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	<title>Feria del Toro, Feria de San fermin &#187; Joaquín Vidal</title>
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		<title>Toreo, al fin</title>
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		<pubDate>Tue, 13 Dec 2011 22:02:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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<h4>Joaquín Vidal <em></em></h4>
<h6><em><a title="El País" href="http://www.elpais.com" target="_blank">El País</a> 10 julio 1993</em></h6>
<p style="padding-left: 30px;"><strong>Marqués de Domecq / Dámaso González, César Rincón, Juan Mora</strong></p>
<p style="padding-left: 30px;"><em><strong>Toros de Marqués de Domecq</strong>, de impresionante trapío, mucho peso (tres rebasaron los 625 kilos), poco bravos en varas y juego desigual</em>. <strong>Dámaso González:</strong> <em>metisaca bajo, media estocada tendida baja, pinchazo dos descabellos (bronca); dos pinchazos, estocada trasera (silencio)</em>.  <strong>César Rincón</strong>: <em>pinchazo y estocada caída (dos orejas); bajonazo (ovación)</em>. <strong>Juan Mora:</strong> <em>bajonazo descarado, descabello y se tumba el toro (ovación y salida al tercio)</em>; estocada ladeada (oreja). <em>Plaza de Pamplona, 9 de julio 1993. Cuarta corrida de feria. Lleno.</em></p>
<div id="attachment_7042" class="wp-caption alignleft" style="width: 295px"><a href="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2011/12/mulillas-morath.jpg"><img class="size-full wp-image-7042" title="mulillas-morath" src="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2011/12/mulillas-morath.jpg" alt="" width="285" height="433" /></a><p class="wp-caption-text">San Fermin 50´s (Inge Morath)</p></div>
<p>Se hizo presente <strong>César Rincón</strong> con el capotillo y ya estaba lanceando a la verónica, ajustado y pinturero, al toro del marqué. ¡Hola, esto es nuevo!, se dijo el mocerío pamplonés, que estaba allí de excursión. Pues en lo que llevamos de feria nadie había hecho el toreo, ni ajustado y valiente ni de ninguna otra manera, y lo que llaman corrida de toros sólo servía de excusa para llegarse al tendido, tender pancartas, tocar charangas, cantar canciones, gritar riau-riaus, merendar ajoarriero, echarse al coleto buena parte de la cosecha riojana, gritar &#8220;¡Viva san Fermín!&#8221;. Pero llegó el toreo, al fin, mecido en las verónicas de César Rincón, y cambió el panorama. Giró la media verónica y ya estaba el mocerío sanferminero absorto, pendiente de cuanto sucediera en el redondel.</p>
<p>Y lo que sucedió en el redondel, al cabo, fue una muestra de toreo del bueno. El diestro colombiano, recrecido en su torería, citaba desde mucha distancia dejándose ver, llegaba codicioso el toro y aguantaba el encontronazo sin enmendar ni un solo milímetro su posición en la arena, embarcaba la embestida, la vaciaba limpia. Tres tandas de redondos dio así César Rincón; es cierto que con su racioncilla de pico, pero quién iba a reparar en picos ni en palas después de la severa abstinencia taurina que habían estado imponiendo los toreros en las tardes vísperas del acontecimiento. El natural no le resultó tan armonioso a Rincón, pues el toro no se entregaba, y volvió a los derechazos ceñidos, hasta coronarlos con un pase de la firma hondo, metiéndose astutamente en el costillar.</p>
<p>Gran revuelo hubo en los tendidos cuando dobló el toro; dos orejas e incluso el rabo pedían los mozos por aclamación. El público navarro es de lo más agradecido. Pero no acabaría el toreo ahí, porque entró en liza Juan Mora y lo ejecutó aún más bello.<strong> Juan Mora</strong> toreaba a impulsos de su inspiración, y ya se sabe que fiar el arte a las musas no garantiza nada, porque son caprichosas y cambiantes. Una musa le puede entregar en un momento dado todo su corazón al artista, y al instante siguiente arrebatárselo, para darle achares. Y eso le ocurrió a Juan Mora. Unas veces toreaba reunido, suave y armonioso; otras, pegando un traspié. Sin embargo, una de sus tandas de redondos fue de antología, y en el recuento de la faena únicamente quedaron para el recuerdo sus embriagadores aromas toreros.</p>
<p>Al sexto, menos claro, lo muleteó con decisión. Otra inesperada novedad, en este torero que suele ser bastante frágil de ánimo. El toro no tenía la nobleza del anterior. En realidad, la corrida del marqué dio un juego complicadillo. Unos toros derrotaban o punteaban -los que correspondieron a <strong>Dámaso González,</strong> por ejemplo-, otros carecían de fijeza -el segundo de Rincón- y este sexto se quedaba corto, añadiendo, a los peligros inherentes a semejante vicio locomotor, el respeto que infunde un toro de tanto cuajo, tanta romana y tanta seriedad expresiva, con aquellos pitonazos buidos.</p>
<p>La presencia del toro añadió emoción a la faena de <strong>Juan Mora</strong>, y cortó una oreja, que, unida a las dos de César Rincón, sumaban tres. Tres orejas constituyen gloria bendita en los tiempos que corren. La afición pamplonesa -se incluyen los 10.000 mozos de las peñas- estaba feliz y hacía votos porque la peor de cuantas quedan sea como ésta. Sólo faltó para redondear la tarde que Dámaso González le hubiera cogido el aire a sus toros. El maestro albacetense no estaba en vena.</p>
<p><strong>César Rincón</strong> tomó muchas precauciones con el quinto. Le intentó pases en diversos terrenos y distancias, y como el toro embestía sin fijeza, se quitaba de allí. Pero nadie se lo reprochó. A fin de cuentas, había traído el toreo a Pamplona, y ese mérito no se lo quita ya nadie.</p>

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		<title>Unos muletazos de Emilio Muñoz</title>
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		<pubDate>Mon, 10 Oct 2011 18:14:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El toreo de Emilio Muñoz entonces parecía formado en la alta escuela de los Bienvenida, con un aderezo de gracia trianera, y nada más verlo se convirtió en la esperanza de la afición.Pero quien tuvo, retuvo; y en ese cuarto toro del marqué -se pide perdón (respetuosamente) por llamarlo toro, rebrotó la pureza del cánon, la luminaria del arte, que seguramente aún le rebulle en lo recóndito del alma. [Joaquín Vidal, 1994]]]></description>
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<h4>Joaquín Vidal</h4>
<h6><a title="El País" href="http://www.elpais.es">El País</a> &#8211; 14/07/1994</h6>
<h6 style="padding-left: 30px;">Toros de Marqués de Domecq, bien presentados en general aunque sospechosísimos de pitones, escandalosamente despuntados 4º y 6º flojos, encastados; 21, bravo, derribo dos veces.Emilio Muñoz: pinchazo bajo, espadazo infamante en la tripa y descabello (pitos); pinchazo, media caída y dos descabellos (vuelta). César Rincón: pinchazo bajo, media tendida escandalosamente baja perdiendo la muleta -aviso- y descabello (silencio); dos pinchazos, otro perdiendo la muleta y saliendo perseguido, media atravesadísima tirando la muleta, pinchazo infamante en la paletilla -aviso- y tres descabellos (protestas). Sergio Sánchez: pinchazo y estocada saliendo volteado (oreja); estocada caída (palmas). Plaza de Pamplona, 13 de julio. 8º corrida de feria. Lleno.</h6>
<div id="attachment_6721" class="wp-caption alignleft" style="width: 310px"><a href="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2011/10/Emilio_munoz_reuters.jpg"><img class="size-full wp-image-6721" title="Spanish bullfighter Emilio Munoz wears a full &quot;suit of lights&quot; during a traditional bullfight San Is.." src="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2011/10/Emilio_munoz_reuters.jpg" alt="" width="300" height="428" /></a><p class="wp-caption-text">Emilio Muñoz (Reuters)</p></div>
<p>Cuando la feria sanferminera ya periclita y se llevan vistos ocho festejos, 48 lidias tirando a malas, dos millones de derechazos, naturales tires, uno se queda con los muletazos con que Emilio Muñoz abrió su faena de muleta al cuarto toro, solicítase perdón (respetuosamente) por llamarlo toro. Esos muletazos parecían de otra galaxia, seguramente porque habían sido sacados de una tauromaquia distinta a la que estuvieron empleando los diestros de todas las categorías, edades y fortunas a lo largo de las 48 lidias tirando a malas que conforman el oscuro historial de esta lamentable feria sanferminera.Instrumentó Emilio Muñoz esos muletazos a izquierdas, embarcando suavemente al toro, mandándole en todo el recorrido de la suerte, con naturalidad, empaque, tronío y ole. Recordó al Emilio Muñoz de los primeros tiempos, aquel chiquillo que se presentó precisamente en una de las novilladas inaugurales de la Feria de San Fermín -ya ha llovido-, toreó como los ángeles y dejó golosos los paladares de los aficionados más exigentes.</p>
<p>El toreo de Emilio Muñoz entonces parecía formado en la alta escuela de los Bienvenida, con un aderezo de gracia trianera, y nada más verlo se convirtió en la esperanza de la afición. Luego el diestro se hizo mozo, le vinieron las prisas, se llenó de crispaciones, perdió gusto y temple, y pasó a ser uno del montón. Pero quien tuvo, retuvo; y en ese cuarto toro del marqué -se pide perdón (respetuosamente) por llamarlo toro, rebrotó la pureza del cánon, la luminaria del arte, que seguramente aún le rebulle en lo recóndito del alma. La faena de muleta que siguió resultó honda aunque también forzada, con detalles de buena torería entremezclados con los alivios innecesarios del pico y astutas incursiones en el costillar, que es recurso de seguro efecto cuando hay en los tendidos un público bullanguero, cantarín y aplaudidor, como era el caso.</p>
<p>A su primer toro, manso declarado, lo trasteó con las violencias crispaciones y respingos propios de sus años mozos. No fue el único, ni siquiera el peor. Porque compareció después César Rincón que tuvo la actuación más desafortunada de toda la feria. Bravo su primer toro, no pudo con él en ningún momento, y el quinto, que desarrolló nobleza, lo trajo por la calle de la amargura. Cual si se tratara de un principiante aterrorizado, César Rincón ponía por delante el pico para alejar la cabezada, rectificaba precipitadamente terrenos, no paró de correr, acabó desarmado y achuchado, mató a estilo charlotada en plaza de talanqueras. Este César Rincón que ha pasado por Pamplona no se parecía al César Rincón héroe de Las Ventas y otros cosos, ni en el traje.</p>
<p>Sergio Sánchez, en cambio, echó el resto, en un esfuerzo supremo por abrirse camino en el siempre proceloso escalafón de los matadores de toros. Capoteó, banderilleó y muleteó animoso, con las limitaciones propias de su menguado sentido del arte, y por aferrar el triunfo que ya tenía cercano en su primer toro, consumó la suerte suprema volcándose sobre el morrillo. Entró la espada mas el diestro salió por los aires igual que un pelele y cayó de mala manera. Se le concedió la oreja, que había ganado a ley y dio una apoteósica vuelta al ruedo.</p>
<p>Al sexto toro no Pudo sacarle faena Sergio Sánchez porque el animal se simplemente aplomó. La verdad es que ese toro del marqué no era. de recibo, por el estado de sus pitones. Ni ese, ni el vergonzante cuarto, ni ninguno.  La corrida entera dio la sensación de estar afeitada, o, en su defecto, mutilada por accidente. En cualquier caso, se trataba de una corrida impresentable, sobre todo para la que quiere ser y pomposamente llaman Feria del Toro.</p>

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		<title>Gaudeamus por todo lo alto</title>
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		<pubDate>Wed, 16 Feb 2011 05:04:13 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Joaquín Vidal]]></category>
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		<category><![CDATA[Feria del Toro 1999]]></category>
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		<description><![CDATA[No todo el alboroto se debía a Pepín, Pepín. Baco, dios del regocijo y de los caldos espiritosos que lo provocan, había traído el clarete, el champañico y hasta ese vino que está elaborando en plan experimental la Estación de Viticultura y Enología del Gobierno de Navarra, que es néctar [Joaquín Vidal, 1999]]]></description>
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<h4>Joaquín Vidal</h4>
<h6>Publicado en &#8220;<a href="http://www.elpais.com/articulo/cultura/RINCON/_CESAR_/TOROS/LIRIA/_PEPIN_/TOROS/PONCE/_ENRIQUE_/TOROS/NAVARRA/PAMPLONA_/MUNICIPIO/elpepicul/19990715elpepicul_8/Tes?print=1" target="_blank">El País</a>&#8221; el 15 julio 1999</h6>
<h6 style="padding-left: 30px;">Cinco toros de <strong>Pedro y Verónica Gutiérrez Lorenzo</strong>, discretos de presencia, flojos, la mayoría inválidos, de media casta, aborregados; 6º, incierto, sacó genio. 5º de <strong>Carmen Lorenzo</strong>, de escaso trapío, pastueño total.    <strong>César Rincón</strong>: estocada corta muy baja (<em>silencio</em>); en la suerte de recibir, estocada caída perdiendo la muleta -aviso- y cae el toro (<em>oreja</em>). <strong>Enrique Ponce</strong>: estocada corta, rueda insistente de peones y descabello (silencio); estocada baja (<strong>dos orejas</strong>); salió a hombros por la puerta grande. <strong>Pepín Liria</strong>: estocada corta, rueda insistente de peones y descabello (<em>oreja</em>); media atravesada trasera baja (<em>silencio</em>).    <strong>Plaza de Pamplona</strong>, 14 de julio. 10ª y última corrida de feria. Lleno.</h6>
<div id="attachment_356" class="wp-caption alignleft" style="width: 265px"><a href="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2009/04/dsc05315.jpg"><img class="size-full wp-image-356 " title="Globos en el Tendido de sol (Silvia Ollo)" src="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2009/04/dsc05315.jpg" alt="" width="255" height="171" /></a><p class="wp-caption-text">Tendido de Sol, Silvia Ollo </p></div>
<p>Hubo un festín que para sí hubiera querido Baltasar, el príncipe babilonio que cuenta <em>La Ciropedia</em>.  Las bodas de Caná, a su lado, un guateque con gaseosa. El gaudeamus fue  por todo lo alto: desde el tinto a la merluza del pincho, lo que se  quisiera pedir; desde el toreo bronco al natural exquisito, toda la  gama. De propina, un chaparrón de orejas: cuatro cayeron. Y si llega a  estar Pepín Liria más fino con la espada va y suma la media docena.  Lo  que no hubo fue toros -toros en sentido estricto se quiere decir- pero  eso ya poco importa y no lo reclama nadie, ni siquiera en la famosa  Feria del Toro. La Feria del Toro se ha hecho virtual, como la fiesta  misma. La apariencia prima sobre lo autentico; se prefiere la  superficialidad al fundamento. Contarlo es lo que importa. Ponerse  exigente dentro, pedir el toro, medir los ajustes del torero, calibrar  los premios, corre el riesgo de que acabe la función sin oreja alguna y  los amigos le llamen a uno tonto por haber ido a una corrida de toros  tan mala.</p>
<p>César Rincón y Enrique Ponce anduvieron en sus  primeros inválidos como quien no quiere la cosa y da igual. Lo  importante vino después: cuando mediada la faena al borreguito cuarto  fue César Rincón y ante la general sorpresa volvió por sus fueros.  Resulta que tomó al animalillo de frente, la muleta en la izquierda y le  dibujó una tanda de naturales con la enjundia y los aromas que solía.  Después el toreo bueno lo cuajó por redondos. Y vinieron nuevos  naturales; nuevos, frescos, impolutos, de esos que ya no se ven. Y para  culminar su inesperada resurrección para el arte citó a recibir. La  verdad es que le salió un churro -el estoque bajo, la muleta a tomar por  saco- pero a quién le podía importar.</p>
<p>No se quedó atrás Enrique  Ponce. Dio cara al muñeco que sacaron en quinto lugar -con su cuerpecito  tierno y dentro un bondadoso corazón-, lo dobló por bajo cual si se  tratara de un ciclópeo funo y se hartó de pegarle derechazos y naturales  corriendo impecablemente la mano. Bien es cierto que, tras correr la  mano corría él -Ponce- y se marchaba a tomar vientos para engendrar el  siguiente pase; mas la ardorosa continuidad de las suertes, el  academicismo de sus formas, la facilidad con que torea al toro fácil (un  prodigio, al parecer, que tiene asombrado al poncismo militante) le  valieron un clamoroso éxito.</p>
<p>La sensación fue, sin embargo, Pepín  Liria. Ya lo decían las peñas en estruendoso coro: &#8220;¡Pepín, Pepín!&#8221;: o  bien: &#8220;¡Pe-pín!, plas, plas, ¡Pe-pín!, plas, plas&#8221;, con acompañamiento  de palmas y rítmico percutir de bombo.</p>
<p>Venía Pepín-Pepín  sustituyendo a José Tomás que se puso malo. El apoderado habló de una  inflamación de muñeca, en tanto el parte facultativo se refería a fisura  del primer metacarpiano del dedo gordo de la mano derecha. Qué tendrá  que ver el culo con las témporas. Eso ocurrió la noche anterior, tras la  corrida en la que Tomás no había cortado oreja, y su gabinete de crisis  comunicó que no podía participar en la última corrida de la feria de  Pamplona.</p>
<p>Se perdió Tomás el festín, en el que sin duda habría  mojado a su sabor, la afición quedó privada de verle ejecutar el toreo  al natural, la ciencia taurómaca comparada no pudo contrastar los  naturales de Tomás con los de Rincón, puntuarlos y sacar consecuencias  respecto a las respectivas concepciones, y el propio José Tomás perdió  la oportunidad de competir con Enrique Ponce, de quien tiene dicho que  no quiere verlo ni en pintura.</p>
<p>Una pena. Pero la evidente realidad  era que Enrique Ponce estuvo a su hora en la puerta de cuadrillas, y  dio guerra en la candente, y salió a hombros por la puerta grande; y  Tomás, no. Compareció en su lugar Pepín Liria que, en cuanto pudo, se  tiró de rodillas, y ya de pie se fajó bravío, y enardeció a los  pamploneses, e hizo olvidar al titular del cartel, y convirtió la plaza  en un clamor: &#8220;¡Pe-pín!, plas, plas, ¡Pe-pín!, plas, plas&#8221;.</p>
<p>No  todo el alboroto se debía a Pepín, Pepín. Baco, dios del regocijo y de  los caldos espiritosos que lo provocan, había traído el clarete, el  champañico y hasta ese vino que está elaborando en plan experimental la  Estación de Viticultura y Enología del Gobierno de Navarra, que es  néctar. Y para consumar el gaudeamus abrían ollas donde humeaban melosas  manos de cerdo (con perdón), o ajoarrieros, o pochas de múltiples  aderezos. Y Elu esmeró unas magras con tomate que colmaban de sabrosuras  los paladares. Y Villanueva elaboró unos fastuosos bocadillos de  merluza de Artajona que quitaban el sentido.</p>
<p>Y el matrimonio  Guibert remató con una media verónica belmontina pasando trufas,  hojaldres y empiñonados de Iruña, cuyo pastelero tiene ganada  indulgencia plenaria, y de los ojos nos caían lágrimas.  Y el graderío  de sol pasaba de <em>La chica ye-ye</em> a <em>Paquito el chocolatero</em> con la facilidad que Ponce repetía los derechazos. Y tras llevarse a  hombros al torero, el gentío siguió en la plaza dando los últimos  trompetazos, cantando las últimas canciones, marcándose los últimos  bailes de estos sanfermines fin de siglo. Y ya se oían los ecos del <em>&#8220;Pobre de mí&#8221;</em> que pone fin a las fiestas; todo el mundo con un nudo en la garganta&#8230;</p>

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		<title>El gran Valderrama</title>
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		<pubDate>Fri, 12 Nov 2010 15:47:31 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Feria del Toro 1993]]></category>
		<category><![CDATA[Miura]]></category>

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		<description><![CDATA[[Joaquín Vidal, 1993] No se quiera saber cómo era el Miura. Más bien miurazo era, un pedazo toro, casi 700 kilos en la báscula, en el ruedo el terror, una desesperación, con aquel trapío disparatado y aquella carota fosca, y unas intenciones marca de la casa. 
Miraba Domingo Valderrama para arriba, no con chulesca predisposición ni con altanera actitud, sino por necesidad, para verle al Miura la cara, que le quedaba tres cuartas por encima del flequillo.]]></description>
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<div class="topsy_widget_data topsy_theme_blue" style="float: right;margin-left: 0.75em; background: url(data:,%7B%20%22url%22%3A%20%22http%253A%252F%252Fwww.feriadeltoro.net%252F2010%252Fcronicas%252Fjoaquin-vidal%252Fel-gran-valderrama%252F%22%2C%20%22style%22%3A%20%22big%22%2C%20%22title%22%3A%20%22El%20gran%20Valderrama%22%20%7D);"></div>
<h4>Joaquín Vidal</h4>
<h6><a href="http://www.elpais.com/articulo/cultura/NAVARRA/PAMPLONA_/MUNICIPIO/FERIA_DE_SAN_FERMIN/gran/Valderrama/elpepicul/19930711elpepicul_11/Tes">Publicado en &#8220;El País&#8221; el 11 julio 1993</a></h6>
<h6><strong>Pamplona 10 julio 1993. Toros de Eduardo Miura, de impresionante presencia, cinco por encima de los 600 kilos, de media casta, broncos, difíciles. José Antordo Campuzano: pinchazo, otro y media descaradamente baja a paso de banderillas -y descabello (gran bronca); pinchazo, estocada y rueda de peones (bronca). Domíngo Valderrama: bajonazo descarado (oreja); estocada corta baja (ovación y salida al tercio). Oscar Higares: pinchazo, estocada corta trasera y dos descabellos (silencio); estocada corta (silencio). Plaza de Pamplona, 10 de julio. Quinta corrida de feria. Lleno.</strong></h6>
<div id="attachment_4832" class="wp-caption alignright" style="width: 310px"><img class="size-medium wp-image-4832" title="Domingo Valderrama (Archivo ABC)" src="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2010/11/domingo_valderrama_archivo_abc-300x204.jpg" alt="Domingo Valderrama (Archivo ABC)" width="300" height="204" /><p class="wp-caption-text">Domingo Valderrama (foto archivo ABC.es) </p></div>
<p><strong>Apareció</strong> en la arena el Miura y ya estaba <strong>Domingo Valderrama </strong>esperándolo en los medios para saludarlo con el capotillo. No se quiera saber cómo era el Miura. Más bien miurazo era, un pedazo toro, casi 700 kilos en la báscula, en el ruedo el terror, una desesperación, con aquel trapío disparatado y aquella carota fosca, y unas intenciones marca de la casa. &#8220;Iba con las del Miura&#8221; se suele decir de cualquiera que le busca a uno los costados, quizá la cartera o más probablemente pretende tirarlo por un terraplén. Pues así, exactamente, el Miura. Pero no lo iba a torear cualquiera. Lo iba a torear el gran Valderrama, un torero pequeñito de estatura y gigantesco corazón. &#8220;Un corazón que no le cabía en el pecho&#8221;, es también frase castiza. Y eso le ocurría literalmente a Domingo Valderrama.Miraba Domingo Valderrama para arriba, no con chulesca predisposición ni con altanera actitud, s¡no por necesidad, para verle al Miura la cara, que le quedaba tres cuartas por encima del flequillo, Lo miraba desde la distancia que toman los toreros buenos si de citar toros se trata, y además adelantaba la muletilla graciosa, y se traía al toro toreado. ¿Hasta dónde se lo traía y luego se lo llevaba? Eso era imprevisible ya que el toro tenía unas arrancadas imprevisibles también. A veces pasaba, a veces no, y por lo general se quedaba en la suerte buscando muslitos toreros con que componer el menú de la merienda.</p>
<p>Cuestiones de tan poco fuste no iban a arredrar a Domingo Valderrama. Si fueran otras, a lo mejor. Mas un Miura disparatado de 700 kilos poniéndole los pitonazos donde el corazón le rebullía, eso no, nunca, jamás. Domingo Valderrama estaba allí quieto, rectificaba lo justo si rectificar era imprescindible, instrumentaba las suertes adecuadas con depurada técnica, resolvía los problemas con torería.<br />
Todos los miuras sacaron parecida catadura. Los de mayor manejabilidad, tomaban media docena de muletazos a lo tonto, y al que hacía siete ya estaban desparramando la vista, acudiendo sin fijeza al cite o, sencillamente, cortando el viaje para acometer al bulto. <strong>José Antonio Campuzano </strong>les dio a los de su lote los cinco o seis pases posibles y después el trasteo a la defensiva que procedía, lo cual molestó muchísimo al público, que armó la gran bronca. <strong>Oscar Higares</strong>, con parecida fortuna, bastante tuvo con librar los rebufidos alborotones y los topetazos de la ración miureña que le correspondió. Al sexto toro, después de estarle sorteando todas las intemperancias, decidió embarcarlo al natural, se quedó quieto, instrumentó completo el pase y, al rematarlo, ya le estaba tirando el Miura un hachazo que, si llega a acertar, le arranca de cuajo la oreja de la parte de acá; o sea, la izquierda.<br />
Miura y su leyenda. Está muy bien que haya miuras, forman parte de la historia fundamental de la fiesta. Mas si debe haberlos para bien de esa fiesta, no se entiende por qué ha de recaer la responsabilidad de su continuidad en unos pocos toreros. El escalafón es largo y, dentro de él, hay unos cuantos coletudos que se llevan del negocio la parte más mollar. De manera que deberían ser estos, y no los modestos, quienes mantuvieran viva la gloria (debería decirse el infierno) de la legendaria divisa.<br />
Menos aún los supermodestos, como Domingo Valderrama, que apenas torea, aunque se trata de un torerazo a carta cabal. Saltó a la arena el quinto Miura, colorao, chorreao y endemoniao, llevando por delante unas astas abiertas como si quisiera abrazar con ellas al mundo (o estrangularlo más bien) y ya estaba en los medios el torero chiquitín recibiéndolo por veróni , cas. Luego lo trastearía valentísimo, incluso con ensayos de toreo al natural, sin importarle achuchones ni derrotes. Fue impresionante; toda una proeza, lo que hizo el gran Valderrama con la bronca miurada sanferminera.</p>

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		<title>Pamplona</title>
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		<pubDate>Thu, 04 Nov 2010 22:13:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Joaquín Vidal]]></category>

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		<description><![CDATA[[Joaquín Vidal] El público reacciona más que en ninguna parte ante la obviedad, y a veces sólo ante la obviedad. Es difícil que saque matices de la corrida; al torero claramente valiente, se le aclama por valiente; al torero sospechoso de precavido, se le abronca por precavido. (Extracto de "40 años después... temporada 1987", 1988)]]></description>
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<h4>Joaquín Vidal</h4>
<h6>Extracto de la obra (40 años después, Temporada 1987, Espasa-Calpe, Madrid 1988)</h6>
<div id="attachment_4784" class="wp-caption alignright" style="width: 170px"><a href="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2010/11/joaquin_vidal_Pamplona_2.jpg"><img class="size-full wp-image-4784" title="Joaquín Vidal en Pamplona" src="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2010/11/joaquin_vidal_Pamplona_2.jpg" alt="Joaquín Vidal en Pamplona" width="160" height="213" /></a><p class="wp-caption-text">Joaquín Vidal en Pamplona</p></div>
<p>Pamplona es un capricho del universo taurino, una feria radicalmente distinta, que viene marcada por la singularidad de la propia fiesta, la fuerza de los encierros, el color y la alegría de las peñas, el estruendo en la plaza. El público reacciona más que en ninguna parte ante la obviedad, y a veces sólo ante la obviedad. Es difícil que saque matices de la corrida; al torero claramente valiente, se le aclama por valiente; al torero sospechoso de precavido, se le abronca por precavido. Los pequeños sectores de afición, que sí matizan, apenas cuentan en la plaza y sería imposible que fuera de otra forma, porque si el festejo tiene entidad tanto en el ruedo como en el tendido, si se desarrolla entre música de charanga, cánticos, gritos, movimiento, empujones, mucho comer y más beber, sería ocioso pedir que además hubiera análisis ponderados de las cambiantes circunstancias de la lidia.</p>

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		<title>Los aficionados franceses&#8230;</title>
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		<pubDate>Sat, 16 Oct 2010 10:02:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Joaquín Vidal]]></category>
		<category><![CDATA[Emilio Muñoz]]></category>
		<category><![CDATA[Feria del Toro]]></category>
		<category><![CDATA[San Fermin]]></category>

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		<description><![CDATA[[Joaquín Vidal] Sales del hotel por la mañana y después de hablar con un francés, ya estás metido en fiesta, la busques o no. La fiesta es Pamplona entera. El francés aparece siempre.
(Extracto de "40 años después... temporada 1987", 1988)]]></description>
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<h4>Joaquín Vidal</h4>
<h6>Extracto de la obra (40 años después, Temporada 1987, Espasa-Calpe, Madrid 1988)</h6>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">
<div id="attachment_4634" class="wp-caption alignleft" style="width: 177px"><img class="size-full wp-image-4634 " title="joaquin_vidal_Pamplona" src="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2010/10/joaquin_vidal_Pamplona.jpg" alt="" width="167" height="197" /><p class="wp-caption-text">Joaquín Vidal, en Pamplona</p></div>
<p>Sales del hotel por la mañana y después de hablar con un francés, ya estás metido en fiesta, la busques o no. La fiesta es Pamplona entera.</p>
<p style="text-align: justify;">El francés aparece siempre. Los aficionados franceses son más aficionados que nadie, no los hay mejores en el mundo entero. Acuden a cuantas corridas pueden, leen, estudian, contrastan opiniones y tienen adquirida una ciencia taurina de primer orden. Por eso cuando no hay un francés esperándote en la puerta del hotel, hay dos, y lo que pretenden es, exclusivamente, contrastar opiniones.</p>
<p style="text-align: justify;">-Usted dijo en una crónica de abril, en Sevilla, que Emilio Muñoz no entendió al toro porque lo toreó en tablas, y sin embargo yo creo que en los medios, aquel toro excesivamente codicioso&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">El apuro es recordar la crónica, la corrida, el toro, Emilio Muñoz&#8230;</p>

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		<title>La pesadilla de Paco Ojeda</title>
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		<pubDate>Sun, 28 Feb 2010 17:51:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Joaquín Vidal]]></category>
		<category><![CDATA[jandilla]]></category>

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		<description><![CDATA[Josaquín Vidal- Un torito le salió ayer a Paco Ojeda en Pamplona que fue su pesadilla. Aún debe estar soñando con él, si es que pudo pegar ojo, después del gran fracaso. Torito era, chiquitín. Nada que objetar al tamaño, pues ya es sabido que los juanpedros nacen, crecen, embisten y doblan dentro de pequeña caja, lo cual no desmerece su condición de toros. Les ocurre lo que a los humanos, que pueden ser chiquitos pero matones. (14-07-1983)]]></description>
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<h4>Joaquín Vidal</h4>
<h6>Publicado en <a title="El País" href="http://www.elpais.es">&#8220;El País&#8221;</a> el 15 julio 1983</h6>
<ul>
<li>Plaza de <strong>Pamplona.</strong> 14 de julio. Octava y última corrida de San Fermín. Toros de <strong>Jandill</strong>a (Juan Pedro Domecq), pequeños, flojos, con casta.<strong><br />
Niño de la Capea.</strong> <em>Estocada traserísima y baja (silencio). Pinchazo, estocada corta atravesada y dos descabellos (silencio). <strong>Emilio Muñoz</strong>. Pinchazo y bajonazo (algunos pitos). Bajonazo (silencio). Paco</em> <strong>Ojeda.</strong> <em>Tres pinchazos, rueda de peones -aviso con retraso-, otros dos pinchazos, bajonazo, rueda de peones y descabello (división y saludos). Pinchazo y bajonazo (Palmas).</em></li>
</ul>
<p><a href="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2010/02/Paco-ojeda-las-ventas-com.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-3653" title="Paco ojeda" src="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2010/02/Paco-ojeda-las-ventas-com.jpg" alt="Paco Ojeda (Las ventas.com)" width="256" height="270" /></a> Un torito le salió ayer a Paco Ojeda en Pamplona que fue su pesadilla. Aún debe estar soñando con él, si es que pudo pegar ojo, después del gran fracaso. Torito era, chiquitín. Nada que objetar al tamaño, pues ya es sabido que los <em>juanpedros</em> nacen, crecen, embisten y doblan dentro de pequeña caja, lo cual no desmerece su condición de toros. Les ocurre lo que a los humanos, que pueden ser chiquitos pero matones. En cambio, si se debe objetar que careciera de fuerza, hasta el punto de que la suerte de varas fue simulada y el individuo del castoreño, bien que a su pesar, le metía pica poca.</p>
<p>Pero el torito, de casta pura y brava sangre, se fue arriba, y volvió loco al fenómeno Paco Ojeda. El fenómeno Paco Ojeda no sabía ni por donde le venían las embestidas. Para distanciarlas y aliviarlas, abría tanto el compás, que se iba a herniar; es decir, que estiraba la pierna, estiraba el brazo, estiraba la muleta, cogida por la puntita del estoquillador para echar fuera cantidad de tela. No le quedaba nada más que estirar, y los del callejón debieron ser previsores y allegarle una caña, para que en un extremo colocara la pañosa.</p>
<p>Repetía el torito las embestidas, y a medida que el fenómeno era incapaz de dominarlas, acentuaba su codicia. Dos veces revolcó a Ojeda, el cual perdía terrenos, sitio y papeles, y a la hora de meter la espada, tampoco sabía por donde. El torito se había hecho el amo.Escuchó Ojeda un aviso, que pudieron ser dos si el presidente llega a aplicar con la debida puntualidad la norma horaria que rige para el tercio.</p>
<p>Aún no se le había pasado el susto al vertical diestro sanluqueño cuando tuvo que medirse con el sexto, más serio toro pero de peor condición (o quizá mejor; depende del estilo del artista), pues se mostraba reservón, con la cara alta. Hubo tres ayudados por bajo buenos de veras, rodilla en tierra y, a partir de aquí, yerma faena, mediocre interpretación del unipase. Así oficiaba el artista: colocarse, pegar uno, rectificar distancias, volverse a colocar durante un buen rato, pegar otro. Remataba con el de pecho, sin limpieza, plegaba la muleta, y se daba un garbeo por ahí, no se sabe si para que se refrescara el toro o para refrescarse él mismo, que apretaba la calor, y el de las astas, no menos.</p>
<p>Producido el fracaso, cabe concluir que ambos <em>juanpedro</em>s eran de su contraestilo. Entiéndase: para un fenómeno, un toro no debe embestir tanto como el tercero -¡estaríamos locos¡- ni tan poco como el sexto. Debe embestir una cosa media, de forma civilizada, a gusto del consumidor, sin molestar; que vaya cuando se le llama, y si no se le llama, que se quede tranquilo, ramoneando o escuchando la radio; que le digas &#8220;¡toma, toma, capullíto de alhelí&#8221; y te pegue un lametón amoroso. Con otro tipo de toro -lo saben taurinos- a ver quién es el guapo que mantiene el tipo de figura.</p>
<p>Niño de la Capea exhibió acelerones, tirones y enganchones con un noble ejemplar de casta, y porfió voluntarioso con un aplomado. Emilio Muñoz dio muchos pases a un inválido, y pocos a un pequeñín descaradete de pitones que tenía media arrancada y el colmillo retorcido.</p>
<p>En cambio, Emilio Muñoz hizo gala de colocación irreprochable, siguió de cerca la actuación de Ojeda cuando los revolcones y estaba presto al quite, en tanto Niño de la Capea, acodado en barreras y desmonterado por las antípodas, asumía el papel de espectador y sólo le faltaba colgarse al hombro la bota y pegarle tientos.</p>
<p>Al público le defraudó mucho la presentación de la corrida de Jandilla, que desentonaba del impresionante trapío que han lucido casi todas las demás en esta Feria del Toro. Se comprende, pero no hay que culpar a los organizadores, pues cada ganadería es como es y <em>los juanpedros,</em> con más esqueleto y grasa, ya no serían <em>juapedro</em>s. A mayor abundamiento, ahí están los resultados: uno de ellos volvió loco al fenómeno del momento, y ahora es su pesadilla. Hará bien Ojeda si, en el futuro, procura añadir técnica a cuanto le sobra de alarde, por si le sale otro. Lo de la vertical impavidez&#8221;, ayer se convirtió en desenfrenado perneo.</p>

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		<item>
		<title>Gladys armaba follón</title>
		<link>http://www.feriadeltoro.net/2009/cronicas/joaquin-vidal/gladys-armaba-follon/</link>
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		<pubDate>Fri, 18 Dec 2009 16:24:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Joaquín Vidal]]></category>
		<category><![CDATA[Pablo Romero]]></category>

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		<description><![CDATA[Joaquín Vidal, 1988-. La suramericana Gladys, alta, morena, miope, vestida toda de blanco al uso sanférminero, cargaba delantero, tropezaba en las erres y en los ojos le hacían candelillas, por lo que se ignora cómo pudo llegar a su localidad de sol. De arribada, morreó a un individuo, que se quedó sorprendidísimo. La jumera de Gladys, que le ahumaba por el aliento como bodega riojana, venía crecida de horas atrás y se había hecho valiente como un acorazado.]]></description>
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<div class="topsy_widget_data topsy_theme_blue" style="float: right;margin-left: 0.75em; background: url(data:,%7B%20%22url%22%3A%20%22http%253A%252F%252Fwww.feriadeltoro.net%252F2009%252Fcronicas%252Fjoaquin-vidal%252Fgladys-armaba-follon%252F%22%2C%20%22style%22%3A%20%22big%22%2C%20%22title%22%3A%20%22Gladys%20armaba%20foll%C3%B3n%22%20%7D);"></div>
<h4>Joaquín Vidal</h4>
<h6><a href="http://www.elpais.com/articulo/cultura/CARRETERO/_JOSE_ANTONIO_/TOROS/GONZALEZ/_DAMASO_/TOROS/NIMENO_II/NAVARRA/PAMPLONA_/MUNICIPIO/FERIA_DE_SAN_FERMIN/elpepicul/19880711elpepicul_5/Tes?print=1" target="_blank">El País</a>, 11 julio 1988</h6>
<p style="padding-left: 30px;"><em>Toros de <strong>Pablo Romero</strong>, muy desiguales de presencia, cornicortos, flojos, descastados. <strong>Dámaso González: </strong>dos pinchazos y media (silencio); pinchazo hondo atravesado bajo y tres descabeflos (silencio). <strong>Nimeño II</strong>: estocada corta delantera atravesada muy baja que produce vomito (vuelta); dos pinchazos, estocada atravesadísima que asoma y descabello barrenando (silencio). <strong>José Antonio Carretero</strong>: bajonazo y dos descabellos (silencio); estocada caida (palmas). Plaza de Pamplona, 10 de julio.Quinta corrida de feria.</em></p>
<p>JV-. Mientras en el ruedo los Pablo Romero daban la nota del ganado de media casta y los diestros intentaban inútilmente poner algo de orden y de en aquel feo asunto, la americana Gladys armaba follón la grada de sol. La suramericana Gladys llegó al coso con una tajada como un piano.</p>
<div id="attachment_2748" class="wp-caption alignleft" style="width: 376px"><a href="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2009/08/401.JPG"><img class="size-full wp-image-2748  " title="Libre albedrío (foto: Javier San Martín)" src="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2009/08/401.JPG" alt="A las del libre albedrío... no (Javier San Martín)" width="366" height="295" /></a><p class="wp-caption-text">Mozos y mozas (Javier San Martín, 2009)</p></div>
<p>La suramericana Gladys, alta, morena, miope, vestida toda de blanco al uso sanférminero, cargaba delantero, tropezaba en las erres y en los ojos le hacían candelillas, por lo que se ignora como pudo llegar a su localidad de sol. De arribada, morreó a un individuo, que se quedó sorprendidísimo. La jumera de Gladys, que le ahumaba por el aliento como bodega riojana, venía crecida de horas atrás y se había hecho valiente como un acorazado. Gladys, de pie, braceaba, pegaba voces; sentada, caía casualmente en las rodillas de algun mozo, que mecía su cuerpo moreno entre risas nerviosas.</p>
<p>Dámaso González, en el ruedo, con ayuda de sus banderilleros bajitos, intentaba fijar al Pablo Romero altísimo, que correteaba a la huida. Muleta en mano también intentó fijar al Pablo Romero topón, pero era imposible. Al ganado amoruchado no le van las reglas de la tauromaquia. Al ganado amoruchado hay que hacerle lo que Dámaso González al moriburro ese, y al cuarto de similar catadura, que es una porfía justificativa del -viaje, honorarios precio de las localidades y molestia de vestirse de luces, y abreviar.</p>
<p>O lo de José Antonio Carretero, que era bullir, meter el pase que procediera, aprovechando que el Pablo Romero se decidía a caminar o a trotar vencido hacia la querencia, y podía ser un derechazo, un pase de pecho, un molinete, tres o cuatro rodillazos, desplante de aqui te espero. No estan inexperto José Antonio Carretero como pudieran indicar sus pocos años de edad y de alternativa.</p>
<p>Peor papel hizo con las banderillas, pues una cosa es aliviarse y otra reunir tan lejos de la cabeza del toro, que casi lo hacía desde el rabo. Aun los más indoctos en materia banderillera advirtieron y, naturalmente, denostaron su descarado ventajismo. El banderilleo ventajista era ayer moneda de uso corriente y Nimeño II incurrió en lo propio cuantas veces pareó, que fueron todas las posibles.</p>
<p><strong><em>Una morena de perlas</em></strong></p>
<p>El público hacía lo que podía, mientras tanto, y desde la muerte del cuarto toro le daba al diente con afán. También los de la grada de sol, que recorría Gladys yéndose de zaga entre Pinto y Valdemoro. Ahora bien, su suerte había cambiado de súbito. Al mocerío circundante, que le cayera una morena encima durante la corrida interminable e insulsa le parecía de perlas. No le parecía de perlas, en cambio, que le impiedera merendar a gusto, y durante la pitanza se la quitaba de encima.Al único toro medio-potable de la tarde, el segundo, de esos que van y vienen sin molestar ni apercibir al hombre, le dió Nimeño Il naturales y derechazos compuestos, que no garboso ni pinturero. Por el contrario el toreo de Nimeño II caía igual que losa inmisericorde sobre los espectadores, ya de suyo afligidos por el calor espeso que intentaba fundir Pamplona. En el quinto, manejable por el izquierdo, repitió la sesión de aburrimiento.</p>
<p>Apuraban entonces los mozos las botellas de champán e intentaban reconciliarse con la Gladys vinolenta, cuya papalina era digna de inscribirse en los anales del coso. Si mil mozos tenía alrededor, veia 2.000. &#8220;&#8216;¡En ésta siudá hay demasiada gente!&#8221;, chillaba, y entonces queria irse, bien lejos, es decir, a la grada de al lado. A la luz de la chucha que llevaba, la grada de al lado debía ser lo menos Alcalá de Guadaira.</p>
<p>Los toreros se marcharon sin pena y sin gloria. Las peñas, bailando al estruendo de sus charangas. Y la suramericana en medio, brazos en alto, pies descalzos, la culera negra zaina, el polo rojo,tinto, las gafas colgando de la oreja por una patilla, la melena pegajosa, los ojos viendo doble, y varias docenas de manos en el trasero, para que no rodara por allí.</p>

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		<title>Con lo que hay que tener</title>
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		<pubDate>Wed, 04 Nov 2009 19:07:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Joaquín Vidal]]></category>
		<category><![CDATA[Manili]]></category>
		<category><![CDATA[Miura]]></category>
		<category><![CDATA[Roberto Domínguez]]></category>

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		<description><![CDATA[JOAQUÍN VIDAL-. Una corrida terrorífica echó ayer en Pamplona Eduardo Miura, desde luego por su presentación pero más aún por el peligro que tuvieron todos los toros. Estos ganaderos de leyenda saben bien qué productos mandan a cada lugar, si los van a torear figuras, son bombones; si no, dinamita.]]></description>
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<div class="topsy_widget_data topsy_theme_blue" style="float: right;margin-left: 0.75em; background: url(data:,%7B%20%22url%22%3A%20%22http%253A%252F%252Fwww.feriadeltoro.net%252F2009%252Fcronicas%252Fjoaquin-vidal%252Fcon-lo-que-hay-que-tener-miura-manili-pamplona-1988%252F%22%2C%20%22style%22%3A%20%22big%22%2C%20%22title%22%3A%20%22Con%20lo%20que%20hay%20que%20tener%22%20%7D);"></div>
<h4>Joaquín Vidal</h4>
<h6>Publicado en &#8220;<a title="El País" href="http://www.elpais.com/articulo/cultura/hay/tener/elpepicul/19880715elpepicul_6/Tes" target="_blank">El País</a>&#8221; el 15 julio 1988</h6>
<p style="padding-left: 30px;"><strong>Miura / Ruiz Miguel, Dominguez, Manili</strong></p>
<h6 style="padding-left: 30px;">Toros de Eduardo Miura, impresionantes de trapío, mansos, broncos, peligrosos. Ruiz Miguel: estocada contraria saliendo derribado (oreja); pinchazo, estocada corta y dos descabellos (gran ovación y salida al tercio). Roberto Domínguez: estocada y dos descabellos (vuelta); dos pinchazos, media escandalosamente atravesada delantera baja y descabellos (silencio). Manili: estocada baja (oreja); estocada (dos orejas). Salió a hombros. Plaza de Pamplona, 14 de julio.Novena y última corrida de feria.</h6>
<div>
<div id="attachment_3192" class="wp-caption alignleft" style="width: 330px"><img class="size-full wp-image-3192 " title="Manili en Pamplona" src="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2009/11/Manili-feria-del-toro.jpg" alt="Manili en la vuelta a ruedo" width="320" height="258" /><p class="wp-caption-text">Manili en la vuelta a ruedo</p></div>
<p>JOAQUIN VIDAL,  Una corrida terrorífica echó ayer en Pamplona Eduardo Miura, desde luego por su presentación pero más aún por el peligro que tuvieron todos los toros. Estos ganaderos de leyenda saben bien qué productos mandan a cada lugar, para reforzar el mito y subir su cotización: si los van a torear figuras, son bombones; si no los van a torear figuras, dinamita. Y a vivir. Ayer eran dinamita, o habría que decir trilita, pero les hicieron frente toreros que tienen lo que hay que tener -y les falta a las figuras aquellas- En estas condiciones, la corrida fue, por parte de los toreros, una gesta, mientras el ganadero hacía el mayor de los ridículos.</p>
<p>Una gesta porque plantaron cara a los toros, se jugaron la vida, acabaron dominándolos y cortaron orejas. La verdad es que todas las faenas resultaron angustiosas. Cada cite era un reto amargo a la cornada, cada embestida un gañafón, cada pase un susto. Y allí se quedaban los toreros con lo que hay que tener, a milímetros del pitón, buscando pateticamente el triunfo.</p>
<p>La lidia de los tres primeros toros, principalmente primero y tercero, transcurrió entre continuos sobresaltos. Ruiz Miguel alternaba naturales y redondos porfiando las acometidas descompuestas del miuraza, para embarcarlo, una y otra vez. Cuando se perfiló para matar hubo un suspiro de alivio y sin embargo vino entonces lo peor pues se volcó sobre el morrillo y el toro lo lanzó violentamente bajo el estribo de las barrera.</p>
<p>Roberto Dominguez no perdió la compostura con un toro de media arrancada, ni incluso cuando le atrapó por detrás, derribándole. Como si no hubiera estado unos minutos dramáticos entre las pezuñas rasguñantes y las astas temibles que le buscaban en el suelo, se incorporo tranquilo y, pletórico de torería, instrumento los mejores muletazos de su faena. El tercero, de 636 kilos, era un pregonao y pues Manili se fajó con él por ambos pitones con un coraje impresionante, la faena fue de pesadilla. Por el pitón derecho asesinaba el Miura, lo que no impidió que Manili también quisiera someterlo por derechazos, y sufrió un volteretón de abrigo<strong>.</strong></p>
<p><strong>Músculos y cuernos</strong></p>
<p>El cuarto, 656 kilos de huesos, músculos y cuernos, tenía flojedad de patas aunque no de intenciones, que reto Ruiz Miguel en una porfia continua cerquísima de las astas. La última merienda sanferminera se le quedaba al angustiado público atravesada en la garganta, e intentaba pasarla con champán, pero lo que necesitaba era tila. Al quinto, aun mas invalido y de casta ayuno, le anduvo Roberto Domínguez torero y garboso, que es cuanto procedía. Los mozos ya cantaban el vals de Astrain, qué guapa estas María, canta y no <em>llores</em> y, en fin, todo el repertorio, en plan de despedida, hasta que salió el sexto, Manili se hizo presente, y un escalofrío de emoción recorrio los tendidos.</p>
<p>El sexto, un colorao de 614 kilos, topón, incierto y canalla, quería ser el gallito del ruedo, proclamó su primacóa con tres derrotes bestiales en los ayudados por bajo y se encontró con la sorpresa de que Manili se echaba la muleta a la izquierda y, !je, toro!, le robaba tres naturales como tres soles. De ahí en adelante todo fue una pelea de poder a poder. Nada de exquisiteces. De un lado, bronquedad y cornadas; de otro, hombría, valor, coraje, y una técnica depurada para elegir terrenos, medir distancias, obligar a fondo, vaciar lo justo. Finalmente Manili ganó la pelea, y mientras el público, puesto en pie, le aclamaba &#8220;¡torero, torero!&#8221; arrojo lejos los trastos para hacer un largo desplante a cuerpo limpio frente a los pitones.</p>
<p>El peor ganado de la feria, el más descastado y peligroso que haya saltado a la arena en las corridas sanfermineras, provocó el triunfo indiscutible de los tres diestros y la consagración de Manilí en Pamplona. Se lo llevaban a hombros, en medio de un clamor de charangas y vítores, y la afición pamplonesa juraba que para encontrar otros toreros, con igual pundonor y parecidas agallas, habría que remontarse a la época de Lagartijo y Frascuelo. Los miuras también eran de la época de Lagartijo y Frascuelo. De manera que la corrida de ayer fue histórica por muchos conceptos.</p></div>

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		<title>Un coladero</title>
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		<pubDate>Tue, 06 Oct 2009 19:56:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Joaquín Vidal]]></category>
		<category><![CDATA[Emilio Muñoz]]></category>
		<category><![CDATA[Joaquín Pascal]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Mora]]></category>
		<category><![CDATA[Torrestrella]]></category>

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<h4>Joaquín Vidal</h4>
<h6><strong><a title="El País" href="http://www.elpais.com/">El País</a></strong>, 13 julio 1994  <strong></strong></h6>
<p><strong>Torrestrella / Muñoz, Mora, Chamaco</strong></p>
<h6>Toros de Torrestrella, con trapío y estampa aunque varios sospechosos de pitones, flojos excepto 6º -que derribó-, pastueños en general. <strong>Emilio Muñoz</strong>: estocada muy trasera caída (oreja con escasa petición); media estocada caída y rueda insistente de peones (oreja con mínima petición y también con protestas). <strong>Juan Mora</strong>: pinchazo y estocada caída (aplausos); estocada corta caída (dos orejas). <strong>Chamaco</strong>: cuatro pinchazos y estocada delantera caída (silencio); pinchazo bajo, otro pescuecero y otro hondo (silencio). Muñoz y Mora salieron a hombros por la puerta grande. Plaza de Pamplona, 12 de julio. 7ª corrida de feria. Lleno.</h6>
<div id="attachment_3008" class="wp-caption alignleft" style="width: 346px"><img class="size-full wp-image-3008  " title="Teendido de Sol, año 2008" src="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2009/10/RTX7UPZ_Comp.jpg" alt="Brindis al Sol, (Foto: Eloy Alonso para Reuters)" width="336" height="219" /><p class="wp-caption-text">Brindis al Sol, (Foto: Eloy Alonso para Reuters)</p></div>
<p>PAMPLONA-. Cuatro orejas se cortaron y Emilio Muñoz y Juan Mora salieron a hombros por la puerta grande, pero no en virtud del arte de torear excelso sino de la industria de una plaza que se ha convertido en el gran coladero. Para decirlo pronto: las faenas y las estocadas premiadas con orejas no valieron dos pesetas.Bueno, quizá valieron las dos pesetas, y unas cuantas más. Al fin y al cabo los diestros se tomaron la molestia de vestirse de luces, estar a la hora en punto en el portón de cuadrillas, ponerse delante de los toros, aguantar el ensordecedor griterío sanferminero como si fuera música celestial, trapacear por allí, pegar tirones, al rematar los pases salir corriendo, poner posturas, hacer gestos jactanciosos cual si acabaran de inventar el arte de Cúchares, sonreir al graderío&#8230;</p>
<p>Todo ese esfuerzo y algunos otros marginales tienen un precio y hay que pagarlo. O sea, más de dos pesetas valió aquello. Sin embargo las orejas poseen una simbología que va más allá de la materialidad del vil metal. Las orejas son trofeos que premian el arte y el valor y eso es lo que no se vio para nada en la corrida sanferminera, daba igual que se la mirara con lupa o a través del culo de una botella.</p>
<p>Nunca pretendió ser el coso pamplonés -con la afición que alberga- custodio de la inaprensible exquisitez, como La Maestranza de Sevilla, ni de la autenticidad escueta, como Las Ventas de Madrid, e incluso desde tiempo inmemorial le complacían y hasta colmaban los toreros bullidores, principalmente los tremendistas, cuyos alardes les ponían a los mozos el corazón en un puño.</p>
<p>Nunca fue el coso pamplonés, en cambio, la campa donde se va a merendar y a empinar el codo, un lugar en el sol, un coladero donde todo cuanto sucediese en el ruedo le trajera sin cuidado, y a madie le importara que allá ni siquiera sucediese absolutamente nada. Y resulta que así está la Pamplona taurina en este momento. Se salvan 73 aficionados de esos que están atentos a la lidia -eran 74, pero uno lo ingresaron ayer con una indigestión de pochas- y es difícil encontrar entre la multitud que abarrota la plaza alguien a quien le interesen el toro, el torero, el toreo, las orejas, el presidente y la buena madre que los trajo a todos al mundo.</p>
<p>Y así ocurrió que por esa indiferencia se colaron las faenas inexistentes, las suertes imaginarias, las estocadas ignotas, las orejas regaladas, las falsas apoteosis, las salidas triunfales por la puerta grande a hombros de unos costaleros a quienes hay que pagar a escote, pues sin cobrar no se dejan montar en la chepa ni una mosca; menudos son los costaleros.</p>
<p>Emilio Muñoz dio muchos pases de izquierda y de derecha a los dos nobles toros de su lote y ambos se le fueron sin torear, porque ni los templó ni les ligó los pases.</p>
<p>Juan Mora desaprovechó la inequívoca nobleza de su primer Torrestrella administrándole una inacabable y aburrida faena, y en el excepcional quinto cuidó la apostura, extremó la pinturería, y en realidad no consiguió templar los muletazos, que ejecutaba con abusiva utilización del pico de la muleta. Lo de Chamaco aún resultó peor, porque toreó sin ajuste, templanza, variación ni gusto.</p>
<p>El segundo toro de Chamaco -último de la tarde- pudo ofrecer gran espectáculo de haber tenido mejor lidia. Poderoso y posiblemente bravo, tumbó estrepitosamente el caballo y el individuo del castoreño que se encaramaba arriba y en los siguientes encuentros el derribado caballero se tomó cruel venganza convirtiéndole en hamburguesa los lomos y además tapándole la salida, de manera que no se pudo saber si el toro se recrecía al castigo confirmando su bravura o buscaba la huída cantando la gallina. Un sórdido suceso, por supuesto; una lamentable tropelía que puso de los nervios a los 73 aficionados (al 74º le subirá la fiebre, cuando se entere) mientras el resto de la multitud lo celebraba, y con atronador acorapañamiento de trompetas, atabales y bombos, coreó a, pleno pulmón: &#8220;¡Barça, Barça, Baaarça!&#8221;.</p>

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