Web no oficial de la feria taurina de Pamplona…

El pasmarote

Joaquín Vidal

Publicado en El País el 9-7-1993

Guardiola / Mendes, Fundi, Paquiro (8 julio de 1993)

Toros de Salvador Guardiola y Guardiola Domínguez, de gran trapío y romana, que dieron poco juego. Víctor Mendes: estocada corta y siete descabellos (silencio); estocada (aplausos y salida al tercio). Fundi: pinchazo y estocada corta (oreja); estocada corta trasera tirando la muleta y tres descabellos (silencio). Paquiro: pinchazo, otro hondo atravesado tendido y dos descabellos (algunos pitos); pinchazo y media (silencio). Plaza de Pamplona, 8 de julio. Tercera corrida de feria. Lleno.

areneroLa tauromaquia actual ha inventado la suerte del pasmarote. Se trata de que uno de los matadores (pueden ser dos, o todos tres, a la vez) se ponga donde no pinta nada. La suerte.p se aplica principalmente en los tercios de varas y de banderillas, este último en el caso de que lo ejecuten los llamados matadores-banderilleros.

Quien no conociera la suerte del pasmarote pudo contemplarla bien a su sabor en esta corrida mixta de matadores-banderilleros y uno que no banderillea ni falta que le hace. Y se desarrollaba así: ¿Que Víctor Mendes iba a banderillear? Pues Fundi se quedaba por allí en medio, de pasmarote. ¿Que iba a banderillear Fundi? Pues entonces el papel de pasmarote lo asumía Víctor Mendes. Eso sí, el de non, había de poner posturas jacarandosas o cañís (alternativamente), las manos en las caderas, ora firmes el ademán, ora arqueando una pierna en actitud de flamenquería gitana. Mientras, el de sí, corría al toro, le pegaba los banderillazos, y al salir del trance, el de non abandonaba su función de pasmarote para hacer el indio, corriendo hacia el toro con muchos aspavientos.

El arte de banderillear está así, qué vamos a hacerle. Y el de varas no le va a la zaga o quizá aún sea peor, pues los picadores, en lugar de picar, mechan, en tanto el espada de turno se coloca él solito a la derecha del caballo, ofreciendo otra versión de la suerte del pasmaote, que nadie sabe para qué puede servir. Bueno, está comunmente admitido entre taurinos -se incluyen afamados coletudos y ganaderos de postín-que el primer tercio no sirve absolutamente para nada, excepto para tundir al toro, de manera que cuando salga de la refriega, no le quepa otro remedio que arrepentirse de haber nacido.

La norma se cumple a rajatabla -en esta corrida sanferminera también- pero distinto es que agrade al público. En realidad no le agrada -más bien le repugna- y entonces hace lo que puede. O sea, cantar, si es en Pamplona y por san Fermín. Y los mozos de las peñas se pusieron a cantar. A cantar, a bailar y a jugar. Los mozos de las peñas cantaron, bailaron y jugaron cuanto sabían, ofreciendo al público forastero una cabal representación de sus habilidades: aquello de “Es babor, que gana a estribor, estribor que gana a babor..” Clavelitos, el Vals de Astrain, “Hola don Pepito, hola don José”, el himno del Barça, que en la Pamplona futbolera es himno de guerra; “Arriba la goma dos..” que en la Pamplona sanferminera es una burrada sin sentido.. Y, para terminar, Paquito el chocolatero, a ritmo navarro. Sólo les faltó una poesía, como la oda al Dos de Mayo.

Ací no ce pué de atoreá, suelen decir los taurinos, y tienen razón. Pero también es cierto que estas cosas ocurren cuando no se atorea. El único espada que atoreó en la tarde fue Víctor Mendes. El inusual acontecimiento tuvo lugar en el primer toro, que era de media arrancada, y el hombre lo muleteó dominador y variado, construyendo una faena de recurso con mucho sabor torero. Al cuarto, en cambio, más le regateó que le dio pases. Fundi pegó muchos derechazos y algunos naturales al segundo vaciándolo hacia afuera, mas sufrió un acosón, reaccionó bravamente tirando los trastos y poniéndose de rodillas, y eso maravilló a las peñas, que le aclamaron “¡torero!” y pidieron la oreja.

En el cuarto quiso repetir el número pero no le hicieron ni caso. Paquiro no pudo con el primer toro y al sexto -un galán de ¡645!- no le pudo dar ni un pase porque se aplomó. Totalmente se aplomó: parecía un armario. Y las peñas armaron entonces camorra. No mucha. En cuanto arrastraron al armario ya estaban cantando el Vals de Astrain, y todos contentos.

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