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La piel de gallina

Publicado en Diario de Navarra el 9 julio 2012

Javier Castaño al natural, Mauricio Berho para Aplausos

A usted, a mí, a todos, se nos ha puesto en una ocasión la piel de gallina. Algunos lo llaman también carne de gallina. Sucede cuando tenemos frío, cuando nos informan de “novedades” y también cuando nos emocionamos. En términos médicos se achaca al complejo pilomotor, pero como uno de anatomía sabe pocas cosas, no va a intentar contarlas en un periódico.

Ayer unas cuantas personas en la Plaza de Pamplona experimentaron esa sensación al ver torear a Javier Castaño. Era el tercero de la tarde, se llamaba “intruso”, un toro de Zahariche por el que no dábamos un duro y vimos al leonés pegarle los naturales más largos del año.

¿Por qué se les ponía la piel de gallina a los aficionados? es difícil explicarlo pero fácil entenderlo. Paul Valéry escribió que lo más profundo se encuentra en la piel.

Profunda, y noble, era la embestida del Miura. Profundos y templados los naturales de Javier Castaño. Los aficionados veían en la faena de Castaño el toreo soñado. Ése toreo rumiado desde meses antes de que salgan los carteles, en los que las expectativas de ver torear toros-toros se confunden los recuerdos que resultan siempre engañosos. Esas faenas que se cuentan de “aquella tarde de los miuras”. Lo que sucedía en el ruedo conmovía, quizá sólo a quienes tenían unos registros previos. ¡Naturales en la feria del toro! Castaño es un Torero, con mayúsculas y todo.

Toro y torero. Miura y Javier Castaño. Toreo al natural, con la mano izquierda a base de temple, ligazón y pases de pecho monumentales. Emociones fuertes para cualquier aficionado. Pero como ya escribió Joaquín Vidal “en la plaza se salvaban 73 aficionados y al 74º se lo habían llevado ingresado con una indigestión de pochas”. No sabemos por qué Javier Castaño no fue sacado a hombros y todavía nos lo estamos preguntando.

Cuentan que un concejal de Pamplona, la mañana en que presidió una corrida, afirmó sentirse preparado para la función pues la víspera había estado estudiando el Cossío. El Cossío es un tratado técnico e histórico de ocho volúmenes, donde de emociones se habla poco. A lo sumo, alguna biografía que escribiera y no firmara en plan alimenticio, Miguel Hernández.

Los aficionados nunca se han leído entero el Cossío, salvo casos de cuadro médico contrastado. Los legos en cosas médicas, saben que intentar consultar qué es el complejo pilomotor en el Gray o el Netter les aboca a un fracaso garantizado. Lo que en los toros se llama “pegar un petardo”.

Dentro del colegio de médicos o la facultad de medicina en Pamplona hay magníficos aficionados. Ayer presidía la corrida un pediatra. No era el caso.

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