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Uno de enero

Barquerito

Publicado en Aplausos, nº 1786, 26 diciembre 2011

La puntualidad es en Pamplona proverbial. Antes de Navidad se cumple como rito puntual el anuncio de los ocho hierros de la Feria del Toro. La Meca –la Casa de Misericordia, que trama y teje por libre la feria- es dada a jugar bazas de sorpresa al contratar toreros. Pero en punto a toros no caben experimentos y no se hacen.

Hay un respeto sagrado por las tradiciones: no es fácil colarse en el elenco de ganaderos de Pamplona, pero es difícil salir una vez que se ha entrado.  San Fermín se sostiene sobre un preciso engranaje invisible: se controlan metódicamente los registros de encierro: velocidad, previsibilidad, percances de corredores y de… ¡toros!, porque el encierro es también para el toro un riesgo. Se miden hasta las hechuras y el peso potenciales. Es falacia interesada la idea de que el toro de Pamplona se proclama solito en el campo: serían, así, los seis, siete u ocho más ofensivos de cada camada.

Toro de torrestrella lidiado en 2011 (foto: Jua Luis López)

Por la cara se distingue el toro de Pamplona, que lleva por cierto ya más de un mes comiendo aparte en cerrados blindados. Con o sin fundas, caras afiladas. Pero no solo la cara. Se trata de calcular en noviembre cómo va a ser y estar, a edad cumplida, el toro del verano que viene. Las hechuras como una adivinanza apta solo para conocedores y reconocedores. Es muy raro ver lidiar en Pamplona toros cinqueños. No es norma ni deja de serlo que las corridas cuatreñas de San Fermín vayan parejas. Y, si no parejas, igualadas o equilibradas. De modo que se puedan abrir en lotes sin agravio comparativo.

Requisito inexcusable del guión es, un año y otro, la presencia de algún toro de disparatada apariencia: cuajo o armamento descomunales. No es morbo. Es teatro. Los monstruos no son, sin embargo, los protagonistas de esa fantástica película de miedo que son los sanfermines.

En Pamplona se ve mucho el toro. “Mucho” quiere decir unas cuantas veces. Más que en ninguna otra parte. En el escaparate del Gas, cuyos corrales acristalados parecen salas de un museo de ciencias naturales; en Prensa escrita y en toda clase de páginas de la red; en el sigiloso encierrillo nocturno; en la carrera tan aleatoria del encierro; en un apartado multitudinario que, convertido hace tiempo en cita cosmopolita, ha pasado a ser una de las razones mayores de la feria; y, desde luego, en el ruedo. A la hora de la verdad. ¡El circo romano!

La puntualidad no es rutina sino rigor. Desde principios de noviembre están en capilla los cincuenta y pico toros destino Pamplona. Las ganaderías galardonadas por la Meca son invitadas a repetir. Una cortesía antigua. Fuente Ymbro –la corrida redonda de 2011- y los dos hierros distinguidos con el premio Carriquiri para el toro de mejor nota, que en la última edición compartieron ex aequo Dolores Aguirre y El Pilar. De modo que la cuenta de ocho nombres por descifrar ya estaba en solo cinco la noche del 14 de julio. Tanto Dolores Aguirre como Ricardo Fuente Ymbro apartan por delante la corrida de Pamplona.

El Pilar es ganadería sometida a más presiones –lidió en Bilbao y dos veces en Sevilla este último curso- y. liberado uno de los dos compromisos de Sevilla, será seguramente más sencillo cuadrar ahora la corrida de Pamplona. Lo lógico es calcular que una hipotética cuarta corrida de El Pilar para Madrid o Zaragoza, pongamos, sería la cuarta en orden de preferencia. Los toros de Sevilla, Pamplona y Bilbao estarán ya reseñados.

En el último Opus de la edición francesa de Terres Taurines, André Viard acaba de tirar del hilo de El Pilar hasta la madeja madre de María Antonia Fonseca y ha puesto en claro que en el primer desembarco de vacas y sementales de Juan Pedro Domecq en el campo charro, que fue tenido por un acontecimiento extraordinario hace ahora medio siglo, había un componente puro de bravura Pedrajas que, dulcificada o no, habrá sobrevivido en todos los filtros posteriores. Hay toros de Moisés Fraile (El Pilar) de excepcional bravura en el caballo y cabe aventurar por eso que la raíz Pedrajas late viva todavía. El más bravo de los seis toros que Moisés mandó a Pamplona el pasado julio se dejó la vida en el caballo de pica. O se la quitaron ahí.

Dos de los otros cinco puestos de San Fermín estaban adjudicados de antemano: Miura y Cebada Gago. El espectáculo de Miura en Pamplona es, digamos, teatro de género. Los encastes del primitivo tronco Tamarón-Domecq son mayoría absoluta en la Feria del Toro y ese dato propicia de rebote el contraste mayúsculo que casi siempre se sirve con los miuras, tan altos de cruz que, si se descaran de salida, parecen montar por encima de la barrera.

Y si barbean las tablas en perpendicular, como conviene a la fiereza, y no en paralelo, que es seña inequívoca de mansedumbre

Salida del toro Ermitaño, Miura (Silvia Ollo)

defensiva, esos miuras de San Fermín parecen provocar a las peñas de sol y retarlas en desafío. El cántico coral del “mucho-toro-mucho-toro…jé!” fue invento de peñistas de primera o segunda generación y la letra del himno –fácil de memorizar- iba por un toro de Miura.

Los Cebada eran ganaderos sin fama cuando aterrizaron hace un cuarto de siglo por Pamplona con una novillada de extraordinaria movilidad. Al año siguiente, otra igual. Y entonces dieron el salto a la octava de la feria. La leyenda de Cebada Gago en Pamplona se atribuye a dos razones: no descarados pero son toros escalofriantemente astifinos y, luego, su bélica resistencia ha propiciado sobresaltos sangrientos en encierros que los corredores habituales consideran de alto riesgo.

La corrida de Cebada suele ser en Pamplona la de canales más ajustadas. La más baja de agujas, la de tronco más corto. Por eso hizo fortuna el término de “cebadita” –o “sebaíta”- referido al toro de los Cebada. A los propios ganaderos se les conoce por los Cebaditas. ¿O fue al revés? ¿O fue don Álvaro Domecq quien le puso a don Salvador García Cebada cariñosamente el apodo? Bólidos en el encierro, los toros de Cebada cambian de marcha de tramo en tramo. No respetan los semáforos.

El toro de menos romana de 2011, el cuarto de Torrestrella, fue para muchos el de más calidades de los últimos sanfermines. La joya de una corrida de traza desigual y variada conducta. Parecía segura la repetición del hierro. La gente de Bilbao anda tras la pista nueva de Torrestrella hace algún tiempo y lo probable es que Álvaro Domecq hijo se haya inclinado por las Corridas Generales de 2012. Cuvillo se puede permitir el lujo de echar a cara o cruz el ir o no a Pamplona. Y la Casa de Misericordia, lo mismo pero viceversa. Así que en 2012 descansan los cuvillos sin dolor de ninguna de las partes. Cuvillo puede tener dos y hasta tres corridas para Madrid.

Las bajas de Cuvillo y Torrestrella se van a cubrir con una corrida de Juan Pedro Domecq –recompensa para una camada, la de 2011, de calidades nada comunes- y con un hierro debutante. O mejor dicho, dos hierros de un solo dueño: Torrehandilla-Torreherberos, Torreherberos-Torrehandilla, monta tanto, tal y cual. Ganadería salida del tronco de Jandilla que ya ha pasado un control fundamental: ha lidiado en Sevilla y en feria. Con resultados muy aceptables. Repetirá Victoriano del Río con una de esas corridas de difícil equilibrio: hay que contentar a paganos, toristas y toreros a la vez y en parecido grado. Detrás de Victoriano del Río cabe descubrirse la sombra de El Juli. No solo de cabezas de toro está hecho el abono de Pamplona. Aunque no lo parezca.

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Una respuesta a “Uno de enero”

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