Web no oficial de la feria taurina de Pamplona…

Divisa negra

Publicado en Diario de Navarra el día 10 julio 2012

El negro no es un color, sino la ausencia de este. Vista de frente, los tendidos de las plaza de Pamplona parecían ayer un arcoiris de colores, de manera que parecía imposible que el protagonismo de la tarde corriera de cuenta de un color, el negro, que portaban a modo de luto la divisa de los toros de Cebada Gago.

Antonio Nazaré con el sexto cebada (Mauricio Berho)

En estos tiempos en que al personal le ha dado por la moda retro, se viste con ropa de los años ochenta y uno al mirar las fotos de Facebook no sabe si son del archivo de José Castells o de rabiosa actualidad, la corrida tuvo algo de salto atrás en el tiempo. Uno intuía en los toros un homenaje a póstumo a Don Salvador Cebada Gago: por la mañana con un encierro de toros sueltos por la estafeta y por la tarde con unas embestidas de los bureles noble y pastueña digna de encartelar su nombre junto a las figuras de la torería andante.

La escena de ver el sombrero de Don Salvador pasar por las calles de Pamplona, era uno de los indicativos para el aficionado de que estábamos en plena feria. Los últimos años con su senectud, la imagen se perdió y desde esta primavera, con su muerte, la ausencia pasó a ser irreversible. Ya sólo queda Canito para recordárnoslo.

Sus dos hijos, ayer en el callejón, recibieron un brindis póstumo, pero el verdadero homenaje venía del comportamiento de los toros que mayores fuerzas o menos no pararon de embestir.

Los matadores no se salieron del guión. Francisco Marco, con un triunfo agarrado casi con pinzas y Antonio Nazaré pegando unos naturales prodigiosos que cautivaron al respetable de los tendidos de sombra. En los de sol, por contra lo del respeto va por barrios. El personal de las charangas se dedicó a atronar toda la tarde durante las faenas, sin importarles que abajo pasase algo. Son tan seguros en el fallo, que eligieron para dar tregua el único toro de poca valía, el quinto.

En los años ochenta, cuando debutó Cebada Gago en Pamplona, los sonidos de los bombos y los elicones no se escuchaban durante las lidias y la juerga se disparaba sólo si en el ruedo lo que pasaba aburría. Ahora, ya sea a base de canciones repetidas hasta la saciedad o de protagonismos fatuos, el guión del sol es tan rancio como un No-Do.

Aunque ayer para romper la pauta, se hizo presente un nuevo himno. El del Chipirón. Sería por la tinta, negra, por la divisa, negra o por los colores de los tendidos que querían rememorar no sé qué carnaval del 1512, pero la fórmula funcionó. Los cebada embistieron,  vimos torear y Luis Carlos Aranda nos levantó de los asientos. Todos contentos, mañana más.

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