Web no oficial de la feria taurina de Pamplona…

Pamplona es Rivendel

“La trastienda”, publicado en Diario de Navarra el 7 julio 2013

  En Sevilla, cuando llega el mes de marzo, los naranjos florecen y el olor a azahar invade la ciudad. Todos asocian ese olor a las fiestas mayores de primavera. Fiestas tan maravillosas como endogámicas.

Aquí somos más domésticos, nos conformamos con el olor de la resina de los tilos para situarnos en los Sanfermines. Menos poético sí, pero este año mucho más intenso. En la mañana de ayer, si uno paseaba por los parques de la ciudad, con la brisa de la mañana, pronto olvidaba aquello de que Pamplona era Mordor, para embriagarse del olor y el calor. Siguiendo con Tolkien, ayer Pamplona era Rivendel. La ciudad refugio.

Roberto Armendáriz (Silvia Ollo)

Roberto Armendáriz (Silvia Ollo)

 Pero, como ya habrán leído en estas páginas, la mañana del víspera se torció en su momento mágico, cuando todos queremos abrazarnos y empezar la fiesta. Un alcalde que supo aguantar el tirón y una ciudad que está por encima de la peor de las provocaciones, supieron reconducir la situación y la fiesta se llevó todo por delante.

Sol, calor, camisetas blancas, alegría y alcohol. Como sólo pueden estar conjuntados un seis de julio. Así comenzaba la tarde para  ver la corrida de rejones, sin elfos ni centauros, pero con caballeros rejoneadores al olor de los tilos. A plaza de toros llena, como un refugio de la crisis de los toros, veinte mil almas se rompieron las manos a aplaudir, corear pasodobles y pedir orejas a los rejoneadores.

Toda la diversión que ya no pueden hacer en Barcelona, San Sebastián, Tolosa o Sopuerta, donde han querido colocar un banderón con apellido “ista” encima de la fiesta. Porque las prohibiciones tienen un enorme aire de liberticidio, como el que ayer se intentó ejecutar en la plaza Consistorial a las doce del mediodía.

Dicen los que han leído a Tolkien, que Rivendel era el último refugio de los hombres de buena voluntad. La plaza de toros de Pamplona y los Sanfermines están a refugio de orcos y abanderados sin que se sepa muy bien por qué. Quizá se los lleve la marabunta Sanferminera. O que por unos días somos realmente cosmopolitas. Ídolos locales vestidos de rondeños, caballeros de Noáin con sombrero cañero. Bandas de música tocando pasacalles. Las influencias de todo el que se ha unido a la fiesta nos han hecho más fuertes.
Pamplona es refugio de los taurinos, aunque con la marabunta que ayer poblaba la ciudad, parezca un refugio…  tras el paso de los hunos.

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