Web no oficial de la feria taurina de Pamplona…

El hijo de Mary

Publicado en Diario de Navarra el 12 julio 2012

Jiménez Fortes a hombros (Jesús Diges, EFE)

Decíamos hace unos días que los toreros tienen madre. En ocasiones la frase va a la inversa y sucede que una matadora tiene hijos. Si el hijo con el tiempo se hace torero, estamos en la hipérbole de las de las relaciones filiales.

Ayer, vestido de celeste y oro, hizo el paseíllo desmonterado en la Plaza de Pamplona Saúl Jiménez Fortes. Su madre, Mary Fortes, conocía bien la plaza pues en ella toreó y triunfó dos veces en los años setenta. Los triunfos de Mary se dieron en los festejos que daba en la plaza César Moreno fuera de feria, como arrendatario del coso. A Mary siempre le quedó la espina de que los triunfos de novillera no le hubieran servido para torear en Sanfermines. Saúl, el hijo de Mary, se cobró ayer la deuda pendiente en forma de puerta grande.

Los relatos bíblicos describen al rey Saúl como un hombre de valor y altura. Antes de que comenzase el festejo este Saúl, el torero, miraba al suelo rodeado de fotógrafos. Destacaba su altura, pero también su palidez y su mirada perdida en el cemento rodeado de flashes y cámaras. Su tez blanquecina chivaba lo que llevaba dentro: la actitud del hombre que es consciente de que va a pasar mucho miedo.

Pero los hombres cuando pasamos miedo, echamos sin querer la pata atrás y miramos lejos del cielo. Jiménez Fortes, con su actitud, hizo lo que hace un torero: apretar los dientes y arrancarse por derecho.   La clave del éxito, lo que inclinó la balanza entre el tedio y la ovación, entre el hombre y el torero fue la actitud. La visión del matador quieto, frente al paso de los pitones del toro, no superaría el algodón en la prueba de cualquier madre. Por mucho que esta conozca a la perfección las luces y las sombras los alamares. Saúl se pasaba los toros rozando la taleguilla y el toro llegaba a romperle el bordado del traje, quemándole los muslos a varetazos. Pero ahí seguía él, impertérrito en el ruedo.

Y en los tendidos, en la radio, en la tele, lo notaban. Saúl sacaba la muleta y el mozo de espadas el esparadrapo para reponer los destrozos. Pero la cara no le cambiaba. Ahí estaba, esperando su turno. Los veteranos le hacían quites y él en la réplica, los asustaba. Con ellos asustaba al público que no necesitaba preguntar al de al lado lo qué pasaba. En los tendidos de sol, mientras éste brillaba, se quedaban con la copla. Las charangas, gracias, callaban.

Hay toreros que dicen y mantienen que Pamplona no entra en su agenda. El ruido y esas cosas. Tal y como va la feria el gesto se agradece. Aquí y en toda España, necesitamos saules que saquen la escoba de barrer. El hijo de Mary, la que siempre soñó con torear en Sanfermines, mandaba ayer un mensaje a tanto torero delicatessen. Aquí hay un torero y el que quiera que arree.

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11 respuestas a “El hijo de Mary”

  1. El hijo de Mary http://t.co/yJfZk6gf @JimenezFortes

  2. El hijo de Mary http://t.co/yJfZk6gf @JimenezFortes

  3. "Saul aprieta los dientes y arranca por derecho"…Os dejo la crónica de @feriadeltoro sobre @JimenezFortes #torosmlg http://t.co/IenrPBqx

  4. CASA CHOPERA dice:

    El hijo de Mary http://t.co/yJfZk6gf @JimenezFortes

  5. Juan Medina dice:

    "El hijo de Mary", por Mariano Pascal @feriadeltoro http://t.co/M1ehsRmG

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