Web no oficial de la feria taurina de Pamplona…

Una escena de dibujo

Mariano Pascal

Publicado en Diario de Navarra el 11 julio 2013

En el bar Kabiya de Pamplona hay varios dibujos con escenas de lidia. Todos están hechos con la misma técnica, a lápiz, tinta o carbón sobre cartulina. Un trincherazo de Curro Romero, un natural de Julio Robles en Fitero o las fases de un puyazo con forma de pirámide, saltan a la vista de cualquiera que pare a tomarse una copa.

Derechazo de Morante (detalle de un dibujo de José Miguel Taberna)

Derechazo de Morante (detalle de un dibujo de José Miguel Taberna)

Los dibujos llevan la firma de José Miguel Taberna y cada uno de ellos lleva una explicación manuscrita del autor con la escena reproducida. Reflejan mayor movimiento que muchas películas y grabaciones. Son tauromaquia donde los esportones están llenos de lapiceros. Cuenta el autor que para hacerlos le resulta fundamental el juego de la luz y en Pamplona sólo le sirven los dos primeros toros.

Taberna quizá estuviese pendiente ayer del primer toro de Morante. Porque unos espera del matador chispazos dignos de dibujo. El toro de Victoriano presentaba una estampa imponente. Pero ni las musas acompañaron, ni el genio de la Puebla tenía buena tarde. Las broncas en una plaza de toros pueden ser muy sonoras, pero son difíciles de reproducir, ni en fotografía ni en pintura. La pitada y las chanzas de la andanada de sol se las llevó el viento.

La escena más pictórica quizá se produjo en el tercer toro. Morante, que ejerciendo de director de lidia no pierde ripio, fue a cubrir las espaldas del subalterno de Talavante. Llevaba plegado sobre las manos un capote de consistencia mínima. Sus andares parsimoniosos en paralelo a la segunda raya del tercio, su vestido catafalco y plata, su mirada centrada en el toro, era una estampa torera absoluta. De lo poco que pudieron disfrutar sus partidarios.

Quizá ese paseo morantista no encajase en las escenas de Taberna, pues en ella no se veía al toro. Quizá la escena llamase más la atención a otro virtuoso de los pinceles. Alguien muy acostumbrado a ese paso de cuadrillas del segundo tercio. Él sí se encontraba presente en la plaza. Viendo pero sin ser visto. Omnipresente en el devenir de la feria. Cierro los ojos y veo el capote de Morante plegado sobre sus manos en un lienzo lleno de colores. Lleva la firma de Ignacio Cía.

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