a la muerte del sexto.

 

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