Web no oficial de la feria taurina de Pamplona…

Héroe por instinto

Mariano Pascal

Publicado en Diario de Navarra el 14 julio 2013

El suelo que pisan los toros, la arena que pisan los toreros, las mangueras que humedecen el albero desde la boca de riego y hasta las tablas que hay que retirar para que los matadores salgan a hombros, son levantadas por los areneros. Ellos son esos señores de boina que agitan rastrillos al paso de los matadores triunfantes en las vueltas al ruedo. Nadie repara en sus caras, a lo sumo en alguna de sus melenas.

José Manuel, arenero

José Manuel, arenero

Comienzan su trabajo a las siete de la mañana, cambiándose en un cuartico al lado de la puerta donde los toros entran a los corrales. A esa puerta se le llama “la de areneros”. En el encierro, en los festejos matinales o cuando acondicionan por la tarde la plaza dos horas antes del festejo trabajan de azul y rojo. Para la corrida se ponen de dulce, polo blanco, pantalón gris y boina azul en la cabeza. Su mayor honor, cerrar el paseíllo.

Ayer por la mañana en el encierro, cuando todos mirábamos bloqueados a una puerta, uno de ellos tuvo capacidad de anticiparse y salir corriendo para cerrar otra. Por ella salieron los toros al ruedo en vez de acrecentar la catástrofe entrebarreras. Fue un acto heroico, profesional, cívico, humano y salvavidas, de alguien que no se dio ninguna coba cuando todavía tenía el susto metido en el cuerpo. Y después tampoco. Fue el instinto, dijo.

Los héroes, como los areneros, no tienen nombre y pocas veces rostro. Su heroicidad dura sólo unos segundos. Pero en ocasiones merecen que su nombre sea conocido. Ayer, mientras José Manuel preparaba el ruedo, recibió una felicitación de alguien a quien muchas veces él mismo había felicitado. Emilio Muñoz se dirigió a darle la enhorabuena con los tendidos vacíos como testigos. José Manuel y su fuerte anatomía, respondían a los parabienes del trianero recordándole tantas faenas con la zurda en Pamplona.

Horas más tarde, alguno de los luces recibió la felicitación del arenero en la vuelta al ruedo. Para ellos era una más. La de un arenero que esconde el traje de héroe trabajando como comercial el resto del año. Para tres o cuatro personas del público, que a esas horas ya estaban en el secreto, Padilla y Fandiño habían recibido el mayor de los trofeos: el aliento de un héroe, de un héroe por instinto.

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