Web no oficial de la feria taurina de Pamplona…

Buen pálpito

Publicado en Diario de Navarra el 11 julio 2012

Lo ví con estos ojitos, se lo juro. Un señor se acercó a un baranda de la Meca y le dijo ¿la feria va bien? a lo que este contestó, “por ahora va bien”. Al parecer dijo una frase tabú, porque se quedó en silencio, miró el baranda a los otros barandas que andaban por allí y rápidamente se fueron a todos a tocar madera al árbol más cercano.

Las supersticiones en el mundo del toro va desde los areneros hasta el despacho más alto. Porque porque luego por la tarde salió de perlas para toreros, empresa y ganaderos (ma non troppo). Dejamos a la afición aparte porque el público sacó muchos pañuelos. Uno no tiene la estadística, pero cree que la última puerta grande conjunta de dos toreros en Pamplona se produjo en el año 2002, osease hace diez años.

Honorio, el conocedor de la ganadería, también tenía buen pálpito. Los toros tras el encierro habían llegado con la boca cerrada y los del raboso por delante de los gracilianos. Honorio gasta un nombre de pila que parece de lo más profundo del campo charro, allí donde los señoritos apadrinaban a los hijos de los currelas a cambio de elegirles nombres de pila raros. Pero es de Castellón, tiene título de veterinario y se permitía vacilar en el apartado a los plumillas diciéndoles que era “manager de toros”. Y los plumillas escribían sin rechistar en las agendas el oficio inventado. No sabe poco Honorio.

Iván Fandiño no parecía muy supersticioso. Se presentó en el patio de caballos con un vestido vainilla y oro, que le quedaba como un pincel. Hacía el de Orduña ejercicios de calentamiento en la puerta de cuadrillas y parecía la escultura del discóbolo. Pero unos niños que se habían colado y que sabían poco de eufemismos se dijeron entre sí: el torero de amarillo es Fandiño.

Antonio Tejero, apoderado de David Mora, miraba al cielo nervioso minutos antes del paseíllo. El hombre sólo pensaba en el lote que les había tocado. Desigual, pero bueno. En chiqueros esperaba un sexto toro de los de encumbrar a un torero. Pero de encaste lisardo, el proscrito, el que no quieren las figuras, el encaste que está llenando los mataderos y que esta temporada cuenta los éxitos a pares.

David Mora, en el rato de los miedos, vio eclipsados sus pensamientos y supersticiones. Se presentó a saludarlo Ana Obregón, que montó con su presencia un taco que no se vé todas las tardes. Afortunadamente el de Borox mostró su dimensión de torero y logró meter en la muleta al toro, al sol y la sombra al ritmo de “Manolete”. ¿Suerte? sólo los elegidos pueden contarlo.

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