Web no oficial de la feria taurina de Pamplona…

Un mundo feliz

Publicado en la edición impresa de Diario de Navarra el 13 julio 2013

Se quejan los aficionados de que en esta feria los toros están sacando poca fuerza. Se queja el público que paga la entrada de ver pocas orejas cortadas. Se quejan los profesionales de que a los toros les falta fuerza, no humillan o les falta un tranco. Se quejan los ganaderos de que toros con nota no se comportan como esperan. Todos el mundo se queja mucho o poco a través del micrófono, el teclado o conversaciones que se lleva el viento.

Ranmón Masats, La estocada de la tarde

La estocada de la tarde, Ramón Masats, año 1957

Si los intereses de los aficionados, el público, los profesionales y los ganaderos fuesen coincidentes la fiesta de los toros viviría en el mundo feliz de Huxley.

Tendidos y andanadas querían ver salir a Padilla a hombros, pero el jerezano sólo se puso “en padilla” con el cuarto que pinchó. Los julijulis desertaron del tendido al mismo tiempo que su facilidad para entrar a matar. Y la gente de Fortes, seguro, diría cosas como “éxito perdido por la espada”. El ganadero, ni sabemos qué pensará.

Pero la realidad es que el personal salió de la plaza agotado por el calor y temiendo que el cielo gris tormentoso que se abalanzaba sobre la Cuenca cayese sobre sus cabezas. Y ese personal había pagado un dinero serio por sus localidades.

De manera que ir a una corrida de toros puede resultar una experiencia frustrante en algunas ocasiones, o como diría algún político, un “no éxito”. Y eso nos tocó vivir en la tarde de ayer donde al tercer toro se barruntaban puertas grandes y éxitos y a la salida todo eran palabras perdidas y galeradas tachadas.

En el “mundo feliz” de la fiesta los toros embestirían con acometividad fiereza y codicia, serían toreados como mandan los cánones y se cortarían veinte orejas, tres rabos y una pata. Pero ese mundo no existe. No es un concierto ensayado ni sincronizado. No es un ejercicio mecánico ni una apuesta segura. Y los éxitos pasados no garantizan intereses futuros.

Quizá las satisfacciones vengan gracias a ser disfrutadas poco a poco. Quizá sientan mejor cuando así pasa. El pesimismo ha cundido este año con mucha facilidad entre la afición. La feria no tiene “mundo feliz” sino algo de “Desencanto”, con los hermanos Panero tirándose los trastos. Quizá hoy estas letras queden sepultadas por otras optimistas, como hasta ayer pasaba con los encierros. Porque ¡0jo! si en el mundo feliz de Huxley no existían ni la filosofía ni la religión, en el “mundo feliz” de la fiesta desparecería la afición conspicua, pues el montaje siempre sería perfecto.

Así que, en ocasiones, tras tardes como la de ayer, no es de extrañar que en el mundo del toro la opción más razonable sea encomendarse a los santos.

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