Web no oficial de la feria taurina de Pamplona…

Novena lección (y fin de curso)

Miguel Izu

Curso de tauromaquia sanferminera
Publicado en Diario de Noticias el 15 julio 2002  (texto con licencia copyleft)

En las lecciones anteriores hemos repasado los principales elementos y las fases del desarrollo de la corrida de toros. Nos faltan abordar algunos consejos de carácter general para que pueda opinar con la autoridad del auténtico aficionado.

En primer lugar, el aficionado tiene que optar por ser un purista o un estusiasta. La diferencia está en que el purista exige, y no se conforma con menos, una fiesta en estado puro que en realidad no existe, por lo cual debe manifestar permanentemente su disgusto por el espectáculo que se le ofrece. El purista debe dejar claro a cada paso que la fiesta ha caído en una profunda decadencia; que los toros ya no tienen fuerza, ni casta, ni bravura; que los ganaderos sólo saben criar carne; que los toreros son cobardes, efectistas, peseteros y no saben torear; que las empresas estafan al público; que el público no se merece otra cosa, porque no tiene ni puñetera idea y se traga todo; y que los críticos taurinos están comprados. El purista debe ser un experto en historia de la tauromaquia y comparar de continuo la desastrosa situación actual con los buenos tiempos, que pueden ser cualesquiera menos los presentes. El purista nunca aplaude en la plaza, ni saca el pañuelo para pedir trofeos, aunque hace ostentosos gestos para expresar su desacuerdo con todo lo que sucede a lo largo del festejo. Como mucho, cuando se conceden las dos orejas y el rabo cesa de criticar y admite que la faena ha sido bastante pasable, pero critica al presidente por excederse en el premio. En Madrid los puristas están concentrados en el famoso tendido 7; en Pamplona son pocos y están dispersos por toda la plaza, aunque con mayor abundancia en las zonas bajas de Sombra.

Estribo (Mercedes Irujo)

Estribo (Mercedes Irujo)

El aficionado entusiasta cree que puede que hubiera tiempos mejores, pero que estos son buenos. Hay toros y ganaderías mediocres, toreros que viven del cuento y público inculto; pero el buen aficionado se ve recompensado suficientemente cuando puede contemplar una buena faena de uno de sus toreros favoritos a un toro de alguna de sus ganaderías preferidas. Porque el entusiasta tiene sus predilecciones, y si en otras tardes hasta puede coincidir con los puristas, cuando torean los suyos aplaude, vitorea, acompaña con olés y agita el pañuelo para pedir orejas. Cuando no hay faena que ver en el ruedo, el entusiasta recuerda otras faenas de sus ídolos en tardes triunfales; y cuando el toro es malo relata el comportamiento de toros memorables que él pudo ver en esta u otra plaza.

Es dudoso quienes disfrutan más, si los puristas o los entusiastas. Como consejo práctico conviene tantear la tendencia de los vecinos de localidad. Si a usted le gusta mimetizarse en su entorno y pasar desapercibido, adopte sus puntos de vista; si en cambio disfruta polemizando, hágase purista si tiene vecinos entusiastas y entusiasta si está rodeado de puristas, o cualquier cosa si sus vecinos son ignorantes (que es lo más probable). En cualquier caso, hay que conocer algunos de los temas más habituales de conversación. Para empezar, si los toros están afeitados o no, es decir, si se les han serrado o limado las astas. Los puristas están convencidos de que todos lo están con la complicidad de las autoridades; los entusiastas creen que solo algunos, y casi ninguno en la Feria del Toro. Una cosa en que están todos de acuerdo es que los toros no se caen en Pamplona, como en otras plazas dada la decadencia en que los ganaderos han sumido a toda la cabaña brava, gracias al ejercicio que hacen corriendo el encierro, como ha demostrado algún estudio científico.

Otro tema básico es denostar a la Casa de Misericordia por el cartel que ha organizado, en el que faltan algunos nombres imprescindibles, sobra alguno de los toreros incluidos, no están justificadas las dos tardes de algún otro, y se ha abusado de las ganaderías más comerciales en detrimento de las que conservan mejor la bravura y por eso no agradan a las figuras (cada cual pondrá nombres a su gusto). Lógicamente son los puristas los que pondrán más acritud en estos comentarios.

Si ocupa localidad de Sombra, conviene despotricar del público de Sol, inculto, molesto, maleducado y poco respetuoso con los toreros. Si ocupa localidad de Sol, mófese del público de Sombra, que se cree entendido y en realidad es solamente soso, y afirme que en Sol también se sabe de toros.

Y para acabar; recuerde que en Pamplona la afición es torista, prefiere ver toros de trapío y ganaderías prestigiosas, frente a otras plazas más toreristas, donde lo que cuenta es ver a las figuras del toreo, aunque les saquen gatos en vez de toros. Así que nunca se pierda la corrida de Miura, que suele ser la del último día, y pase lo que pase comente varias veces: “¡Esto sí que son toros!”.

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