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	<title>Feria del Toro, Feria de San fermin &#187; Joaquín Vidal</title>
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	<description>   Web no oficial de la feria taurina de Pamplona...</description>
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		<title>La pesadilla de Paco Ojeda</title>
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		<pubDate>Sun, 28 Feb 2010 17:51:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Joaquín Vidal]]></category>
		<category><![CDATA[jandilla]]></category>

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		<description><![CDATA[Josaquín Vidal- Un torito le salió ayer a Paco Ojeda en Pamplona que fue su pesadilla. Aún debe estar soñando con él, si es que pudo pegar ojo, después del gran fracaso. Torito era, chiquitín. Nada que objetar al tamaño, pues ya es sabido que los juanpedros nacen, crecen, embisten y doblan dentro de pequeña caja, lo cual no desmerece su condición de toros. Les ocurre lo que a los humanos, que pueden ser chiquitos pero matones. (14-07-1983)]]></description>
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<h4>Joaquín Vidal</h4>
<h6>Publicado en <a title="El País" href="http://www.elpais.es">&#8220;El País&#8221;</a> el 15 julio 1983</h6>
<ul>
<li>Plaza de <strong>Pamplona.</strong> 14 de julio. Octava y última corrida de San Fermín. Toros de <strong>Jandill</strong>a (Juan Pedro Domecq), pequeños, flojos, con casta.<strong><br />
Niño de la Capea.</strong> <em>Estocada traserísima y baja (silencio). Pinchazo, estocada corta atravesada y dos descabellos (silencio). <strong>Emilio Muñoz</strong>. Pinchazo y bajonazo (algunos pitos). Bajonazo (silencio). Paco</em> <strong>Ojeda.</strong> <em>Tres pinchazos, rueda de peones -aviso con retraso-, otros dos pinchazos, bajonazo, rueda de peones y descabello (división y saludos). Pinchazo y bajonazo (Palmas).</em></li>
</ul>
<p><a href="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2010/02/Paco-ojeda-las-ventas-com.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-3653" title="Paco ojeda" src="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2010/02/Paco-ojeda-las-ventas-com.jpg" alt="Paco Ojeda (Las ventas.com)" width="256" height="270" /></a> Un torito le salió ayer a Paco Ojeda en Pamplona que fue su pesadilla. Aún debe estar soñando con él, si es que pudo pegar ojo, después del gran fracaso. Torito era, chiquitín. Nada que objetar al tamaño, pues ya es sabido que los <em>juanpedros</em> nacen, crecen, embisten y doblan dentro de pequeña caja, lo cual no desmerece su condición de toros. Les ocurre lo que a los humanos, que pueden ser chiquitos pero matones. En cambio, si se debe objetar que careciera de fuerza, hasta el punto de que la suerte de varas fue simulada y el individuo del castoreño, bien que a su pesar, le metía pica poca.</p>
<p>Pero el torito, de casta pura y brava sangre, se fue arriba, y volvió loco al fenómeno Paco Ojeda. El fenómeno Paco Ojeda no sabía ni por donde le venían las embestidas. Para distanciarlas y aliviarlas, abría tanto el compás, que se iba a herniar; es decir, que estiraba la pierna, estiraba el brazo, estiraba la muleta, cogida por la puntita del estoquillador para echar fuera cantidad de tela. No le quedaba nada más que estirar, y los del callejón debieron ser previsores y allegarle una caña, para que en un extremo colocara la pañosa.</p>
<p>Repetía el torito las embestidas, y a medida que el fenómeno era incapaz de dominarlas, acentuaba su codicia. Dos veces revolcó a Ojeda, el cual perdía terrenos, sitio y papeles, y a la hora de meter la espada, tampoco sabía por donde. El torito se había hecho el amo.Escuchó Ojeda un aviso, que pudieron ser dos si el presidente llega a aplicar con la debida puntualidad la norma horaria que rige para el tercio.</p>
<p>Aún no se le había pasado el susto al vertical diestro sanluqueño cuando tuvo que medirse con el sexto, más serio toro pero de peor condición (o quizá mejor; depende del estilo del artista), pues se mostraba reservón, con la cara alta. Hubo tres ayudados por bajo buenos de veras, rodilla en tierra y, a partir de aquí, yerma faena, mediocre interpretación del unipase. Así oficiaba el artista: colocarse, pegar uno, rectificar distancias, volverse a colocar durante un buen rato, pegar otro. Remataba con el de pecho, sin limpieza, plegaba la muleta, y se daba un garbeo por ahí, no se sabe si para que se refrescara el toro o para refrescarse él mismo, que apretaba la calor, y el de las astas, no menos.</p>
<p>Producido el fracaso, cabe concluir que ambos <em>juanpedro</em>s eran de su contraestilo. Entiéndase: para un fenómeno, un toro no debe embestir tanto como el tercero -¡estaríamos locos¡- ni tan poco como el sexto. Debe embestir una cosa media, de forma civilizada, a gusto del consumidor, sin molestar; que vaya cuando se le llama, y si no se le llama, que se quede tranquilo, ramoneando o escuchando la radio; que le digas &#8220;¡toma, toma, capullíto de alhelí&#8221; y te pegue un lametón amoroso. Con otro tipo de toro -lo saben taurinos- a ver quién es el guapo que mantiene el tipo de figura.</p>
<p>Niño de la Capea exhibió acelerones, tirones y enganchones con un noble ejemplar de casta, y porfió voluntarioso con un aplomado. Emilio Muñoz dio muchos pases a un inválido, y pocos a un pequeñín descaradete de pitones que tenía media arrancada y el colmillo retorcido.</p>
<p>En cambio, Emilio Muñoz hizo gala de colocación irreprochable, siguió de cerca la actuación de Ojeda cuando los revolcones y estaba presto al quite, en tanto Niño de la Capea, acodado en barreras y desmonterado por las antípodas, asumía el papel de espectador y sólo le faltaba colgarse al hombro la bota y pegarle tientos.</p>
<p>Al público le defraudó mucho la presentación de la corrida de Jandilla, que desentonaba del impresionante trapío que han lucido casi todas las demás en esta Feria del Toro. Se comprende, pero no hay que culpar a los organizadores, pues cada ganadería es como es y <em>los juanpedros,</em> con más esqueleto y grasa, ya no serían <em>juapedro</em>s. A mayor abundamiento, ahí están los resultados: uno de ellos volvió loco al fenómeno del momento, y ahora es su pesadilla. Hará bien Ojeda si, en el futuro, procura añadir técnica a cuanto le sobra de alarde, por si le sale otro. Lo de la vertical impavidez&#8221;, ayer se convirtió en desenfrenado perneo.</p>

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		<title>Gladys armaba follón</title>
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		<pubDate>Fri, 18 Dec 2009 16:24:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Joaquín Vidal]]></category>
		<category><![CDATA[Pablo Romero]]></category>

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		<description><![CDATA[Joaquín Vidal, 1988-. La suramericana Gladys, alta, morena, miope, vestida toda de blanco al uso sanférminero, cargaba delantero, tropezaba en las erres y en los ojos le hacían candelillas, por lo que se ignora cómo pudo llegar a su localidad de sol. De arribada, morreó a un individuo, que se quedó sorprendidísimo. La jumera de Gladys, que le ahumaba por el aliento como bodega riojana, venía crecida de horas atrás y se había hecho valiente como un acorazado.]]></description>
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<h4>Joaquín Vidal</h4>
<h6><a href="http://www.elpais.com/articulo/cultura/CARRETERO/_JOSE_ANTONIO_/TOROS/GONZALEZ/_DAMASO_/TOROS/NIMENO_II/NAVARRA/PAMPLONA_/MUNICIPIO/FERIA_DE_SAN_FERMIN/elpepicul/19880711elpepicul_5/Tes?print=1" target="_blank">El País</a>, 11 julio 1988</h6>
<p style="padding-left: 30px;"><em>Toros de <strong>Pablo Romero</strong>, muy desiguales de presencia, cornicortos, flojos, descastados. <strong>Dámaso González: </strong>dos pinchazos y media (silencio); pinchazo hondo atravesado bajo y tres descabeflos (silencio). <strong>Nimeño II</strong>: estocada corta delantera atravesada muy baja que produce vomito (vuelta); dos pinchazos, estocada atravesadísima que asoma y descabello barrenando (silencio). <strong>José Antonio Carretero</strong>: bajonazo y dos descabellos (silencio); estocada caida (palmas). Plaza de Pamplona, 10 de julio.Quinta corrida de feria.</em></p>
<p>JV-. Mientras en el ruedo los Pablo Romero daban la nota del ganado de media casta y los diestros intentaban inútilmente poner algo de orden y de en aquel feo asunto, la americana Gladys armaba follón la grada de sol. La suramericana Gladys llegó al coso con una tajada como un piano.</p>
<div id="attachment_2748" class="wp-caption alignleft" style="width: 376px"><a href="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2009/08/401.JPG"><img class="size-full wp-image-2748  " title="Libre albedrío (foto: Javier San Martín)" src="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2009/08/401.JPG" alt="A las del libre albedrío... no (Javier San Martín)" width="366" height="295" /></a><p class="wp-caption-text">Mozos y mozas (Javier San Martín, 2009)</p></div>
<p>La suramericana Gladys, alta, morena, miope, vestida toda de blanco al uso sanférminero, cargaba delantero, tropezaba en las erres y en los ojos le hacían candelillas, por lo que se ignora como pudo llegar a su localidad de sol. De arribada, morreó a un individuo, que se quedó sorprendidísimo. La jumera de Gladys, que le ahumaba por el aliento como bodega riojana, venía crecida de horas atrás y se había hecho valiente como un acorazado. Gladys, de pie, braceaba, pegaba voces; sentada, caía casualmente en las rodillas de algun mozo, que mecía su cuerpo moreno entre risas nerviosas.</p>
<p>Dámaso González, en el ruedo, con ayuda de sus banderilleros bajitos, intentaba fijar al Pablo Romero altísimo, que correteaba a la huida. Muleta en mano también intentó fijar al Pablo Romero topón, pero era imposible. Al ganado amoruchado no le van las reglas de la tauromaquia. Al ganado amoruchado hay que hacerle lo que Dámaso González al moriburro ese, y al cuarto de similar catadura, que es una porfía justificativa del -viaje, honorarios precio de las localidades y molestia de vestirse de luces, y abreviar.</p>
<p>O lo de José Antonio Carretero, que era bullir, meter el pase que procediera, aprovechando que el Pablo Romero se decidía a caminar o a trotar vencido hacia la querencia, y podía ser un derechazo, un pase de pecho, un molinete, tres o cuatro rodillazos, desplante de aqui te espero. No estan inexperto José Antonio Carretero como pudieran indicar sus pocos años de edad y de alternativa.</p>
<p>Peor papel hizo con las banderillas, pues una cosa es aliviarse y otra reunir tan lejos de la cabeza del toro, que casi lo hacía desde el rabo. Aun los más indoctos en materia banderillera advirtieron y, naturalmente, denostaron su descarado ventajismo. El banderilleo ventajista era ayer moneda de uso corriente y Nimeño II incurrió en lo propio cuantas veces pareó, que fueron todas las posibles.</p>
<p><strong><em>Una morena de perlas</em></strong></p>
<p>El público hacía lo que podía, mientras tanto, y desde la muerte del cuarto toro le daba al diente con afán. También los de la grada de sol, que recorría Gladys yéndose de zaga entre Pinto y Valdemoro. Ahora bien, su suerte había cambiado de súbito. Al mocerío circundante, que le cayera una morena encima durante la corrida interminable e insulsa le parecía de perlas. No le parecía de perlas, en cambio, que le impiedera merendar a gusto, y durante la pitanza se la quitaba de encima.Al único toro medio-potable de la tarde, el segundo, de esos que van y vienen sin molestar ni apercibir al hombre, le dió Nimeño Il naturales y derechazos compuestos, que no garboso ni pinturero. Por el contrario el toreo de Nimeño II caía igual que losa inmisericorde sobre los espectadores, ya de suyo afligidos por el calor espeso que intentaba fundir Pamplona. En el quinto, manejable por el izquierdo, repitió la sesión de aburrimiento.</p>
<p>Apuraban entonces los mozos las botellas de champán e intentaban reconciliarse con la Gladys vinolenta, cuya papalina era digna de inscribirse en los anales del coso. Si mil mozos tenía alrededor, veia 2.000. &#8220;&#8216;¡En ésta siudá hay demasiada gente!&#8221;, chillaba, y entonces queria irse, bien lejos, es decir, a la grada de al lado. A la luz de la chucha que llevaba, la grada de al lado debía ser lo menos Alcalá de Guadaira.</p>
<p>Los toreros se marcharon sin pena y sin gloria. Las peñas, bailando al estruendo de sus charangas. Y la suramericana en medio, brazos en alto, pies descalzos, la culera negra zaina, el polo rojo,tinto, las gafas colgando de la oreja por una patilla, la melena pegajosa, los ojos viendo doble, y varias docenas de manos en el trasero, para que no rodara por allí.</p>

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		<title>Con lo que hay que tener</title>
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		<pubDate>Wed, 04 Nov 2009 19:07:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Joaquín Vidal]]></category>
		<category><![CDATA[Manili]]></category>
		<category><![CDATA[Miura]]></category>
		<category><![CDATA[Roberto Domínguez]]></category>

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		<description><![CDATA[JOAQUÍN VIDAL-. Una corrida terrorífica echó ayer en Pamplona Eduardo Miura, desde luego por su presentación pero más aún por el peligro que tuvieron todos los toros. Estos ganaderos de leyenda saben bien qué productos mandan a cada lugar, si los van a torear figuras, son bombones; si no, dinamita.]]></description>
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<h4>Joaquín Vidal</h4>
<h6>Publicado en &#8220;<a title="El País" href="http://www.elpais.com/articulo/cultura/hay/tener/elpepicul/19880715elpepicul_6/Tes" target="_blank">El País</a>&#8221; el 15 julio 1988</h6>
<p style="padding-left: 30px;"><strong>Miura / Ruiz Miguel, Dominguez, Manili</strong></p>
<h6 style="padding-left: 30px;">Toros de Eduardo Miura, impresionantes de trapío, mansos, broncos, peligrosos. Ruiz Miguel: estocada contraria saliendo derribado (oreja); pinchazo, estocada corta y dos descabellos (gran ovación y salida al tercio). Roberto Domínguez: estocada y dos descabellos (vuelta); dos pinchazos, media escandalosamente atravesada delantera baja y descabellos (silencio). Manili: estocada baja (oreja); estocada (dos orejas). Salió a hombros. Plaza de Pamplona, 14 de julio.Novena y última corrida de feria.</h6>
<div>
<div id="attachment_3192" class="wp-caption alignleft" style="width: 330px"><img class="size-full wp-image-3192 " title="Manili en Pamplona" src="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2009/11/Manili-feria-del-toro.jpg" alt="Manili en la vuelta a ruedo" width="320" height="258" /><p class="wp-caption-text">Manili en la vuelta a ruedo</p></div>
<p>JOAQUIN VIDAL,  Una corrida terrorífica echó ayer en Pamplona Eduardo Miura, desde luego por su presentación pero más aún por el peligro que tuvieron todos los toros. Estos ganaderos de leyenda saben bien qué productos mandan a cada lugar, para reforzar el mito y subir su cotización: si los van a torear figuras, son bombones; si no los van a torear figuras, dinamita. Y a vivir. Ayer eran dinamita, o habría que decir trilita, pero les hicieron frente toreros que tienen lo que hay que tener -y les falta a las figuras aquellas- En estas condiciones, la corrida fue, por parte de los toreros, una gesta, mientras el ganadero hacía el mayor de los ridículos.</p>
<p>Una gesta porque plantaron cara a los toros, se jugaron la vida, acabaron dominándolos y cortaron orejas. La verdad es que todas las faenas resultaron angustiosas. Cada cite era un reto amargo a la cornada, cada embestida un gañafón, cada pase un susto. Y allí se quedaban los toreros con lo que hay que tener, a milímetros del pitón, buscando pateticamente el triunfo.</p>
<p>La lidia de los tres primeros toros, principalmente primero y tercero, transcurrió entre continuos sobresaltos. Ruiz Miguel alternaba naturales y redondos porfiando las acometidas descompuestas del miuraza, para embarcarlo, una y otra vez. Cuando se perfiló para matar hubo un suspiro de alivio y sin embargo vino entonces lo peor pues se volcó sobre el morrillo y el toro lo lanzó violentamente bajo el estribo de las barrera.</p>
<p>Roberto Dominguez no perdió la compostura con un toro de media arrancada, ni incluso cuando le atrapó por detrás, derribándole. Como si no hubiera estado unos minutos dramáticos entre las pezuñas rasguñantes y las astas temibles que le buscaban en el suelo, se incorporo tranquilo y, pletórico de torería, instrumento los mejores muletazos de su faena. El tercero, de 636 kilos, era un pregonao y pues Manili se fajó con él por ambos pitones con un coraje impresionante, la faena fue de pesadilla. Por el pitón derecho asesinaba el Miura, lo que no impidió que Manili también quisiera someterlo por derechazos, y sufrió un volteretón de abrigo<strong>.</strong></p>
<p><strong>Músculos y cuernos</strong></p>
<p>El cuarto, 656 kilos de huesos, músculos y cuernos, tenía flojedad de patas aunque no de intenciones, que reto Ruiz Miguel en una porfia continua cerquísima de las astas. La última merienda sanferminera se le quedaba al angustiado público atravesada en la garganta, e intentaba pasarla con champán, pero lo que necesitaba era tila. Al quinto, aun mas invalido y de casta ayuno, le anduvo Roberto Domínguez torero y garboso, que es cuanto procedía. Los mozos ya cantaban el vals de Astrain, qué guapa estas María, canta y no <em>llores</em> y, en fin, todo el repertorio, en plan de despedida, hasta que salió el sexto, Manili se hizo presente, y un escalofrío de emoción recorrio los tendidos.</p>
<p>El sexto, un colorao de 614 kilos, topón, incierto y canalla, quería ser el gallito del ruedo, proclamó su primacóa con tres derrotes bestiales en los ayudados por bajo y se encontró con la sorpresa de que Manili se echaba la muleta a la izquierda y, !je, toro!, le robaba tres naturales como tres soles. De ahí en adelante todo fue una pelea de poder a poder. Nada de exquisiteces. De un lado, bronquedad y cornadas; de otro, hombría, valor, coraje, y una técnica depurada para elegir terrenos, medir distancias, obligar a fondo, vaciar lo justo. Finalmente Manili ganó la pelea, y mientras el público, puesto en pie, le aclamaba &#8220;¡torero, torero!&#8221; arrojo lejos los trastos para hacer un largo desplante a cuerpo limpio frente a los pitones.</p>
<p>El peor ganado de la feria, el más descastado y peligroso que haya saltado a la arena en las corridas sanfermineras, provocó el triunfo indiscutible de los tres diestros y la consagración de Manilí en Pamplona. Se lo llevaban a hombros, en medio de un clamor de charangas y vítores, y la afición pamplonesa juraba que para encontrar otros toreros, con igual pundonor y parecidas agallas, habría que remontarse a la época de Lagartijo y Frascuelo. Los miuras también eran de la época de Lagartijo y Frascuelo. De manera que la corrida de ayer fue histórica por muchos conceptos.</p></div>

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		<title>Un coladero</title>
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		<pubDate>Tue, 06 Oct 2009 19:56:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Joaquín Vidal]]></category>
		<category><![CDATA[Emilio Muñoz]]></category>
		<category><![CDATA[Joaquín Pascal]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Mora]]></category>
		<category><![CDATA[Torrestrella]]></category>

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		<description><![CDATA[Joaquín Vidal-.   Y resulta que así está la Pamplona taurina en este momento. Se salvan 73 aficionados de esos que están atentos a la lidia -eran 74, pero a uno lo ingresaron ayer con una indigestión de pochas-y es difícil encontrar entre la multitud que abarrota la plaza alguien a quien le interesen el toro, el torero, el toreo, las orejas, el presidente y la buena madre que los trajo a todos al mundo. (12-07-94)]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[
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<h4>Joaquín Vidal</h4>
<h6><strong><a title="El País" href="http://www.elpais.com/">El País</a></strong>, 13 julio 1994  <strong></strong></h6>
<p><strong>Torrestrella / Muñoz, Mora, Chamaco</strong></p>
<h6>Toros de Torrestrella, con trapío y estampa aunque varios sospechosos de pitones, flojos excepto 6º -que derribó-, pastueños en general. <strong>Emilio Muñoz</strong>: estocada muy trasera caída (oreja con escasa petición); media estocada caída y rueda insistente de peones (oreja con mínima petición y también con protestas). <strong>Juan Mora</strong>: pinchazo y estocada caída (aplausos); estocada corta caída (dos orejas). <strong>Chamaco</strong>: cuatro pinchazos y estocada delantera caída (silencio); pinchazo bajo, otro pescuecero y otro hondo (silencio). Muñoz y Mora salieron a hombros por la puerta grande. Plaza de Pamplona, 12 de julio. 7ª corrida de feria. Lleno.</h6>
<div id="attachment_3008" class="wp-caption alignleft" style="width: 346px"><img class="size-full wp-image-3008  " title="Teendido de Sol, año 2008" src="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2009/10/RTX7UPZ_Comp.jpg" alt="Brindis al Sol, (Foto: Eloy Alonso para Reuters)" width="336" height="219" /><p class="wp-caption-text">Brindis al Sol, (Foto: Eloy Alonso para Reuters)</p></div>
<p>PAMPLONA-. Cuatro orejas se cortaron y Emilio Muñoz y Juan Mora salieron a hombros por la puerta grande, pero no en virtud del arte de torear excelso sino de la industria de una plaza que se ha convertido en el gran coladero. Para decirlo pronto: las faenas y las estocadas premiadas con orejas no valieron dos pesetas.Bueno, quizá valieron las dos pesetas, y unas cuantas más. Al fin y al cabo los diestros se tomaron la molestia de vestirse de luces, estar a la hora en punto en el portón de cuadrillas, ponerse delante de los toros, aguantar el ensordecedor griterío sanferminero como si fuera música celestial, trapacear por allí, pegar tirones, al rematar los pases salir corriendo, poner posturas, hacer gestos jactanciosos cual si acabaran de inventar el arte de Cúchares, sonreir al graderío&#8230;</p>
<p>Todo ese esfuerzo y algunos otros marginales tienen un precio y hay que pagarlo. O sea, más de dos pesetas valió aquello. Sin embargo las orejas poseen una simbología que va más allá de la materialidad del vil metal. Las orejas son trofeos que premian el arte y el valor y eso es lo que no se vio para nada en la corrida sanferminera, daba igual que se la mirara con lupa o a través del culo de una botella.</p>
<p>Nunca pretendió ser el coso pamplonés -con la afición que alberga- custodio de la inaprensible exquisitez, como La Maestranza de Sevilla, ni de la autenticidad escueta, como Las Ventas de Madrid, e incluso desde tiempo inmemorial le complacían y hasta colmaban los toreros bullidores, principalmente los tremendistas, cuyos alardes les ponían a los mozos el corazón en un puño.</p>
<p>Nunca fue el coso pamplonés, en cambio, la campa donde se va a merendar y a empinar el codo, un lugar en el sol, un coladero donde todo cuanto sucediese en el ruedo le trajera sin cuidado, y a madie le importara que allá ni siquiera sucediese absolutamente nada. Y resulta que así está la Pamplona taurina en este momento. Se salvan 73 aficionados de esos que están atentos a la lidia -eran 74, pero uno lo ingresaron ayer con una indigestión de pochas- y es difícil encontrar entre la multitud que abarrota la plaza alguien a quien le interesen el toro, el torero, el toreo, las orejas, el presidente y la buena madre que los trajo a todos al mundo.</p>
<p>Y así ocurrió que por esa indiferencia se colaron las faenas inexistentes, las suertes imaginarias, las estocadas ignotas, las orejas regaladas, las falsas apoteosis, las salidas triunfales por la puerta grande a hombros de unos costaleros a quienes hay que pagar a escote, pues sin cobrar no se dejan montar en la chepa ni una mosca; menudos son los costaleros.</p>
<p>Emilio Muñoz dio muchos pases de izquierda y de derecha a los dos nobles toros de su lote y ambos se le fueron sin torear, porque ni los templó ni les ligó los pases.</p>
<p>Juan Mora desaprovechó la inequívoca nobleza de su primer Torrestrella administrándole una inacabable y aburrida faena, y en el excepcional quinto cuidó la apostura, extremó la pinturería, y en realidad no consiguió templar los muletazos, que ejecutaba con abusiva utilización del pico de la muleta. Lo de Chamaco aún resultó peor, porque toreó sin ajuste, templanza, variación ni gusto.</p>
<p>El segundo toro de Chamaco -último de la tarde- pudo ofrecer gran espectáculo de haber tenido mejor lidia. Poderoso y posiblemente bravo, tumbó estrepitosamente el caballo y el individuo del castoreño que se encaramaba arriba y en los siguientes encuentros el derribado caballero se tomó cruel venganza convirtiéndole en hamburguesa los lomos y además tapándole la salida, de manera que no se pudo saber si el toro se recrecía al castigo confirmando su bravura o buscaba la huída cantando la gallina. Un sórdido suceso, por supuesto; una lamentable tropelía que puso de los nervios a los 73 aficionados (al 74º le subirá la fiebre, cuando se entere) mientras el resto de la multitud lo celebraba, y con atronador acorapañamiento de trompetas, atabales y bombos, coreó a, pleno pulmón: &#8220;¡Barça, Barça, Baaarça!&#8221;.</p>

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		<title>Emilio Muñoz, el torero que ya es</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Apr 2009 05:28:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Joaquín Vidal]]></category>
		<category><![CDATA[Emilio Muñoz]]></category>

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		<description><![CDATA[La propia madurez del hombre configura la del torero y seguramente Emilio Muñoz está en este momento en que las dos fuerzas antitéticas se hacen síntesis y aparece un diestro consolidado que exige por derecho propio uno de los primeros puestos en el escalafón de matadores, con mayor razón ahora que las figuras tienen los pies de barro y ellas solas se caen de su pedestal.]]></description>
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<p><strong>JOAQUIN VIDAL</strong> <em>- Pamplona     &#8211; </em>&#8220;<a title="El Pais" href="http://www.elpais.com/articulo/cultura/RUIZ_MIGUEL/_FRANCISCO_/TOROS/ESPARTACO_/TORERO/MUNOZ/_EMILIO_/TOROS/NAVARRA/PAMPLONA_/MUNICIPIO/FERIA_DE_SAN_FERMIN/elpepicul/19810714elpepicul_7/Tes" target="_blank">El PAIS</a> &#8220;14/07/1981</p>
<p><strong>Plaza de Pamplona. Séptima corrrida de sanfermines [13-07-1981].  Toros del conde de la Maza, muy bien presentados, bien armados y astifinos, iguales de comportamiento, encastados, manejables en general, excepto cuarto y sexto. Ruiz Miguel: estocada caída (palmas). Estocada (silencio). Emilio Muñoz: pinchazo, estocada baja y rueda de peones (vuelta). Estocada de la que sale cogido (oreja). Espartaco: bajonazo (petición y vuelta). Tres pinchazos y dos descabellos (algunas palmas). Emilio Muñoz fue asistido en la enfermería de un fuerte pitonazo que no llegó a causarle herida y que, por tanto, no le impedirá torear en la corrida de esta tarde.</strong></p>
<p></a>Ha empezado a producirse la síntesis de los dos toreros antitéticos en que se desdoblaba Emilio Muñoz, y se perfila como el torero que ya es. En Pamplona ha empezado a producirse la síntesis. Emilio Muñoz llegó de niño prodigio al mundo de los toros y era un fino y quebradizo artista, virtuoso en la ejecución de algunas suertes. Su especialidad, el pase natural.</p>
<p>Con la alternativa, el gusto, la finura y el arte pasaron al olvido yse convirtió en brusco pegapases al que le cogían muchas veces los toros y se levantaba sin mirarse, para volver a la cara y acabar con ellos de cualquier manera. En estas circunstancias, Emilio Muñoz constituía una gran sorpresa.</p>
<p>Cuando niño prodigio, se comentaba: «Qué gran torero puede ser este chico, si los toros le respetan, pues tiene una natural predisposición para el arte, pero se le ve muy fragilito de valor». Cuando mayor -aunque no tanto- apenas contaba diecisiete años, de aquel sentimiento especial para crear arte no parecía quedar nada, y sin embargo lo que de ninguna manera se podía discutir era su valor y su casta para medirse con los toros en las condiciones más difíciles.</p>
<p>La propia madurez del hombre configura la del torero y seguramente Emilio Muñoz está en este momento en que las dos fuerzas antitéticas se hacen síntesis y aparece un diestro consolidado que exige por derecho propio uno de los primeros puestos en el escalafón de matadores, con mayor razón ahora que las figuras tienen los pies de barro y ellas solas se caen de su pedestal.</p>
<p>Emilio Muñoz, con dos toros encastados, hizo ayer el toreo bueno, sobre todo con la mano izquierda, cuando templaba y mandaba en el muletazo largo y suave, y no conviene olvidar que alguna vez le salió también el toreo malo, sobre todo con la mano derecha, cuando se dejaba atropellar los engaños. Pero la forma de entender los toros, de estructurar las faenas de acuerdo con sus características, de aguantar serenamente peligrosos derrotes y algún inquietante parón, de defender su terreno y pisar el contrario, de reaccionar con crecida voluntad de triunfo tras las volteretas, nos confirman que estamos ante el torero que ya es Emilio Muñoz«</p>
<p>Ahora le queda depurarse, lo que seguramente no será difícil, pues ya tiene demostrado -era un niño cuando lo hizo- que conoce a la perfección la técnica y que sabe ejecutarla con gusto y sentimiento. El torero viril, arrojado, genio y figura, debe dejar asumir al artista que también lleva dentro. Si armoniza ambas virtudes, cuajará en una figura importante de la tauromaquia de hoy.</p>
<p>La corrida salió preciosa de tipo, con trapío, sin necesidad de exhibir aparatosas anatomías; muy bien armada y astifina, variada de pelaje, con tres ejemplares de dibujada estampa, como el negro primero, el cárdeno <em>salpicao</em> tercero -un guapo ejemplar de exposición- y el <em>colorao</em> quinto. En cambio, no resultó brava ni fuerte. Casta sí tenían los pupilos del conde de la Maza, rama Carlos Núñez, y aquello dio mérito a las actuaciones de los espadas aun en los casos en que las reses acometían con nobleza, pues había que torearlas con todos los recursos y todos los cánones para dominar sus embestidas.</p>
<p>Hubo dos toros peligrosos, cuarto y sexto, que desarrollaban sentido, con los que abreviaron Ruiz Miguel y Espartaco, después de librar varios derrotes al bulto. Ambos matadores tuvieron la compensación de la nobleza de su s primeros enemigos, y si no supieron aprovecharla es su culpa. Ruiz Miguel, en el peor momento de su vida profesional, estuvo vulgarísimo. Espartaco, valiente y buillicioso, pero sin calidades artísticas, amontonó pases en una faena interminable que no decía nada. Quizá de la juventud de Espartaco también quepa esperar la síntesis del arte y del valor. Pero si de éste va bien dotado, de aquélaún no se le ha visto nada. Ni ayer, ni anteayer, ni de novillero, ni nunca.</p>

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		<title>Puerta grande para Juan José Padilla</title>
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		<pubDate>Mon, 05 Jan 2009 07:48:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Joaquín Vidal]]></category>
		<category><![CDATA[Bombito]]></category>
		<category><![CDATA[Juan José Padilla]]></category>
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		<description><![CDATA[JOAQUÍN VIDAL-. Sin embargo, el segundo toro hizo en varas una pelea sensacional, que habrá de pasar a la historia. Más de 10 minutos estuvo el toro acometiendo al caballo, y sin tirar una sola cornada ni despegarse un milímetro, con absoluta fijeza, entregado a puro riñón, y no había manera de sacarlo.]]></description>
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<h4><strong>JOAQUÍN VIDAL</strong></h4>
<h6><em> Publicado en &#8220;<a href="http://www.elpais.com/articulo/cultura/Puerta/grande/Juan/Jose/Padilla/elpepicul/19990712elpepicul_11/Tes" target="_blank">El País</a>&#8221; </em>el 12/07/1999</h6>
<ul>
<li>Miura/Sánchez, Padilla, Ferrera<em>: Toros de Hijos de <strong>Eduardo Miura</strong> bien presentados, grandes, de variadas capas, poco miureños de tipo; poca casta, en general manejables; 2º excepcional en el caballo. <strong>Sergio Sánchez</strong>: estocada corta caída (silencio); pinchazo, otro perdiendo la muleta, estocada corta, rueda de peones -aviso- y cuatro descabellos (silencio). <strong>Juan José Padilla</strong>: estocada corta trasera baja, rueda de peones -aviso- y cae el toro (oreja); estocada saliendo derribado (dos orejas); atendido en la enfermería de contusión leve que no le impidió salir a hombros por la puerta grande. <strong>Antonio Ferrera</strong>: pinchazo, estocada corta caída y rueda de peones (palmas); tres pinchazos, otro hondo, rueda insistente de peones, pinchazo y dos descabellos (silencio).<strong>Plaza de Pamplona</strong>, 11 de julio. 7ª corrida de feria. Lleno.</em></li>
</ul>
<div id="attachment_1862" class="wp-caption alignleft" style="width: 330px"><img class="size-full wp-image-1862" title="Bombito y Padilla" src="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2009/06/bompad.jpg" alt="Bombito y Padilla" width="320" height="241" /><p class="wp-caption-text">Bombito y Padilla (Foto: Via Digital)</p></div>
<p>Juan José Padilla obtuvo un triunfo de clamor y, cojo y todo, lo sacaron a hombros por la puerta grande. El triunfo fue, efectivamente, apoteósico aunque no sé si memorable también. A los públicos de ahora los entusiasmos se les pasan tan pronto como les vienen. El universo se acelera y la fiesta de los toros no iba a ser menos. Hoy empezarán a caer por aquí las figuras que salen cada tarde a hombros por la puerta grande, a veces no se sabe muy bien la razón. Preguntas al día siguiente a los testigos presenciales qué hicieron las figuras para armar tanto alboroto y no acaban de acordarse. Algunos, ni del propio alboroto guardan memoria.</p>
<p>Las figuras que empezarán a caer por aquí a partir de hoy son los protagonistas de las noticias que titulan las agencias: &#8220;Los tres matadores y el mayoral a hombros por la puerta grande&#8221;. Es, realmente, la información taurina más repetida: los tres matadores y el mayoral a hombros por la puerta grande. A veces el acontecimiento se produce en plazas donde quizá no haya ni puerta, pero es lo mismo: vale el símbolo.</p>
<p>Los tres diestros de ésta corrida sanferminera no suelen ser protagonistas de triunfalismos ni protagonistas de casi nada. Sencillamente, porque apenas torean. Y, encima, van y los meten con los miuras. El universo estará acelerado y el mundo loco y el planeta de los toros será una jaula de grillos, pero nunca había conocido tanta injusticia. Ni tanta desvergüenza tampoco. Para poner un día a tres modestos con los miuras y al día siguiente a las figuras con los borregos no necesitan los taurinos ni marcarse un disimulo, ni dar explicaciones. Estas son lentejas, en el planeta de los toros.</p>
<p>El modesto, por una vez, resultó respondón. El modesto Juan José Padilla, que no quiere ser modesto, salió a por todas y si no alcanzaba a embarcar las problemáticas embestidas miureñas con la ortodoxia que pretendía, se lanzaba al tremendismo -que es como echare al monte- y bullía por doquier, y daba vueltas y revueltas, y se tiraba de rodillas por menos de un pimiento (eso sí, del piquillo).</p>
<p>Sus colegas de terna no tuvieron tanto arrojo como tuvo él o acaso fuera su desparpajo lo que les faltó a sus colegas. Sus compañeros de terna, salvo en el azacaneo banderillero que perpetraron los tres, parecían mustios. Muy porfiones ambos, mas poco resolutivos, y con semejante ánimos no había manera de triunfar. Sergio Sánchez, que había anunciado su despedida, porfió con mediocridad los naturales y los derechazos a sendos miuras de bastante poca casta y de igualmente dudosa fijeza. Antonio Ferrera dio la sensación de carecer de recursos frente a otro lote de similar corte.</p>
<p>Los miuras, grandotes y aparatosos, pues rebasaron ampliamente los 600 kilos, sacaron poca casta. Sin embargo, el segundo toro hizo en varas una pelea sensacional, que habrá de pasar a la historia. Más de 10 minutos estuvo el toro acometiendo al caballo, y sin tirar una sola cornada ni despegarse un milímetro, con absoluta fijeza, entregado a puro riñón, y no había manera de sacarlo.</p>
<p>Ni los esforzados coleos, a dos manos o a cuatro; ni los capotazos; ni los gritos; ni las acciones del picador que levantaba la vara o la hincaba, movía el caballo o lo dejaba quieto, conseguían sacar al Miura de su empreño y su celo.</p>
<p>Todo esto desvelaba una bravura excepcional del Miura llamada a levantar en su memoria un airoso monolito. La única reserva que podía hacerse -no baladí- era que todo se estaba produciendo en la querencia de chiqueros. El toro se arrancó allá, desde muy lejos, en cuanto vio aparecer al picador con su castoreño y su instrumental acorazado, y ya no dejó de recargar, metida la cabeza bajo el peto. Diez minutos así, aunque otros cronometradores aseguran que fueron cerca de 15. Un caso histórico, en efecto. Y, mientras, el capoteo, el coleo, el zarandeo e incluso la intervención de su matador Juan José Padilla, que debió ponerse nervioso y tras tirarle al toro de un cuerno sin ningún resultado, le dio de puñadas en la cara.</p>
<p>Uno duda de que un torero auténtico hubiese tenido jamás semejante ocurrencia, ni siquiera por lo nervios. Y esta flagrante falta de torería fue como una premonición. Cuando finalmente el toro acudió al espeso revoloteo de capotes que le sacudían las orejas, lo propio habría sido llevarle lejos de toriles y ponerle de nuevo en suerte para comprobar cuál era la verdad de su bravura. Y, sin embargo, Padilla pidió el cambio, el público también, la presidenta accedió y santas pascuas: nos quedamos sin ver al toro y sin la posibilidad de erigirle el airoso monolito.</p>
<p>Padilla le cortó la oreja por lo referido, le cortó las dos al otro Miura por parecidos alborotos y un estoconazo del que resultó con una pierna magullada, salió a hombros por la puerta grande, los mozos de las peñas cantaron &#8220;Paquito el chocolatero&#8221;, y eso es lo que vale. Orejas, triunfalismo, puertas grandes&#8230; El planeta de los toros no quiere saber más.</p>
<p><img src="http://www.elpais.com/est.pl?id=19990712elpepicul_11.Tes&amp;fp=20090604&amp;te=impresion&amp;to=noticia&amp;a=elpepicul&amp;k=1498697199.gif" alt="" width="1" height="1" /></p>

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		<title>Va a nevar</title>
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		<pubDate>Thu, 06 Jul 2000 23:49:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Joaquín Vidal]]></category>
		<category><![CDATA[Emilio Muñoz]]></category>
		<category><![CDATA[Morante de la Puebla]]></category>

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		<description><![CDATA[JOAQUÍN VIDAL-. Este es un torero -Morante- de difícil catalogación. Porque tras mostrarse absolutamente incapaz de realizar un toreo de mediano fuste, sale su nuevo toro y le enjareta unos ayudados por alto y por bajo, unos pases de la firma, unas trincherillas de enjundiosa técnica y luminosa sevillanía.]]></description>
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<div class="topsy_widget_data topsy_theme_blue" style="float: right;margin-left: 0.75em; background: url(data:,%7B%20%22url%22%3A%20%22http%253A%252F%252Fwww.feriadeltoro.net%252F2000%252Fcronicas%252Fjoaquin-vidal%252Fva-a-nevar%252F%22%2C%20%22style%22%3A%20%22big%22%2C%20%22title%22%3A%20%22Va%20a%20nevar%22%20%7D);"></div>
<h4>Joaquín Vidal</h4>
<h6>Publicado en <a href="http://www.elpais.com">El País</a> el 12 julio 2000</h6>
<ul>
<li><em>Pamplona 11 julio 2000, Toros de Jandilla, discretos de presencia y bien armados aunque varios<br />
sospechosos de pitones; cumplieron con los caballos; manejables, y 2º y<br />
6º de excepcional nobleza.Emilio Muñoz: bajonazo escandaloso (</em><em>bronca);<br />
metisaca infamante por cerca del codillo y rueda de peones (</em><em>bronca y lanzamiento de objetos).<br />
Finito de Córdoba: estocada ladeada (</em><em>oreja); pinchazo y bajonazo descarado (</em><em>silencio).<br />
Morante de la Puebla: pinchazo -</em><em>aviso-, media echándose descaradamente fuera,<br />
rueda de peones y descabello (</em><em>silencio); estocada ladeada (</em><em>oreja).<br />
Emilio Muñoz fue despedido con lluvia de almohadillas y de improperios.</em></li>
</ul>
<p>Hace un frío que pela y los navarricos, con ellos los forastericos, nos hemos tenido que poner camisetica, jerseicico, cazadorica, osico polar, lo que hubiera a mano. &#8220;A Pamplona hemos de ir con la bota y un calcetín&#8221;, predica la canción. Pero el calcetín que sea de lana. El aire helado y las nubes negras presagiaban que va a nevar y no sería extraño pues los meteorólogos pronosticaron nieves en el Pirineo que está ahí al lado.&#8221;Los toros con sol y moscas&#8221; es el otro dicho y evidentemente no se podía cumplir. Claro que de eso no era responsable nadie. Si de repente ha venido el invierno a Navarra la culpa no es de Enrique Ponce. Además Enrique Ponce, que anda molesto de cervicales a consecuencia de una voltereta, no pudo acudir a Pamplona, donde estaba anunciado, y le sustituyó Finito de Córdoba que se entretuvo en cortar una oreja.</p>
<div id="attachment_1405" class="wp-caption alignleft" style="width: 310px"><a href="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2009/05/morante2001.jpg"><img class="size-medium wp-image-1405" title="Morante de la Puebla" src="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2009/05/morante2001-300x220.jpg" alt="Morante de la Puebla (Mercedes irujo)" width="300" height="220" /></a><p class="wp-caption-text">Morante de la Puebla (Mercedes irujo)</p></div>
<p>Finito de Córdoba está que se sale: un día indulta un toro, 48 horas más tarde le corta la oreja a otro, y se queda tan ancho. Lo del indulto fue en Barcelona el domingo y es de suponer que lo haría con mejores trazas artísticas que en Pamplona donde, una vez premiada, la faena, ya estaba cayendo en el olvido.</p>
<p>&#8220;¿Usted recuerda la faena de Finito de Córdoba?&#8221;, preguntaba un perplejo aficionado mientras Finito de Córdoba daba la vuelta al ruedo mostrando orgulloso el trofeo.</p>
<p>Había que hacer un esfuerzo&#8230; Sí, dio unos naturales desvaídos&#8230;, dos tandas de derechazos rectificando terrenos, volvió a los naturales en la modalidad del unipase&#8230; Francamente no era mucho para merecer la oreja, mas se constata que mató a la primera y este hecho singular motivó al público pamplonés para pedir la oreja y al presidente para concederla.</p>
<p>Oreja obtuvo también Morante de la Puebla. Los toreros, al menos los dos mencionados, estaban que lo tiraban. O acaso el que lo tiraba era el público pamplonés. Todo en toreo se mide según las circunstancias. Y así el juicio que merece un torero varía mucho si le ha precedido su colega Emilio Muñoz.</p>
<p>Los derechazos de un torero, si antes ha intervenido Emilio Muñoz, no se ven con los mismos ojos. Emilio Muñoz, por ejemplo, pegó sendos sainetes, y cuando comparecieron después sus compañeros de terna, parecían Lagartijo y Frascuelo convertidos en pareja de hecho.</p>
<p>Finito de Córdoba muleteó con relajada apostura al maravilloso toro segundo del que obtuvo la oreja. Y, en cambio, al quinto lo trasteó corretón y crispado, sin aguantarle las embestidas porque el animal sería noble pero lo manifestaba mediante la casta propia de los toros bravos y ya se sabe que la casta brava a los toreros modernos les da estrés.</p>
<p>A Morante de la Puebla le correspondió en primer lugar un toro asimismo noble que le desbordó mientras tuvo fuerza para embestir, y cuando empezó a tardear tapó su falta de recursos lidiadores. Este es un torero -Morante- de difícil catalogación. Porque tras mostrarse absolutamente incapaz de realizar un toreo de mediano fuste, sale su nuevo toro y le enjareta unos ayudados por alto y por bajo, unos pases de la firma, unas trincherillas de enjundiosa técnica y luminosa sevillanía.</p>
<p>La faena que siguió, casi toda por la derecha, careció de hondura aunque no le faltara gusto en la interpretación de algunos derechazos. Bajó mucho en la única tanda de naturales que instrumentó corriendo. Volvió a brotar la chispa de la gracia sevillana en las trincheras y los cambios de mano; y cobró finalmente una estocada que fue suficiente para justificar la oreja, segunda de la tarde y tercera de la feria.</p>
<p>Y ese pudo ser un brillante broche de la corrida si no fuera porque parte del público pasaba ya de pegapases y de corrida, y salió corriendo a tomarse un cafelito y guarecerse del viento helado que traía del Pirineo el negro atardecer. Y porque otra parte, aguardaba a Emilio Muñoz para tomarse venganza por su intolerable inhibición, por sus desastrados trasteos, por las cuchilladas infames que propinó a los inocentes toros. Y cuando se iba le lanzaron almohadillas, y le llenaron de improperios, y si no le tiraron al pilón fue porque en Pamplona no hay pilón.</p>

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		<title>Un Pablo Romero endemoniado</title>
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		<pubDate>Sat, 11 Jul 1987 21:37:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Joaquín Vidal]]></category>
		<category><![CDATA[Chivito]]></category>
		<category><![CDATA[Luis Francisco Esplá]]></category>
		<category><![CDATA[Pabloromero]]></category>
		<category><![CDATA[Victoriano Caneva]]></category>

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		<description><![CDATA[Habría saltado más veces al callejón, pues trotaba continuamente hacia las tablas, mirándolas con codiciosa avidez, pero aparecieron los picadores y entonces, nada más advertir su presencia, se arrancó a los caballos, con endemoniada furia.Parecía endemoniado el Pablo Romero, por la saña con que se iba a los caballos, cruzando vertiginosamente el ruedo de parte a parte, sin atender al revoloteo de los capotes. En la primera embestida tiró por los aires al caballo y al picador, Victoriano Cáneva, cada uno por un lado, y aún volvió cinco veces más sobre el caballo, volteándolo de mala manera. Montó de nuevo Cáneva la vapuleada cabalgadura y para su desgracia, porque el Pablo Romero endemoniado, en la acometida brutal de latiguillo, le hizo saltar de la silla y lo atrapó en el aire, campaneándolo en los buidos pitones.]]></description>
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<h4><strong>JOAQUIN VIDAL</strong></h4>
<h6><a href="http://www.elpais.com/articulo/cultura/Pablo/Romero/endemoniado/elpepicul/19870712elpepicul_4/Tes"><strong> <em>El País</em></strong></a><em> &#8211; </em>12/07/1987</h6>
<p>El segundo toro era un impresionante ejemplar, de 651 kilos, que nada más aparecer impuso respeto en el redondel. Unos minutos más tarde lo impuso en el callejón, al que saltó dos veces, limpiamente, una por la parte de sombra -y aún quería colarse en uno de los burladeros interio.res-, otra por la de sol, pegándose una costalada. Habría saltado más veces al callejón, pues trotaba continuamente hacia las tablas, mirándolas con codiciosa avidez, pero aparecieron los picadores y entonces, nada más advertir su presencia, se arrancó a los caballos, con endemoniada furia.Parecía endemoniado el Pablo Romero, por la saña con que se iba a los caballos, cruzando vertiginosamente el ruedo de parte a parte, sin atender al revoloteo de los capotes. En la primera embestida tiró por los aires al caballo y al picador, Victoriano Cáneva, cada uno por un lado, y aún volvió cinco veces más sobre el caballo, volteándolo de mala manera. Montó de nuevo Cáneva la vapuleada cabalgadura y para su desgracia, porque el Pablo Romero endemoniado, en la acometida brutal de latiguillo, le hizo saltar de la silla y lo atrapó en el aire, campaneándolo en los buidos pitones.</p>
<div id="attachment_1270" class="wp-caption alignleft" style="width: 430px"><img class="size-full wp-image-1270" title="Derribo y cogida de Vicroiano caneva" src="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2009/05/victorino-caneva-descabalgado-por-chivito.jpg" alt="Derribo y cogida de Vicroiano caneva (M. Castell, Diario de Navarra)" width="420" height="301" /><p class="wp-caption-text">Derribo y cogida de Victoriano Caneva (M. Castell, Diario de Navarra)</p></div>
<p>En la plaza quedó la sensación de que se había producido una cornada fuerte. Pero también quedó la sensación engañosa de que había en la arena un gran toro. El público confundía la velocidad con el tocino. El toro era un mansazo, que hacía cuantas 5echorías definen a los de su especie: se arrancaba a oleadas contra el artefacto de picar, comet~ía el desaguisado, huía despavorido. Y los saltos aquellos al callejón, tan vergonzantes para una ganadería brava. Saltos y oleadas, sin embargo, el público los iríterpretó al revés, y, puesto en pie, aclamaba al toro, pedía su indulto. Qué barbaridad, qué delito de lesa tauromaquia.</p>
<p>Esplá no quiso tomar los palos en ese toro y a la gente le ofendió en lo más profundo. No se lo perdonó en toda la tarde. Desde llamarle cobarde hasta tirarle botellas, de todo hubo de soportar Esplá. El manso llegó a la rriuleta sin codicia alguna. De poco le sirvieron a Esplá los ayudados toreros, los cambios de mario floreados, algún que otro redondo ceñido. La plaza estaba en contra suya, ¡por no banderillear!</p>
<p>En el quinto sólo quiso prender un par, pues volvieron a tirarle botellas. Recogió del suelo dos -una de cerveza, otra de charripán-, y se fue a la zona de sol, desde donde se las habían arrojado, para dejarlas bajo el estribo. Recibió entonces una rociacla de fruta y pan, y aguantó el chaparrón como si le lloviera agua de rosas. Ahí sí le echó valor Esplá. Pretendió arrimarse en la faena de muleta, empezó sentado en el estribo, continuó embarcando en redondo. Pocos pases pudo dar. No había nada que embarcar, no había toro. Lo que había era manso-buey, género descastado.</p>
<p>Así de desesperantemente mansa fue toda la corrida. Ya podía Campuzano intentarle los dos pases a la burrería de su lote, que el toreo resultaba imposible. Y aún más imposible para Lucio Sandín, valentísimo con el tercero, derrochando generosidad torera al cargar la suerte y apurar al máximo la estética del muletazo con un Pablo Romero que no sabía embestir, sino topar.</p>
<p>Lucio Sandín intentaba que su torería entrara en la cerrazón del morucho de 670 que salió en último lugar, y fue una temeridad. Fue una temeridad, por la ralea del toro y por la actitud de gran parte de un público que no tomaba en consideración el gesto, pues toda su fuerza se iba en cantar y cantar.</p>
<p>Los cánticos, las duchas de champán, las pozaladas de agua y tinto, los dimes y diretes, no podían ocultar, sin embargo, la sordidez de la tarde, el fracaso ganadero, la tragedia del cornadón que le tiró el Pablo Romero al picador con sabiduría asesina, la desolación de los diestros, que sobre el peligro vívido, no contaron ni con la comprensión del público. Y para remate, Esplá, cuya actuación había sido torerísima -al estilo de los matadores antíguos que hicieron historia- aún tuvo al marcharse un altercado en el patio de caballos, con un grupo que lo asediaba violentamente. Tarde aciaga para todos, y para la feria del toro, peor.</p>

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		<title>El faenón de Julio Robles</title>
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		<pubDate>Fri, 11 Jul 1986 00:47:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Joaquín Vidal]]></category>
		<category><![CDATA[Julio Robles]]></category>

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		<description><![CDATA[Julio Robles se sacudió la desgana que a veces le deprime y toreó como los ángeles. No pone cara de ángel Julio Robles -las cosas como son- pero el toreo sí le sale de tan celestial guisa cuando la inspiración le llega al alma. A su primero le cuajó una faena de técnica depurada, embarcando la pronta y larga embestida. Al quinto le lanceó a la verónica con primor, ganando terreno, y luego le hizo el faenón.]]></description>
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<h4><strong>Joaquín Vidal</strong></h4>
<h6>Crónica  publicada en  <strong> <a href="http://www.elpais.com/articulo/cultura/MANZANARES/_JOSE_MARIA_/TOROS/ROBLES/_JULIO/ESPLA/_LUIS_FRANCISCO_/TOROS/NAVARRA/PAMPLONA_/MUNICIPIO/FERIA_DE_SAN_FERMIN/elpepicul/19860711elpepicul_5/Tes?print=1">&#8220;El País&#8221;</a> </strong> en 11 de julio de 1986</h6>
<p>Toros de <strong><a href="http://www.cebadagago.com/">Cebada  Gago</a></strong> / José María Manzanares, Julio Robles y Luis Francisco Esplá. Plaza de toros de Pamplona 10 de julio de 1986.</p>
<p>PAMPLONA-. Julio Robles se sacudió la desgana  		que a veces le deprime y toreó como los ángeles. No pone cara de ángel  		Julio Robles -las cosas como son- pero el toreo sí le sale de tan  		celestial guisa cuando la inspiración le llega al alma. A su primero le  		cuajó una faena de técnica depurada, embarcando la pronta y larga  		embestida. Al quinto le lanceó a la verónica con primor, ganando  		terreno, y luego le hizo el faenón.</p>
<div id="attachment_1014" class="wp-caption alignleft" style="width: 310px"><a rel="attachment wp-att-1014" href="http://www.feriadeltoro.net/1986/07/11/el-faenon-de-julio-robles/julio-robles-diario-de-navarra/"><img class="size-medium wp-image-1014" title="Julio Robles, en Diario de Navarra" src="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2009/04/julio-robles-diario-de-navarra-300x236.jpg" alt="Julio Robles, en Diario de Navarra" width="300" height="236" /></a><p class="wp-caption-text">Julio Robles, Foto: Diario de Navarra</p></div>
<p>Cómo pasó del toreo bueno a la faena grande,  		podría explicarse por la calidad extraordinaria del toro, desde luego,  		aunque algo más debió haber. Quizá las motivaciones sean astrales, y  		entonces no cabrían explicaciones. El caso es que la faena fue faenón.  		La empezó torerísima, por ayudados hondos, y la siguió por naturales y  		redondos.</p>
<p>No es nuevo: los naturales y redondos son  		materia prima de cualquier faena. Sin embargo, Robles redescubría estos  		pases fundamentales, los ennoblecía, y hasta los interpretaba en  		distintas versiones, ora la suerte cargada, ora abierto el compás -que  		no es lo mismo-, ora juntas las zapatillas. Abrochaba las tandas con los  		de pecho, ceñidos, echándose todo el toro por delante. Y las ligaba.  		Julio Robles, en vena de inspiración astral, lo ligaba todo, incluso los  		muletazos de recurso y adorno.</p>
<p>El triunfo llegó a ser de escándalo. Hubo  		pasajes del faenón que provocaron el delirio. Los mozos de las peñas  		suspendían el yantar para corear olés, y algunos se quedaban  		petrificados de asombro, sin advertir que les escurría mansamente el  		aceitillo del ajoarriero por la sotabarba, cuando el diestro astral  		desgranaba fuljentes perlas toreras. Finalmente hubo triunfo, mas no de  		escándalo, porque el diestro se obstinó en matar mal, o los embrujos  		siderales le abandonaron en la suerte suprema. Claro que su toreo, el  		faenón, las desgranadas perlas, ahí quedaron, para la historia buena de  		les sanfermines.</p>
<p>Las peñas merendaron ayer por etapas, pues  		cuando salía Esplá le aclamaban. Esplá es ídolo entre el mocerío  		sanferminero. Alternando rítmicamente gritos y palmas, coreaban: &#8220;!Esplá,  		plas, plas, plas!&#8221;, y así cada vez que se iba al toro. Al primero lo  		banderilleó con gran tramoya y escaso acierto: en tres entradas sólo  		prendió dos palos. Se desquitó reuniendo por los adentros, pegado a  		tablas, y allí fue el apoteosis. Esta suerte, de enorme emoción, la  		repitió dos veces en el sexto, y puso al público en pie. Su primera  		faena, que inició sentado en el estribo, estuvo correctamente construida  		si bien le faltaba arte. La del sexto resultó encimista, reiterativa,  		vulgar e interminable. Además mató mal. Lo que no fue obstáculo para que  		las peñas repitieran lo de &#8220;!Esplá plas, plas, plas!&#8221;.</p>
<p>En la corrida del faenón astral, hubo antitoreo  		pedestre, a cargo de Manzanares. Fiel a su estilo, al primer toro lo  		toreó al revés. Ya se sabe: tumbado, la suerte descargada. Como el  		cuarto se le coló de terrible manera, optó por trastea breve y aguantar  		la bronca. Y se produjo virulenta a pesar de que, a esa hora, público de  		sol y sombra, unidos por una causa común, un sublime ideario, atacaban  		apasionadamente perolas de magras con tomate, bocadillos de lomo  		ilustrados con pimientos del piquillo, lo que cayera, y le daban a la  		bota amorosos tientos. Gracias a la merendola y al faenón de Robles, la  		corrida sanferminera de ayer fue una felicidad.</p>

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