Web no oficial de la feria taurina de Pamplona…

Lo que nunca falla

Publicado en Diario de Navarra el 7 julio 2012

El diapasón de los Sanfermines cobró hace trece años un reclamo para la tarde del seis de julio. Lo protagonizaba, y sigue haciéndolo, Pablo Hermoso de Mendoza “el que nunca falla”.

Ése blasón podría colgar en el coche de cuadrillas de Pablo, o en los camiones de aspecto americano que invaden el Paseo Hemingway las mañanas de corrida de rejones. Porque Pablo llega, torea y triunfa. Así de sencillo y así de complicado.

Pablo Hermoso de Mendoza (Jesús Diges, EFE)

Mientras las calles de Pamplona sufrían la habitual invasión zombi, con locales y foráneos armados de tetrabrick, sangría y camisetas violáceas, la Plaza de toros vivía un espectáculo protagonizado por navarros a caballo. El nervio sanferminero asumió hace una década que al chupinazo le seguía la tarde de rejones, quedando la “marcha de vísperas” en el desván de la memoria. Ayer en la plaza, los comentarios sobre el riau riau duraron lo que Pablo tardó en hacer la primera pasadas por dentro.

Y en lo que “el que nunca falla” tardó en reponerse de un resbalón que lo encorajinó y le hizo sacar toda la raza en el ruedo. Pablo realizó en esos momentos los pasajes, taurinos, más brillantes de toda la tarde. Tras ello, lo que no pusieron los toros debieron ponerlo los toreros.

Pero la corrida de rejones de Pamplona no es un espectáculo de doma, ni de lidia estricta. Un seis de julio Pamplona es emoción, y la corrida de rejones no puede serlo menos. Por eso ha ocupado su sitio en las fiestas.

Y así que todos nos emocionamos al ver a Roberto Armendáriz recordando a su padre con un brazalete negro y recordandolo desde los medios. A la Plaza gritando ¡Ar-men-dá-riz! y tocando palmas por bulerías. Al de Noáin pegando batidas espectaculares y al de Estella siendo más certero que nunca. Un ejemplo de profesionalidad y temple el de ambos.

Pero alguien se emocionó todavía más. Se llama Francisco Javier y es un mozo de la cuadra de Roberto. Él recibió un brindis de su rejoneador que provocó más de una lágrima. La gente que trabaja con los caballos mete tantas horas como los que los montan, pero rara veza salen en la foto. Ayer uno pudo hacerlo, fue un gran gesto de Roberto.

El espectáculo de la tarde del chupinazo acostumbra a tener un colofón triunfal. Ayer volvimos a vivirlo. Dos navarros de nuevo a hombros por la puerta del encierro. Feliz el personal.

Miguel Criado decía que lo de los toreros navarros era tanta ruina como lo de los pelotaris sevillanos. Y aunque cuentan que hay una artajonés que vende palas y pelotas en el Cerro del Águila, lo de los rejoneadores navarros ya no es ruina. Es un seguro de emociones.

Es el espectáculo que desterró al riau riau del programa emocional de los sanfermines hace varios años…. por causas obvias. Ayer volvió ademostrarlo.

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Una respuesta a “Lo que nunca falla”

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