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	<title>Feria del Toro, Feria de San fermin &#187; Paco Apaolaza</title>
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		<title>Feria del Toro, Feria de San fermin &#187; Paco Apaolaza</title>
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		<title>I love you, Fresón</title>
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		<pubDate>Sun, 31 Oct 2010 09:24:31 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[[Paco Apaolaza] Querido Fresón, se han ciscado en tus derechos, no te ha tenido ni el más mínimo respeto, nos ha condenado a todos a no saber, a ciencia cierta, si eras bravísimo o no, a debatirnos en la duda sobre si tu casta no hubiera sido un clamor o un vano e ilusionante proyecto de apoteosis.]]></description>
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<h5>Diario de Grada</h5>
<h4>Paco Apaolaza</h4>
<h6>Publicado en <a href="http://www.diariodenavarra.es" target="_blank">Diario de Navarra</a>, el Sábado 10 de julio de 1993</h6>
<p><strong>Este diario de grada que tú y tus hermanos nunca leéis por razones obvias se va a convertir, no en una carta de amor sino de admiración y de disculpa sincera porque te la han dado con queso desde la presidencia que te ha coartado tu libertad de expresión, querido Fresón, se ha ciscado en tus derechos, no te ha tenido ni el más mínimo respeto, nos ha condenado a todos a no saber, a ciencia cierta, si eras bravísimo o no, a debatirnos en la duda sobre si tu casta no hubiera sido un clamor o un vano e ilusionante proyecto de apoteosis.</strong></p>
<div id="attachment_4752" class="wp-caption alignright" style="width: 290px"><img class="size-full wp-image-4752 " title="No es fresón (Javier Sesma)" src="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2010/10/freson_javier_sesma.jpg" alt="No es fresón (Javier Sesma)" width="280" height="185" /><p class="wp-caption-text">No es «Fresón», pero podía haberlo sido, tenía la misma mirada (Javier Sesma)</p></div>
<p>Tomaste, ya te acordarás, una vara con prontitud, una vara larga y trasera, en la que empujaste con la cara alta de la que saliste extrañamente disparado pero sin distracción. Te hicieron un quite por chicuelinas y cuando ya estabas perfectamente colocado y no hacia falta más que mover al caballo te quisieron acercar más y te fuiste al caballo, por cierto, un gran caballo el de Fontecha, ¿no crees? con prontitud y un amago de galope. Hasta ahí, salvo el detalle de la vara, te portaste.</p>
<p>De repente pide el cambio Rincón y van y se lo dan. Perdona chico y te digo perdona en nombre de todos los que gozamos con ustedes vosotros los toros y no tienen el culo inquieto porque llegue la hora de los muletazos. El hecho, querido Fresón, es que la liaron pero cuando me agarré el cabreo padre es cuando te ví mirar al caballo justo al salir este de la plaza. Cagondié, lo miraste con una cara como diciendo «Te has ido sin darte tu merecido)). Ahí creí en tu bravura y ahí empezó mi cabreo porque, para más inri, el asesor presidencial era el presidente del Club Taurino de Pamplona, el bueno de Ignacio que si aconsejó el cambio, que a lo mejor fue decisión de la presidenta, flaco favor le hizo a la feria del toro. Ayer querido Fresón que también tiene delito ponerte ese nombre, el triunfador debiste ser tu y te birlaron el triunfo aunque va estés sonando para ser un candidato al premio al toro más bravo. No te preocupes; tal y como está esto le pueden dar el premio a cualquiera que tome dos varas. No te me quejes y díselo a Corcuera que fue quién enterró un concepto de bravura, el tuyo, el apoteósico. De todas maneras irás al cielo, por eso no te preocupes pero, repito, tienes razón en cabrearte.</p>
<p>Mira aquí, como en todos lados, el tuerto es rey y de ciegos que te voy a contar, antes de ayer corrió uno el encierro, fíjate que locura y uno de tu cuerda le pegó un sorbabirón que lo mandó tan alto que, casi, no lo encuentra ni Lobatón con tanto ordenador, a otro, al entrañable Enrique que todos los días pasea con la Pamplonesa en las mulillas, le han regalado una gorra de la 0.N.C.E y va orgulloso tarareando como siempre contrapuntos a los pasodobles por todo Chapitela. Si es que Durán, querido Fresón, aunque no lo hayas conocido, está en todo. Como comprenderás el refrán tiene aquí más valor que en otros lados.</p>
<p>César cortó dos orejas, una como de regaliz pero dejarlo con una hubiera sido equipararlo en trofeos con el «Fundi», equiparar faenas y eso, querido Fresón, era demasiado.</p>
<p>César yo creo que te entendió bien, te dio distancias, muchas confiando en que te vinieras como así hiciste y te aguantó, que para aguantarte a tí al galope había que tenerlos «de aquella manera», que diría mi suegra. Vale, le echó entusiasmo, los muletazos tuvieron cadencia, los adornos fueron sentidos, quizá se entregó del todo, vale, pero no se sintió ¿qué opinas tu?, no se rebozó en tí, no se ciñó, bonita palabra, tu embestida. A la faena le faltó garra porque casi toda la pusiste tú y le sobró velocidad y algunas ventajas y es que, macho, eras como el A.V.E. No se dio cuenta de matar recibiendo, dejó una estocada de la que saliste muerto y cortó la única oreja con peso específico que se ha cortado en la feria. Te fuiste sin orejas o sea, que encima pon cama. El que salió en quinto lugar tuvo güasa, se repuchó en varas y le dieron, sin embargo, para que fuera enterándose de quién mandaba. Aquí César estuvo bien en lidiador, entendiendo muy bien las complicaciones del toro, citando de lejos, única manera de pegarle dos seguidos, sobándolo y pegando los muletazos justos sin espectacularidad, no era posible, pero con confianza.</p>
<p>No entiendo o sí, que confusión, la actitud, la sensación de tristeza, de pereza, de pasota del maestro Gonzalez aún teniendo en cuenta que tuvo el peor lote de la corrida, quizá los dos toros más complicados y deslucidos de la tarde, complicado el primero y deslucido, sin brillo, cortón y pegando tornillazos el cuarto. Con ellos estuvo opaco, sin actitud positiva, como derrotado con un infinito hastío en sus ademanes, como si no hubiera más remedio que estar así, como si todo estuviera escrito. Matando, además de todo eso estuvo cruelmente feo.</p>
<p>Verás Mora, uno vestido de verde esmeralda colombiana y oro, ¿te acuerdas? quiso cuando no se podía, en el sexto, y no quiso del todo o se perdió en el tercero, el Millonario, ya sabes, un toro al que le podía haber cortado las dos orejas que no tuvo tu clase, ni mucho menos, pero que antes de rajarse se dejó, que se dice ahora. Algunos muletazos tuvieron profundidad, otros relajo, otros amaneramiento todos poca continuidad. En cambio en el sexto estuvo muy decidido, gestual intentando motivar a unas peñas que ya daban la cosa por acabada y al matar de una estocada vibrante y confusa le regalaron una oreja, premio, como en el tour, a la regularidad, supongo yo porque si no, no lo entiendo demasiado bien.</p>
<p>Felicita a algunos de tus hermanos sin efusividad y a otros les tiras de la orejas. Entre todos, todos los hermanos erais de aquí te espero, habéis dado una interesante tarde de toros pero no os subáis a la parra ¿eh?. Que te voy a decir a ti. Podrías habernos enamorado a todos. Recuerdos a Clavellino o a Cigarrero que también están en los cielos. Perdona a la presidencia. No saben lo que hacen.</p>
<p><strong>LO PEOR</strong></p>
<p>-El paseíllo.<br />
-La presidencia.<br />
-La actitud de Dámaso.<br />
-La leña al tercero en la primera vara.</p>
<p><strong>LO MEJOR</strong></p>
<p>-El segundo de nombre Fresón.<br />
-El caballo que picó la corrida.<br />
-La primera oreja de Rincón.<br />
-La presentación del ganado.</p>

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		<title>Piñones y Turrón</title>
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		<pubDate>Sun, 08 Feb 2009 22:51:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Paco Apaolaza]]></category>
		<category><![CDATA[Jesulín de Ubrique]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Mora]]></category>
		<category><![CDATA[Rafi Camino]]></category>

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<h4><strong>Paco Apaolaza</strong></h4>
<h6><strong>Diario de Grada</strong> <a href="http://www.diariodenavarra.es">Diario de Navarra</a> 9 julio 1992</h6>
<p>08-07-1992, Cebada Gago/Pablo Hermoso de Mendoza,  Juan Mora, Rafi Camino y Jesulín de Ubrique.</p>
<div id="attachment_490" class="wp-caption alignleft" style="width: 310px"><a rel="attachment wp-att-490" href="http://www.feriadeltoro.net/2009/cronicas/paco-apaolaza-cronicas/pinones-y-turron-paco-apaolaza-pamplona/attachment/juan_mora_panadero/"><img class="size-medium wp-image-490" title="Juan Mora con Panadero" src="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2009/04/juan_mora_panadero-300x209.jpg" alt="Juan Mora con Panadero" width="300" height="209" /></a><p class="wp-caption-text">Juan Mora con Panadero</p></div>
<p>TANTO, tanto me habían hablado los taurinos,algunos taurinos, de esto del toro encastado y con movilidad; que si tiene que salir, que con el toro que se venga y repita se triunfa, que si hay que ver como está la ganadería de bravo,que si eso de torear cruzado era una  paparrucha inventada por el maligno y propalada por aprendices,que si tal y que si cual; tanto lo habían dicho que, en algún momento, incluso les había oído con cierto interés pensando que sus razones tendrían para comprender al tonto y parado que tantos y tantos éxitos les habían proporcionado. Pero  sale una corrida encastada, con la emoción, con el clamor de la casta por bandera, y algunos van y dicen que es incómoda y que qué otra cosa se puede hacer. Incluso uno de los dos toreros que quedaron como Cagancho en la Linea o sea «Jesulin» nada mas arrastrarse un toro bravo con las orejas puestas después de intentar y conseguir pararlo a base de banderazos y toallazos, despegado y ventajistas cuando el santo público le  hace saludar va y hace una señal con la mano como<br />
diciendo: «Tranquilos que en el próximo&#8230;». Tuvo uno, el tercero se lo dejó ir como un incompetente y encima, amenaza como si el que arrastraban hubiera sido un satanás.</p>
<p>En ese microcosmos que es la grada, no voy a decir el número, un tío casi se traga el puro cuando vió el gesto entre perdigón y perdigón de puro churrustroso exclamó:<br />
«A tí te deberían cortar la oreja y dársela a ese», señalando al que arrastraban en medio de una atronadora ovación como sutil venganza hacia el torero y premio merecido a ese «Asistente que sacó casi hasta los medios con fijeza al picador y lo volvió a dejaren el tercio como quiso y al que le dieron leña para que se fuera enterando. Con esto de echar un toro de rejones por delante, las administradoras de la merienda andaban dudando si sacarla o no y. cediendo a las presiones sibilinas de los merendantes que no sabían como calmar su desazón después petardo del de Ubrique, empezó a torear Juan Mora quieto y una miaja estoico con el capote;pasaban bocatas magras con pan de hogaza empapada en tomate y  envueltitos en papel de plata, se picó poco al toro pensando que se iba a caer y el toro, encastado, se vino arriba. ¡Quietos parados!, dijeron. El toro borró la merienda y Mora se la jugó con pundonor y verdad aguantando la embestida encastada del cuarto , alguno le echó un bocata al papel de plata, fijo que estaba con Mora templado, gustándose en una serie con naturales con la mano baja, con relajo, pasándose al toro cerca sin descargar la suerte.</p>
<p>Un toro encastado, con Interés, y un torero centrado.</p>
<p>Total, ná. A esas alturas a alguien se le ocurrió sacar un fantástico turrón de Jijona rodeado de piñones, casi-como en navidad. Sólo faltaba la culebrona de mazapán y los villancicos. No sé si hay que sacar el vino en función de la comida o al revés, la comida en función del vino. No sé, si de verdad, la faena acompañó al turrón o al revés, pero fueron complementarias y tan bienvenidas como los dulces navideños en julio.<br />
Carpe Diem o sea goza  del presente que dijo el bueno de Horacio. Todos hicimos bien en gozar con la única oreja realmente justificada de la tarde porque el futuro de esta iba a resultar absolutamente desesperante al ver a otros dos toros irse para adentro,uno con una oreja cutre de menos y el otro con las dos, en dos faenas ramplonas y vulgares. Una, la de Camino que consiguió el premio de una oreja y otra la de «Jesulín» desbordado por una casta a la que no está acostumbrado. Los dos se merecieron premio, porque yo siempre sostengo que en las quinielas también se debería de premiar al que no acierta ni uno con un premio menor, también para eso hay que echarle narices.</p>
<p>Camino hizo malo a un toro bueno dejándose enganchar muleta<br />
las veces que quiso el toro y el pobre «Jesulín», un toro con dos pitones de susto llamado«Trianillo» se lo comió con papas como la cazuela de ternera estofada que a alguien se le ocurrió llevar doce asientos más allá. Todavía me estoy preguntando que pasó con Pablo Hermoso, qué le pasó a «Giralda» para protestar tanto de la boca y estar tan desangelada clavando y saliendo de las suertes. No me explico el alcance en un arreón de un toro que se terminó templando. Tampoco me explico lo de que «Cafetero» en ése quiebro mal preparado estar reunido. Sí me explico las banderillas de «Cagancho»,torero, sometido y poniendo un par magistral,muy en corto, con los pechos por delante y saliendo toreando a un buen toro, el mitin de «Giralda» negándose a ir al toro en el rejón,sin obedecer,  y otra vez«Cagancho»  solucionando la papeleta, tiene, al menos,una lógica.</p>
<p>Un hierro que era pedido por las figuras cayó en desgracia por aquello de que habían pegado unas cornadas a destiempo. Los taurinos lo miraban con desconfianza y  decidieron apuntarse a ella a pesar de que se movía y no repetía sin pensar que al lado de esas cornadas había triunfos significativos e importantes, mismamente<br />
como el de Mora. Sólo hago que pensar en el ganadero<br />
porque, pesar de lo que digan muchos taurinos y, según a ellos, corrida de Cebada no sirvió y eso se lo van a tener en cuenta. Menos mal que no sirvió. El turrón y los piñones de plata,, no hubieran tenido ningún sentido.</p>

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		<title>Feria de Toros, feria de todos, Paco Apaolaza</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Apr 2008 07:09:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Han escrito]]></category>
		<category><![CDATA[Paco Apaolaza]]></category>

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		<description><![CDATA[Esa desgracia no era otra que la necesidad imperiosa de recorrerse las ferias y su calendario vital se dividía en dos, las ferias de antes de San Fermín y las de después, las de corbata y desmadre controlado y las otras, las de solanera, vino frío, bota y cercanías de otoño que, en momentos concretos le desazonaban porque todo lo bueno acaba por terminarse.]]></description>
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<p><strong>Paco Apaolaza</strong></p>
<h6>Agradezco a<em> <strong> <a href="http://nadandoconchocos.blogspot.com/" target="_blank">Chapu Apaolaza</a> </strong></em>que nos   haya facilitado el presente artículo</h6>
<p><strong><em>San Fermín divide el año         del jotero en dos partes bien diferenciadas, en el antes y después         de, con ocho días de todos y para todos.</em></strong></p>
<div id="attachment_217" class="wp-caption alignleft" style="width: 310px"><a rel="attachment wp-att-217" href="http://www.feriadeltoro.net/2009/03/31/gentes-del-toro-fotos-de-silvia-ollo/dsc03191-p-ojeda-y-el-cid/"><img class="size-medium wp-image-217" title="Érase una vez un matador de toros al que los sombreros le caían de maravilla. " src="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2009/03/dsc03191-p-ojeda-y-el-cid-300x201.jpg" alt="Érase una vez un matador de toros al que los sombreros le caían de maravilla. " width="300" height="201" /></a><p class="wp-caption-text">Érase una vez un matador de toros al que los sombreros le caían de maravilla. </p></div>
<p>El bueno de Carlos era como era, un         jotero impenitente y gozosamente disfrutón, con un pasar         digno, con cuarenta tacos en la mochila y unas ganas de vivir         que no eran normales en un hombre de su situación, donde         se llevaba más la prisa, el teléfono, el stress,         el Financial Times y la visita esporádica a Mallorca o         a Marbella.</p>
<p>Tenía, él siempre lo decía,         una desgracia, una especie de estigma genético del que         se sentía secretamente orgulloso, con la modestia propia         del que no quiere crear en su entorno, en su cuadrilla de amigos,         &#8220;condiciones subjetivas de revolución&#8221; que decía         Lenin.</p>
<p>Esa desgracia no era otra que la necesidad         imperiosa de recorrerse las ferias y su calendario vital se dividía         en dos, las ferias de antes de San Fermín y las de después,         las de corbata y desmadre controlado y las otras, las de solanera,         vino frío, bota y cercanías de otoño que,         en momentos concretos le desazonaban porque todo lo bueno acaba         por terminarse.</p>
<p>Soltero y solo en la vida, sin perrito         que le ladrara mas que su propia conciencia y sin un anillo con         una fecha por dentro, que decía la copla a la cual, desde         la tonadilla melíflua hasta la jota valiente o el zortziko,         era gran aficionado, empezaba a revivir allí por febrero         cuando observaba los pequeños signos primaverales en su         entorno y, a pesar del abrigo, algo se le alborotaba en la sesera.         El hilo conductor de su vida era el toro por el que no sentía         pasión pero al que amaba porque le propiciaba todo por         lo que vivía.</p>
<p>El bueno de Carlos no era lo que se         dice un ludópata, no se vayan a creer, sino un lúdico,         lúcido y consciente de que su forma de vida podía         ser un seguro contra infartos de raíz laboral.</p>
<p>La Costa Mediterránea.</p>
<p>No le gustaba demasiado la feria de         Valdemorillo porque, decía, era de boina, pelliza y aguardiente         puro y duro, de camiseta y estornudo; su ciclo todavía         no se había iniciado y no era cosa de precipitar las cosas.         En Marzo tenía dos citas Mediterráneas a las que         acudía puntualmente con ropa de entretiempo y el ánimo         todavía un poco embotado, &#8220;para soltar músculos.         Castellón era el primer <em>round</em> y allí tomaba         los primeros soles, se asustaba siempre con la &#8220;mascletá&#8221;         y gozaba con el humo de la pólvora que le inundaba los         pulmones. Al terminar los toros y después de llegar a         las mismas conclusiones de siempre, cenaba con gente de allí,         Carlos tenía amigos en todas partes, e iniciaba la ronda         de pubs contando chistes y ojoavizorando, siempre con la escopeta         cargada, mozas a las que requebrar y con las que horizontalizar         ternuras discretamente. Con el sabor del &#8220;arros&#8221; del         Grao en la boca y sin, todavía, sentirse a gusto, bajaba         a Valencia en busca del barroquismo, la feria, la luz y el fuego         pues había algo, entre tanto tópico, que le llegaba         vía la cara, roja y jocunda, de acercarse a ver los &#8220;ninots&#8221;         crepitar y derrumbarse con un ruido sordo y luminoso. La Virgen         de los Desamparats y los falleros lo traían al fresco         porque, decía, no tienen nada de cachondos y la gente         que transitaba ordenada y masivamente, no encajaba en sus esquemas         festivos. No había llegado la hora ni la Época         de desmadrarse, el cuerpo no se lo pedía, pero las corridas         de toros empezaban, a estas alturas, a motivarle profundamente         y ya discutía un muletazo o la bravura de un toro, algo         que quince días antes le resultaba baladí.</p>
<p>Sevilla, mire usted, que maravilla.</p>
<p>De vuelta a su querencia preparaba todo         lo que necesitaba para irse, en farolillos, a Sevilla. Le gustaba         al hombre porque pensaba que es la única fiesta de verdad         pagana y que no esta bajo la advocación de nadie. &#8220;Y         si te toca un Santo malaje, qué&#8221; pero siempre terminaba         por echar de menos que no fuera una fiesta de todos con todos         que eran las que le apasionaban. En Sevilla huía de las         copas, de pubs y demás zarandajas y se dedicaba a vivirla         con pasión contenida, con corbata nocturna en el tráfago         de casetas, vinos y manzanillas varias y era la primera vez en         el año en que bailaba con la gracia de la buena voluntad         y la primera en la que se rompía la garganta intentando,         al amor de un aguardiente de tigre, cantar un fandango desaforado         porque hay horas que el intimismo no le iba demasiado. Disfrutaba         como pato en una charca en la Maestranza a pesar de los toros         chicos, a él no le iban y, hombre sensible, entendía         el aire de la señora del búcaro, del reventa, del         tío del turrón en el baratillo y de Curro Romero.         Sevilla era el único sitio en que las madrugadas le sorprendían         y no sabía porqué. Se limitaba a contemplarlas         y olerlas pues no hay que olvidar que Carlos era un sibarita         del momento, del instante, del quejío que tiene cualquier         cosa en Sevilla.</p>
<p>La cuesta abajo</p>
<p>Cuando llegaba exhausto de Sevilla,         &#8220;de la única forma que se puede llegar&#8221; ya no         vivía esperando el momentazo del cohete, el momentico         de la procesión de San Fermín, &#8220;Joé         que Santo&#8221;, el momento del primer encierro y la fugacidad         de la primera carrera.<br />
A Madrid no iba, &#8220;allí no hay feria aunque haya toros&#8221;,         y se dedicaba a citar a todos los amigos, de todos lados, &#8220;el         seis a las seis&#8221; y, el mismo anunciaba su llegada a las         tropecientas mil personas que conocía en su Pamplona de         cuando te volveré a ver.</p>
<p>Mayo y parte de Junio, con esporádicas         excursiones, para ir calentando el cuerpo, los pasaba insuflando         ánimos a sus cercanos en una cuesta abajo tan pronunciada         y tan sin solución de continuidad como la de Santo Domingo,         donde según él, &#8220;las había pasado mas         putas que Caín&#8221; cuando las piernas y el resuello         todavía eran parte de su patrimonio corporal. Por San         Juan, otro Santo lúdico, lo suyo ya era un auténtico         come-come y preparaba hasta los últimos detalles suyos         y de los que se le acercaban a pedir consejo a sabiendas que         luego, embotijado perdido, iba a quedar medio mal y medio bien         con todos, concepto para él irrenunciable del seis al         catorce de Julio. El sabía que nadie se lo iba a tener         en cuenta y que su afán de aglutinar a todos bajo la carpa         del cielo de Pamplona le salvaría siempre in extremis.</p>
<p>A partir del siete entraba en una especie         de éxtasis jotero y se le veía en todos los lados         y en ninguno, hablando con todos, vacilando con todos y todos         con él. Se empapaba de calle con regusto a churro y chocolate         mientras le entraba un no sé qué en las dianas,         le sudaban siempre un poco las manos instantes antes del cohete         y vivía el encierro con la gente de a pie, a codazos,         de puntillas estirando el cuello. El no veía: vivía,         presentía y sufría. Pasaba del tormento al éxtasis         en nada, en segundos. Era el único momento que le gustaba         vivir a solas, &#8220;en intimidad&#8221;, decía. Después         sí. Desayunaba muchas veces y se iba con alguien al baile         de la Alpargata esperando la hora del almuerzo, esperando la         hora de sus inefables magras. Gozaba del sol atemperado y mientras         algunos de sus amigos se iban a la cama, él iba en busca         de otros que le aguantaran el tirón de los gigantes y         cabezudos. Se lo pasaba como en fiestas con las carreras y los         pucheros de los críos y crío, al fin y al cabo,         no dejaba de meterse con el Tío Vinagre hasta que éste         lo dejaba por imposible.</p>
<p>Era la hora del apartado y era la hora         de hablar de toros a pesar del agobio. El no se movía         de la barra por la que, indefectiblemente, pasaban todos a tomar         vino fino que nunca probaba porque &#8220;no tengo el cuerpo como         para mezclas&#8221;. Siempre salía en cuadrilla al poteo         con pinchos &#8220;cuanto mas churrustrosos, mejor&#8221; saludando         a uno y a otro y metiéndose con la cara del prójimo,         sin fijarse en sus ojeras. La comida ruidosa, desordenada, festiva         y lenta le dejaba &#8220;el cuerpico arreglado&#8221; para esperar,         copa en la mano y tranquilidad, la hora de irse a las mulillas         para subir a la plaza con el pasodoble inundándole el         espíritu. A los toros iba a sombra sin merienda, siempre         se la llevaban y allí disfrutaba con todo pensando que         &#8220;el año que viene voy a sol&#8221;, cosa que nunca         hacía a pesar de los ruegos de los de Muthiko. Se desaceleraba         al salir mientras le daba al trago largo y la cena siempre le         pillaba a trasmano para perderse después, con todos en         el lío nocturno.</p>
<p>Cuando llegaba el catorce se apoderaba         de él un muermo angustioso de ver y sentir que se terminaba,         que se tenía que despedir, cosa que nunca hacía         porque el nudo en la garganta se lo impedía siempre. Para         él las ferias de &#8220;después de&#8221; ya eran         otra cosa y las vivía con cierto distanciamiento. Vitoria         no le llenaba, no era de todos y en Bilbao, otra vez la corbata,         a pesar de ser agradable y tranquila, su ciclo vital se aproximaba         a su fin y veía el otoño como algo insoslayablemente         cercano.</p>
<p>Carlos se iba ralentizando para retomar         sus cuarteles de invierno en las debidas condiciones. Una vez         llegado septiembre se escapaba a Logroño a hacer catas         salvajes pero era otro ya, distinto, un punto más escéptico         y un mucho más cansado. Sólo se le iluminaba la         cara con los recuerdos y era capaz, fugazmente, de volver a su         verdadero ser contando las cosas de su Feria de Todos. Los que         le conocíamos y le conocemos sólo teníamos         que decirle: &#8220;ya falta menos&#8221; para que se nos viniera         arriba superando la humedad, el gris, el muermo. Ahora que ya         no falta nada estará el bueno de Carlos, jotero impenitente         y gozosamente disfrutón, en cualquier esquina de la Feria         de Todos, con todos.</p>

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		<title>Buenas tardes tristeza</title>
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		<pubDate>Fri, 15 Jul 1994 00:42:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Paco Apaolaza]]></category>
		<category><![CDATA[Jesulín de Ubrique]]></category>

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<h4><strong>Paco Apaolaza</strong></h4>
<h6>&#8220;Diario de Grada&#8221;,<a href="http://www.pacoapaolaza.com/"> </a>publicado en &#8220;<strong>Diario de  Navarra</strong>&#8221; el 15 -7-1994</h6>
<p>Pamplona 14 de julio toros de <strong>Osborne</strong> para <strong>Jose María Manzanares</strong>,<strong> Espartaco </strong>y <strong>Jesulín de Ubrique</strong></p>
<p>Todo parecía eterno, todo allá, el día seis y  		no se que es lo que ha pasado que me dicen así de repente que desde ya  		prácticamente de todo aquella eternidad no quedan más que cenizas. No me  		lo cuentes vecina o, mejor dicho si, porque yo todavía tengo el mismo  		cuerpico que tenía en la procesión, mirando embobado pasar al santo y  		con la carne de gallina en los brazos emboscado en la alpargatería de la  		viuda de Juan García allá en Zapatería. De repente la grada del diario,  		la de los diabéticos, por la cantidad de dulce que se trasiega, se me  		acaba en una tarde con un cartel de los que dicen de lujo y todo empieza  		a amontonarse en la cabeza como si los recuerdos se hubieran puesto a  		caminar todos a la vez con el estruendo del primer martillazo que sacó  		ayer por la mañana el primer clavo de los maderones del vallado. Insisto  		que yo creía en esa eternidad luminosa y esto, querida vecina, no se  		hace porque la puñalada de nostalgia es más grave que los bajonazos que  		hemos visto repetidamente. Es difícil pero vamos a cantar todos la  		primera gracia, aquella del «que buena estas Rocío» démosle duro al  		«vamos a subir», desgañitémonos con el vals de Astráin, perdámonos en el  		clamor del «Chocolatero» o en los muletazos de Muñoz y, porque no, de  		Pauloba. Aquello no era eterno, ahora, en la inmediatez del fin me doy  		cuenta.</p>
<p>Algo me barruntaba yo pero la realidad era tan hermosa que  		nadie, ningún lazarillo de la tragedia podía oler el poste del pobre de  		mí taurino, un espectáculo follonero, un espectáculo cutre, bochornoso,  		triste, imposible en otra fecha con la gente echando la casa por la  		ventana y una presidenta culpable de trivializar semejante espectáculo,  		una presidencia incapaz de soste nerse con cierta dignidad. Yo se que  		esto de «Jesulín», del número del sexto toro, del niño de pamplonica,  		del rabo, del cipote que se montó se debe de tomar a cachondeo pero, es  		imposible. Todo estaba preparado y todos tragaron con una mierda de  		corrida, la presidenta decía que eran bombones y, a parte de «una gozada  		de cartel», la cosa era como «la guinda de unas buenas fiestas». o sea  		eso. Vaya guinda para la tarta, vaya broche de como de puestillo en  		Estafeta. Vaya bajonazo triste al prestigio de Pamplona, que imprudencia  		tan supina la del que compró semejante novilladona, la de los que la  		aprobaron con criterios gastronómicos a los bombones. Un desacato triste  		que no se arregla con rabo, con las puertas grandes, con la utilización  		del sempiterno niño «jesulinítico» ni con la frase esa de la gente se  		divirtió que no es más que intentar salvar una cara con el arrebol de la  		vergüenza. Estas cosas no se pueden tomar a cachondeo. La vergüenza  		pueblerina del numerito de las mulillas, con Antonio Caba, subalterno de  		«Jesulín» metido por allí, por entre los caballos, no hace sino aumentar  		la tristeza. No solo se han terminado unas fiestas sino, probablemente  		un estilo de hacer las cosas. Buenas tardes tristeza, bienvenida,  		siéntese aquí y vamos a cantar el pobre de mí con hipidos, con los ojos  		húme dos, sin violencia, dejando que la vista y el oído, el cuerpo vaya  		llenando los vacíos que dejan las ausencias y la incalificable sensación  		de cotidianeidad, esta vez mucho más vacua, ramplona, fría y  		desagradable.Ellos, los toreros, anduvieron por allí de diferente guisa.  		Ellos vinieron a montar su número con las cabras Amalteas de cuyos  		cuernos sale toda la abundancia, ellos vinieron a eso y se lo  		consintieron. Mejor para ellos. Quien iba a pensar que el presunto lío  		que iban a formar, lejos de aliviarnos de las tristezas del cerrojazo  		nos iba a sumir en el más profundo de los desamparos. Manzanares con el  		primer bombón anduvo con esa maestría última que debe de consistir en  		torear con la muleta retrasada a partir del muslo y rematar los  		muletazos a la altura de la hombrera, pegando un zapatillazo para  		provocar la embestida. Es cierto que algunos derechazos tuvieron temple  		y elegancia. Es cierto que dos naturales tuvieron tanta plasticidad como  		poco sentimiento así como que nunca se le pasó la posibili dad de  		juagrse medio alamar y echar cierta pasión. En el cuarto se produjo la  		primera situación aberrante cuando un torillo semiinválido se rompió un  		pitón y nadie, absoluta mente nadie, protestó la pretensión de  		Manzanares de torearlo. Nadie dijo ni mú, solo el torillo quejumbroso.  		En esta temporada en que «Espartaco» no está llegando con nitidez a los  		públicos, Pamplona le coreó el nombre con pasión en el primerillo, una  		cosita mansita e inválida al que le hicieron solo un ojal en el caballo  		y que se rehizo embistiendo con bobería a una muleta que nunca lo  		molestó, que le cogió el ritmo, que le pegó sesenta muletazos sin  		vibración, con facilidad, sin temple y con cierto entusiasmo. La  		fierecilla domada iba y venía, venía e iba, sumisa hasta que se encontró  		con una estocada desprendida que acabó con su trote sin brillo. Dos  		orejas a la primera. A Manzanares no se las dio porque con eso de los  		pincahzos solo salieron cuatro moquerillos que si salen ocho ya  		hubiéramos visto. Si chico era el segundo, el quinto ya era como de  		chiste cutre e indecente y a su aire, defendiéndose sin exagerar y  		repitiendo. La faena fue de los 101 muletazos, sobaos al principio,  		pudiendo -que sarcasmo- con el, al muletazo 99 se agarró a la penca del  		rabo del torillo sonrojante y no lo crujió matando. Lástima porque  		seguro que la presidencia le hubiera dado, lo que hubiera pedido un  		público pasota de liquidación por derribo y casa por la ventana que  		mañana no salgo de la cama. «Jesulín» no pudo con el primero, sosón,  		corto pero sin ser parado. Le pegó muchos trapazos y el bajonazo  		correspondiente. Al sexto le hizo de todo y cuando digo de todo es por  		algo. De todo salvo el pase de la tortilla que le salió revuelta. La  		gente loca. El resto circo como el que hay por ahí con fieras y niños.  		Que indecencia. Vamos tristeza, no llores. Esto hay que celebrarlo.</p>

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		<title>&#8230;et polvus revertérit</title>
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		<pubDate>Mon, 15 Jul 1991 00:38:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Paco Apaolaza]]></category>
		<category><![CDATA[Manili]]></category>
		<category><![CDATA[miuras]]></category>
		<category><![CDATA[Ruiz Miguel]]></category>
		<category><![CDATA[Tomás Campuzano]]></category>

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		<description><![CDATA[Bien, ya estamos hechos polvo, ya estamos hechos fosfatina, ya nos han dado la tarde y nos han dejado, aparte la maldición divina, con un sabor amargo en la boca por si no tuviéramos bastante con el propio de vivir, es un decir, el maldito día catorce que, para más «INRI», cae en domingo. La verdad es que la corrida deMiura siempre trae aparejado, cuando se lidia, como es costumbre, el último día de feria, una escandalera en el sentido triunfalista de la palabra, o en el otro, en la bronca.]]></description>
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<h4><strong>Paco Apaolaza</strong></h4>
<h6>&#8220;Diario de Grada&#8221;, publicado en &#8220;<strong>Diario de  Navarra</strong>&#8221; el 15 -7-1991</h6>
<p>Pamplona 14 de julio toros de <strong>Miura</strong> para <strong>Francisco Ruiz Miguel</strong>,<strong> Manili </strong>y <strong>Tomás Campuzano.</strong></p>
<p>Y en polvo te convertirás. Bien, ya  		estamos hechos polvo, ya estamos hechos fosfatina, ya nos han dado la  		tarde y nos han dejado, aparte la maldición divina, con un sabor amargo  		en la boca por si no tuviéramos bastante con el propio de vivir, es un  		decir, el maldito día catorce que, para más «INRI», cae en domingo. La  		verdad es que la corrida de Miura siempre trae aparejado, cuando  		se lidia, como es costumbre, el último día de feria, una escandalera en  		el sentido triunfalista de la palabra, o en el otro, en la bronca.  		Parece como si importara poco lo que pueda pasar y vamos al remate final  		como en las rebajas o a tirar lo que sobre por la ventana para dejar la  		casa limpia para que al día siguiente no se note que ha habido fiesta no  		nos vaya a dar un mal recordarlo. Que desmadre, que lío, que pasada, que  		horror, que vergüenza, que disgusto, que miedo, que rabia, que amargura,  		que desazón&#8230;que cosa.La corrida había  		transcurrido por los caminos de la normalidad, si es que se puede hablar  		de normalidad cuando salen tres toros a los que no se les puede pegar un  		pase, de puro peligrosos, de puro avisados, de puro mansos, y nadie se  		los había pegado. Las peñas que empezaron con cuerpo de jota y  		alborotando lo normal llevaban ya mucho rato tirándose la harina, el  		cacao en polvo, no el <em>Maravillao</em> y reclamando al «Formidable» a voz en grito. Este ya había banderilleado, ya había saludado por dos  		pares vulgarones y le tocaba a su matador, Tomás Campuzano,  		lidiar el sexto. Salió el prenda, porque era un prenda.. alto, zancudo,  		con un cuello «made in miura» y con unos pitones de asustar,  		emplazándose y mirando pero rehuyendo la pelea. La prenda en cuestión  		tenía que ser picada y tomó saliendo huido de los petos cuatro varas y  		seis picotazos en continuos arreones al peto, al cuello del caballo y al  		castoreño de los dos picadores que hacían lo posible por picar a la  		prenda y los ánimos se iban encrespando con gritos al presidente que  		dudó en el momento más decisivo y a una concejala que se metió con quien  		gritaba al presidente. Por fin se cambió el tercio con un ambiente que  		hacía presagiar lo peor mientras el ruedo se iba llenando de  		almohadillas y las peñas pedían que volviera a banderillear  «Formidable» que le tocaba lidiar con el capote. El toro, aculado en  		tablas y pegando arreones continuos era casi imposible de banderillear y  		cada pasada en falso de los banderilleros era otro punto más en la  		escala de la bronca. Campuzano, rodeado de almohadillas y con el  		toro en tablas salvó una situación que era preocupante con una estocada  		recibida con aplausos. Uffff.</p>
<p>Siempre se tiende a calificar los  		toros de  		 Miura como «interesantes» porque siempre hay un cierto  		pudor en llamarlos, cuando salen así, moruchos. La mansedumbre, el  		peligro declarado, el sentido, los arreones y la imposibilidad de  		pegarles un muletazo son propios de toros de media raza. Interesantes,  		dicen, por cuanto note aburres. Depende del sentido que le de cada uno  		al entretenimiento. A mí particularmente me produce desazón, ya ve  		usted. Lo gordo es que el toro de Cuadri que vino a remendar la  		corrida de Miura salió, prácticamente, con las mismas intenciones  		aviesas y la misma mansedumbre que los otros.</p>
<p>Ruiz  		Miguel, hace tiempo, antes de irse y volver, no hubiera estado  		tan mal con sus dos toros, que no tenían un pase, ni uno, oiga, pero con  		los que se debía de haber estado de otra manera, dada su experiencia y  		su profesionalidad. Su primero era intratable, defendiéndose con la cara  		alta, corto, desarrollando sentido y metiendo los hocicos por debajo de  		la muleta. Estuvo, simplemente frío. Su segundo, otra prenda, resultó  		parecida y se lo quitó de encima pero a la hora de descabellar se le  		notó la desgana y la bronca, un poco injusta, no tuvo maldad. 		«Manili» anduvo centrado con su  		primero, con sentido, mirón y corto. No cabe decir otra cosa ante un  		toro de ésas características que nunca se entregó lo más mínimo. Con el  		de Cuadri estuvo desconfiado y movido ante una embestida con la cara a  		media altura que sólo se medio entregaba hacia tablas. Quizá  		sobándolo.., pero la plaza no estaba para gollerías sólo para aplaudir  		al «Formidable», que lo hizo simplemente bien.</p>
<p>Tomás Campuzano tuvo  		una ligerísima oportunidad con el segundo, sin raza pero con menos  		peligro y con el ambiente que se había creado en la plaza después de su  		brindis a su banderillero. La gente, que comenzó entregada, se fue  		enfriando poco a poco con una faena movida, demasiado movida y con  		demasiadas desconfianzas con un toro que tampoco se entregó. Quizá si  		hubiera acertado con el estoque habría cortado una oreja, quien sabe. Ya  		estamos hechos polvo, ya se terminó San Fermín, ya quitaron el vallado,  		¡ay de nosotros!.., ya queda menos. Animo.</p>
<p><strong><br />
</strong></p>

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		<title>Queridas Peñas</title>
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		<pubDate>Mon, 13 Jul 1987 22:08:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Paco Apaolaza]]></category>
		<category><![CDATA[Chivito]]></category>
		<category><![CDATA[Luis Francisco Esplá]]></category>
		<category><![CDATA[Pabloromero]]></category>
		<category><![CDATA[Victoriano Caneva]]></category>

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<h4>Paco Apaolaza</h4>
<h6>Diario de Grada, <a href="http://www.diariodenavarra.es">Diario de Navarra</a> 13 julio 1987.</h6>
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<p>VAYA por delante que quiero escribir esta carta con toda la tranquilidad del mundo. Vaya por delante que no me quiero contagiar, gratuitamente, del estado pasional y poco objetivo de la tarde. Vaya por delante que me parece que cumplís un papel insustituible en la plaza de toros. Vaya por delante que he defendido y defenderé vuestras reacciones y que cuando hablo de defender, no hablo de asentir displicientemente todas las opiniones sino, como su nombre indica, discutir para que los que no os entienden empiecen a veros bajootro prisma que el de la incomprensión.</p>
<p>La corrida de ayer nos sumió a todos en un estado emocional difícilmente descriptible, ¿por qué?; pues mirar porque salió el toro, el toro que había salido pocas, muy pocas veces este año. En especial el segundo, ese para el que habéis pedido amnistía, opinión que no comparto pero respeto. No sé si habréis leído algunas de mis crónicas, bueno, pues en la última pedía yo un poco de guindilla para estas pochas y la verdad es que a la cocinera, por darme gusto se le ha ido la -mano y ese exceso de guindilla nos ha calentado a casi todos la boca y nos ha encendido algo dentro que es muy difícil de apagar. Es un estado -de agitación nerviosa que hace que todo el mundo discuta y que se llegue a las manos con una facilidad pasmosa.</p>
<p>Encima, -para más inri, hacía un calor, una chicharrina realmente insufrible. Yo, sólo de veros hacer la trainera antes de empezar la corrida, he empezado a sudar y ya no he parado, algunas veces por otras razones que luego os explicaré.</p>
<p>No me toméis por un tío petulante que viene a explicaros nada, porque sois lo bastante mayorcitos para enteraros de las cosas y si luego tiráis por la calle de en medio, estáis en vuestro sacrosanto derecho; pero hay cosas que, a mí modo de ver, no debéis permitir bajo ningún concepto ni en ninguna circunstancia.</p>
<p>Voy a entrar de lleno en el lío de Esplá y con ese segundo toro de nombre «Chivito» que quedará en los anales de Pamplona como el toro más interesante que se ha lidiado. Yo pienso que habéis tenido razón cuando habéis opinado que Esplá tenía miedo de poner banderillas. No entiendo por qué no lo ha hecho.</p>
<div id="attachment_1273" class="wp-caption alignleft" style="width: 310px"><img class="size-full wp-image-1273" title="Victoriano Caneva atendido en el Callejón" src="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2009/05/victorino-caneva-herido-en-el-callejon-m-castell.jpg" alt="Victoriano Caneva atendido en el callejón (M. Castell, en Diario de Navarra)" width="300" height="460" /><p class="wp-caption-text">Victoriano Caneva atendido en el callejón (M. Castell, en Diario de Navarra)</p></div>
<p>Me tendréis que reconocer que si a ese toro le pone tres-pares, coge la muleta, hace cuatro cosas y lo mata, corta todo lo cortable del toro porque a vosotros os gusta que los toreros le echen valor, en un momento dado, a la cosa. Reconoced que os ha entrado un gustito por el cuerpo cuando el toro ha ido para allá, hacia vosotros, y habéis tenido a tiro a Esplá. Os habéis desfogado y cualquier día una sencilla naranja va a provocar una tragedia. Muchos de vosotros corréis el encierro y sabéis lo qué es estar delante de la cara del toro en condiciones de pegar un resbalón. Así, que ya me contaréis a qué venían los naranjazos.</p>
<p>Pero el motivo de esta carta, o esta osadía, es el incidente de los botellazos. Eso de tirar una botella de champán a un torero o a quien sea, es una cabronada y un intento de asesinato, diciéndolo por lo fino además de una cobardía infamante. El tío que, amparado en el anonimato, tira a matar es un cobarde con todas las letras amén de otras cosas y vosotros mismos lo teníais que haber sacado a la puñetera calle. Patas hay en todos los lados, pero mi cabreo sordo y reconcentrado, es por vuestra pasividad ante tanto desafuero, ante tanto cobarde agazapado, ahí, entre vosotros. No los habéis echado a la calle que és como dáis solución y zanjáis otros incidentes y de eso sois, colectivamente, culpables. Creo que lo debería de decir y lo he dicho. Mal tíos, mal. Fatal.</p>
<p>Decía antes que la corrida de Pablo Romero salió mansa, pero, ¡ojo!, lo que no salió fue borrega como las que hemos visto días atrás. Y eso os gustó. A mí también, qué queréis que os diga. Cuando veía al segundo toro arrancarse de lado a lado de la plaza galopando contra querencia en busca del caballo me levanté. No sé por qué, os lo juro porque el</p>
<p>toro era manso pero con una extraña mezcla de bravo y haciendo cosas difícilmente explicables y menos catalogables. Yo creí que cuando saltó por segunda vez la barrera, de bajo de donde vosotros estáis y se pegó esa costalada tan tremenda había terminado pero ya, ya. Salió otra vez encampanado, orgulloso, fiero, imponente. Toros así deberían de sacarlos alguna vez para que sirviera de contrapunto a tanta memez borrega. ¿Verdad?</p>
<p>Lo qué me preocupó más fue que los toros se pararan en la muleta pero no os vayáis a creer que sacaron un peligro claro, no; la cara alta, pegando rebañones y embistiendo al paso fue su comportamiento generalizado pero a estos toros también se les pueden y deben hacer las cosas bien y no perder los papeles. Ayer fue tarde de eso pues lo perdieron los toreros, vosotros y los toros.</p>
<p>José Antonio Campuzano estuvo debatiéndose entre el querer y no querer en su primero. No sé quién estaba más asfixiado el toro o él.</p>
<p>La muleta retrasada, el citar fuera de cacho y el querer dar gato por liebre fue la tónica de su quehacer. Y la estocada?, qué me decís del bajonazo, pues-eso. Al cuarto se le fastidió la mano en la primera vara, pero embestía sosamente, Campuzano debió pensar que vuestro rollo con Esplá le dejaba a él al margen y allí se quedó, sin molestar, procurando pasar desapercibido, no fuera que os fijaseis en él.</p>
<p>Ya os he dicho antes que Esplá perdió una oportunidad de oro. El otro día ya os trajinó un poco ¿Os acordáis? Y si, hubiera querido, ayer también. Después, cuando le pasó silbando el botellazo dejó de banderillear y eso terminó de poneros fuera de lugar. Tengo que reconocer que yo también lo hubiera hecho. La habéis pagado con el ¡nocente, no con los culpables</p>
<p>que fueron los del botellazo y paso atrás. Ahí os habéis columpiado de verdad, porque después anduvo encoraginado y queriendo, pero ya no había nada que hacer. ¡Vuestro Esplá, Esplá, Esplá&#8230;! Os falló ayer y no lo habéis perdonado. Qué iba a hacer Lucio, decidme.</p>
<p>Bastante hizo con estar casi a la altura del único toro que embistió algo; bastante hizo con callaros en pleno «¡Hola don Pepito, hola don José!». Dando al toro los terrenos justos y templando en algunos muletazos sueltos.</p>
<p>Luego, al hombre, se lo comió la barahúnda del desmadre de insultos y discusiones en el callejón y no supo estar a la altura del sexto que, sin peligro, se dejaba un poco.</p>
<p>Ya lo sabéis. Perdonad mi atrevimiento pero creo que debía de decir lo que he dicho. Lo entendéis, ¿verdad? Un abrazo colectivo.</p>

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