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Andrés Vázquez corta un rabo

Caracho

Publicado en “El Ruedo”, el 19 de julio de 1966

Vuelta al ruedo a la bondad de un toro de Juan Pedro

Pamplona 13 julio 1966, Toros de Juan Pedro Domecq, para Antonio Ordóñez, Andrés Vázquez y “El Pireo
Tiempo tormentoso y de fuerte calor en esta séptima corrida de la Feria del Toro, que supuso que por séptima vez se colgara el car­tel de «No hay billetes».

Andrés Vázquez dando la vuelta al ruedo

Andrés Vázquez dando la vuelta al ruedo

La torada respondía a la veragüeña divisa de don Juán Pedro, en­cierro cómodo de cabeza, con juventud, no sobrados de fuerza, ide­ales para el comercio de las figuras, prontos para los caballos, consi­guiendo derrotar el cuarto, y, en general, se taparon en varas, aunque al primero y tercero hubo que picarlos en la querencia de corrales, fallones de manos, incluso el jugado en quinto lugar, al que se le dio la vuelta al ruedo por su bondad. Dieron en la balanza 508, 502, 512, 482, 505 y 483 kilos, por orden de salida. Todos, mejor o peor, se dejaron torear y veamos lo que con ellos hicieron los toreros.

En cabecera de cartel, Antonio Ordóñez, la figura máxima del cla­sicismo torero, como lo demostró al manejar el capote. Sus veróni­cas fueron de las suyas; todo temple, mando y señorío. El quite que realizó al que cerró plaza fue todo un curso de arte de torear. Su primero, que se pasó toda la lidia escarbando, lo tomó con un suave trasteo por bajo, con pases de trincherilla, no consintiendo que se le fuera, pues a ello tendía el animal. Le construyó una tanda de doce ayudados por bajo, rematada por alto, que levantó clamores en la multitud. Sonó la música y siguió con limpios pases en redondo, produciendo el delirio. Seguidamente, tandas de toreo al natural; pero el toro escarbaba a más no poder y tenía el hocico clavado en la arena. Antonio quiso matar a buena ley, rehuyendo el famoso rin­cón, y ello le costó pinchar tres veces antes de lograr una estocada que quedó delantera y que enfrió los ánimos. Fue ovacionado con fuerza y corresponde con saludos desde los medios, no queriendo dar la vuelta al ruedo.

También provocó el delirio la faena al cuarto, cortada por el mismo pa­trón que la anterior, pero más intensa y con inter­calo de adornos. Fueron ocho minutos de entusiasmo general. Pinchó una vez antes de enterrar el estoque con efectos rá­pidos, y la oreja no tardo en llegar, y a pesar de que seguían los pañuelos fla­meando, el edil de turno, haciendo alarde de taca­ñería ante la protesta ge­neral, no quiso conceder la segunda.

Andrés Vázquez tuvo tarde afortunada en compañía de su banderillero Coelho, pues si bien es verdad que en su primero pasó con mas pena que gloria, se desquitó en el quinto, en el bonísimo toro ho menajeado. El éxito se fraguó en el tercio de banderillas. Como viene realizado en otras plazas, contando con colaboración de Mario Coelho, recortaron con alegría y brillantez al toro. Una vez en suerte, salió Coelho y, al cuarto, clavo magníficamente un par. A continuación fue Andrés, también al cuarteo, y cerró, al quiebro Mario.

Una faena sobria, torera, justa, con medidos pases, realizada a son de la música, la coronó de un estoconazo volcándose en el mo­rrillo, del que el toro sale muerto, en medio del entusiasmo general Dos orejas, rabo (aquí el presidente estuvo espléndido) y, al final. salida a hombros, acompañado de Coelho, que la muchachada san ferminera se los llevó en volandas hasta la fonda.

Poco podemos decir de Pireo, aunque le tocasen la música en -dos faenas muleteriles. Nada meritorio le anotamos».

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