Web no oficial de la feria taurina de Pamplona…

¿Por qué llorabas Papá?

Arturo Saldívar (foto: Emilio Méndez para Burladero.com)

A paso de banderillas
Publicado en Diario de Navarra el 8 julio 2011

Muetico, me haces unas preguntas complicadas. Tu padre ayer no lloraba, sólo estaba un poco blandengue, que es algo que “El Fary” consideraba la perdición del hombre moderno. A tu padre sólo se le escapó alguna lagrimica, que es algo que le pasa los siete de julio: una al paso del Santo, otra porque al ver pasar a la corporación se acordó de quien lleva sin ver muchos años y la última al almorzarse un plato de callos. Está última fue más liviana, una lágrima solidaria con quienes no pueden disfrutarlo por prescripción facultativa. Unos lo llaman sensibilidad y otros lo llamarán sensiblería, pero es el padre que te ha tocado.

Porque chaval, los siete de julio, mas que un día son una montaña rusa. De la alegría a la emoción. De la emoción a la alegría. De la alegría al cansancio y del cansancio a los toros. Es tal la noria de sentimientos que el personal llega a la plaza tocado del ala. Sólo así se explica semejante comportamiento de los tendidos.

Lo que sucedió por la tarde no fue de llanto, pero si de amargura. De profunda amargura para con tu pueblo. Porque en la arena había un chaval veintidós años que se jugaba el pescuezo frente a un toro belicoso y el personal no supo verlo. Al chaval en Méjico le habían dicho que si en Pamplona das la cara de verdad, el público responde. O si te la juegas, también. Y el chico cumplió con todas las partes del pacto. Se quedó quieto, muy quieto. Se llevó dos volteretas que pudieron tener chungas consecuencias. Quitó cuando pudo y se la jugó al entrar a matar. No recibió ni una palma de agradecimiento.

O eso le pareció a tu padre a ojo de palomera. Sería que el público se habría dejado la sensibilidad en la sobremesa. O que lo de la empatía lo dejaban para las fieras. O que simplemente, hilaron tan fino como la Presidencia, que este año debe ser experta en echar cuentas.

Pero no todo fue malo chaval, que a pesar de todo, era siete de julio y siempre hay hueco para las sorpresas. Rubén Pinar, aquel chico de Tobarra al que vimos llorar de novillero, supo hacerse su sitio en la tarde. En el primero con toda su frialdad y en el cuarto, pese a la merienda. Vio la oportunidad y supo aprovecharla. Y hogaño se pasó los bichos más cerca que antaño y eso también cuenta. Ayer ya no lloraba en la vuelta al ruedo.

Pero en medio del follón, sonó un pasodoble que resume mejor que nadie el siete de julio. Se llama Churumbelerías. Tiene garbo, es rumboso y encajó perfectamente en la faena tobarreña. Alguien eligió su ejecución en el momento adecuado; dirige La Pamplonesa y está acostumbrado a ver caer lágrimas tras el santo. y no siendo aficionado, o precisamente por eso, supo a estar a la altura. El sí que tiene sensibilidad y sabe distinguir las lágrimas del llanto. Atiende por Vicente Egea y en lo suyo, es un maestro.

Be Sociable, Share!
Etiquetas: ,

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *