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	<title>Feria del Toro, Feria de San fermin &#187; Matadores</title>
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		<title>La ausencia de «Yiyo», el enamorado de Pamplona</title>
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		<pubDate>Sat, 28 Jan 2012 18:38:12 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Los espectadores se habían olvidado de que el muchacho vestía de calle. Ya no importaba, ante su valor, la parafernalia. «Yiyo» asombró a todos porque había demostrado que tenía la cualidad que en estas tierras más se aprecian: la valentía. [Antonio D. Olano, 1986]]]></description>
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<h4><strong>Antonio D. Olano</strong></h4>
<h6>Publicado en la revista del Club Taurino de Pamplona, año 1986</h6>
<div style="text-align: right;"></div>
<p style="text-align: right;"><em style="text-align: right;">«La muerte violenta es la belleza última, siempre y cuando se muera joven» (</em><span style="text-align: right;">Mishima).</span></p>
<div style="text-align: right;"></div>
<div style="text-align: right;"></div>
<div style="text-align: right;"><strong>Los «sanfermines» saben de esa «belleza última» de la que nos habla el escritor japonés que sabía también que la muerte violenta es la más espectacular de todas las muertes. El mismo la eligió para sí, exigiendo la presencia de las cámaras de televisión, para ofrecer el espectáculo de su propia muerte: el ha-ra-kiri.</strong></div>
<div></div>
<div>
<div id="attachment_2882" class="wp-caption alignleft" style="width: 290px"><a href="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2009/09/yiyo-vuelta-al-ruedo-foto-mena.jpg"><img class="size-full wp-image-2882" title="Vuelta al ruedo de Yiyo (foto: Mena)" src="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2009/09/yiyo-vuelta-al-ruedo-foto-mena.jpg" alt="" width="280" height="369" /></a><p class="wp-caption-text">Vuelta al ruedo Yiyo (foto: Mena)</p></div>
<p style="text-align: left;">  Ninguno de esos jóvenes que madrugan para participar en el encierro, lo haría si supiese que les espera un desenlace trágico. Pero estoy seguro que no correrían delante, al lado o detrás de los toros, si no existiese el riesgo.</p>
</div>
<div></div>
<div>No creo que haya un solo espectador de la Fiesta que desee el percance de un torero. No obstante, estoy seguro que si se descartase todo tipo de riesgo, las corridas no tendrían el menor interés para los aficionados. El peligro está ahí, agazapado y corredores de encierros y hombres vestidos de luces lo afrontan, le echan un pulso, lo necesitan incluso.</div>
<div></div>
<div style="text-align: left;"></div>
<div style="text-align: left;">Quiero referirme a un muchacho que esta «Feria del Toro» ya no hará el paseíllo en la plaza de Pamplona. Debutó de novillero y cortó una oreja. Desde 1983, el año de su revelación en la «Monumental» madrileña, acudía puntualmente a la cita con la Fiesta, la auténtica Fiesta española que tiene como pregón en el mundo los carteles pamplónicas.</div>
<div style="text-align: left;"></div>
<div></div>
<div>Para- «<strong>Yiyo</strong>» era, esta cita anual, una verdadera satisfacción. Procuraba llegar uno o dos días antes, alojándose en el «Hotel Yoldi» y, si no tenía compromisos inmediatos, se quedaba otros dos días para disfrutar de los festejos populares.</div>
<div>El primer año, julio de 1983, nos dimos cita en el hotel y comenzamos a recorrer la ciudad. Nos instalamos en una terraza del «Café Iruña» y presenciamos el espectáculo callejero de la Plaza del Castillo. «Yiyo» y yo hablamos de <strong>Hemingway</strong>, de la devoción con que cuenta entre los navarros y de que habían puesto en tela de juicio los conocimientos taurinos del Premio Nobel, escritores como Corrochano o, más recientemente, ese gran aficionado francés que es <strong>Jean Cau</strong>, autor de «Las orejas y el rabo».</div>
<div></div>
<div> José Cubero Sánchez, «Yiyo», se interesó por los encierros. «Me gustaría correrlos». El sabía que otros toreros, como Antonio Ordóñez, habían participado. Le prometí que me pondría en contacto con algunos de los corredores, como mi amigo <strong>Lalo</strong>. Ellos estaban dispuestos a acompañarle y a instruirle. «Yiyo» prefirió que pasase su serio compromiso en la plaza y, al día siguiente, además de resultar el triunfador, sufrió uno de los percances más serios de su vida. El toro lo alzó por los aires una y otra vez. Hizo por él en el suelo y lo volvió a lanzar, como a un pelele. Su traje de luces resultó destrozado. Fue a la enfermería, después de matar a su enemigo y «Chocolate», su mozo de estoques, hizo que se pusiese un pantalón vaquero, con el que toreó magistral-mente al segundo toro y le cortó las orejas. Los espectadores se habían olvidado de que el muchacho vestía de calle. Ya no importaba, ante su valor, la parafernalia, el ritual que rodea a los toreros: alamares, machos, trajes resplandeciendo al sol o por la magia de la iluminación artificial. «Yiyo» asombró a todos porque había demostrado que tenía la cualidad que en estas tierras más se aprecian: la valentía.</div>
<div></div>
<div></div>
<div>Al día siguiente, seriamente magullado, renunció a acudir al encierro. Su plan, de pasar varios días disfrutando de las fiestas, se vio truncado.</div>
<div></div>
<div></div>
<div>Gran aficionado a la gastronomía, fiaba de mis conocimientos a la hora de elegir un lugar. Aquella noche fuimos a cenar a «Josetxo», aún en la calle de la Estafeta, acompañados de Tomás Redondo, su apoderado y su segundo padre, el hombre sin el cual «Yiyo» tal vez no alcanzase la máxima cumbre del toreo, esa consagración que se vio cortada por la muerte.</div>
<div></div>
<div></div>
<div>Se me agolpan los recuerdos y no puedo precisar fechas exactas. Una mañana, de uno de los meses de julio que allí convivimos, quiso vestirse como un mozo más. Recorrimos las barracas y puestos de venta del Paseo Sarasate, del que salió con la indumentaria clásica, de la cabeza a los pies. De aquel calzado no se desprendería jamás porque encontraba que era muy cómodo para el viaje. Además compró un mono, un muñeco de peluche, accionado desde el interior con la mano, un muñeco de guiñol con el que trataba de «asustar» a las muchachas y divertir a los niños.</div>
<div></div>
<div></div>
<div>Otro año, después de torear y triunfar, se quedó dos días con los amigos. Gozaba de Pamplona como pocos foráneos lo han hecho. Habíamos dispuesto la cena en un céntrico restaurante pero, conducidos por <strong>Curro Fetén</strong>, gran descubridor de lugares gastronómicos y tabernas, fuimos a «El Cosechero», en el que, docena a docena, terminamos con una gran «cosecha de sardinas». A pocas personas como a «Yiyo» he visto gozar tanto de los placeres de la mesa, en este caso concreto de la barra. Estaba con nosotros otro gran amigo suyo, el torero colombiano <strong>César Rincón</strong>. Al día siguiente nos despedimos de la ciudad con una suculenta comida que nos ofrecieron la viuda del <strong>doctor Goñi</strong>, su hijo y sus hijas.</div>
<div></div>
<div></div>
<div>En Pamplona su triunfo volvió a ser ruidoso. Toreó muy bien en la primera corrida y armó la escandalera en la segunda. Allí vivimos nuevas anécdotas. A «Yiyo», como ya he dicho en líneas anteriores, le acompañaba el colombiano Rincón, que llegó a España de la mano de <strong>Tomás Redondo</strong>. Permanecieron en Pamplona sin prisas, esperando a la siguiente corrida. Al día siguiente de la «sardinada» de «El Cosechero»-«El Marrano» para los clientes habituales-nos levantamos muy temprano para asistir a los encierros. «Yiyo» y César Rincón nos vinieron a buscar, a <strong>Antonio Carabias</strong> y a mí, al «Maysonave», otro de los hoteles más taurinos de la ciudad navarra.</div>
<div></div>
<div></div>
<div>Nos instalamos en el edificio de la «Telefónica», en donde tiene uno de sus puntos de conexión «Radio Nacional de España» . Desde allí Carabias retransmitía el paso por la Estafeta de mozos y toros y su entrada en la plaza. Presenciamos varios percances. Había un enorme gentío y los guardias pugnaban por desalojar el pasillo por el que corren las reses. Los maleantes, borrachos, drogadictos y otras gentes que se llaman «de mal vivir» fueron desalojados.</div>
<div></div>
<div></div>
<div>Concluido el encierro de ese día, cumplimos con una de las grandes tradiciones, que es desayunar en «Marce-liano», una de las tabernas de la «ruta Hemingway». Allí, regado con vino de la tierra, comimos huevos fritos con chistorra. Después Carabias y yo volvimos al hotel y «Yiyo» y César, que la noche anterior se habían comprado pañuelo rojo y las clásicas alpargatas, marcharon a entrenarse. Les recomendé las merindades liriconas de las murallas para que además de entrenarse y conservar la forma, hiciesen turismo. Nos volvimos a ver por la tarde, a la hora de la corrida. «Yiyo» disfrutaba como un niño del espectáculo que tenía ante sí. De lo insólito que allí es cotidiano, como los embriagados y los «hippies» durmiendo en plena calle sin importarles el ruido.</div>
<div></div>
<div></div>
<div>La tarde de su segunda actuación y triunfo lo retuvieron durante mucho tiempo en el hotel. Lo «invadían» los eternos triunfalistas, los que dicen «hoy hemos triunfado» y los que afirman «hoy ha pegado el petardo», íbamos a cenar a un restaurante popular, pero optaron por quedarse en el «Yoldi». Yo me fui con <strong>Ortega Cano</strong>, otro de los triunfadores y mártires de la temporada. Al día siguiente, después de la corrida, conducidos por ese Nouvolari, uséase: <strong>Eulogio Núñez</strong> -máximo seguidor de «Yiyo»- volvimos a Madrid. Hicimos el consiguiente alto en el camino. Paramos en «Antonio», muy cerca de Soria. Como siempre, pedimos un transistor para escuchar los programas taurinos. Si «Yiyo» oía hablar de sí mismo, dijesen lo que dijesen, jamás hacía el menor comentario. Todo lo contrario que Tomás Redondo, que se indignaba ante lo que consideraba injusto.</div>
<div>Hablamos en numerosas ocasiones de Pamplona. Esta es una plaza a la que, si me contratan, no dejaré de acudir jamás».</div>
<div></div>
<div></div>
<div>Pamplona era, es, una fiesta. «Yiyo» era, fue, una fiesta. Por eso en esta revista del «Club Taurino», al que acudí en más de una ocasión acompañándolo, quiero recordar hoy a José Cubero Sánchez con el que, a la manera de Miguel Hernández, tanto quisimos. Si, los muchachos de las bulliciosas «peñas», los aficionados y quien este artículo firma.</div>
<div></div>

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		<title>Dominguín, Ordóñez, Rivera, dinastías taurinas ligadas a los «Sanfermines»</title>
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		<pubDate>Thu, 21 Apr 2011 18:50:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Es prácticamente imposible un libro, un estudio, una historia taurina en la que se prescinda de Pamplona. Los "Sanfermines" ocupan, desde hace varios años una buena parte de mi producción periodística y literaria. Trato hoy sobre tres Dinastías: "Dominguín, Ordóñez, Rivera". [Antonio D. Olano, 1988]]]></description>
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<h4>Antonio D. Olano</h4>
<h6>Publicado en la Revista del Club Taurino de Pamplona, año 1989</h6>
<p><strong>Es prácticamente imposible un libro, un estudio, una historia taurina en la que se prescinda de Pamplona. Los &#8220;Sanfermines&#8221; ocupan, desde hace varios años una buena parte de mi producción periodística y literaria. Trato hoy sobre tres Dinastías: &#8220;Dominguín, Ordóñez, Rivera&#8221;.</strong></p>
<p><strong>El &#8220;fracaso&#8221; de Luis Miguel</strong></p>
<p>Pese al apoyo familiar y al renom­bre del patriarca de la familia, el viejo Domingo Dominguin, no fue un cami­no de rosas el que recorrió Luis Miguel que recuerda, junto a sus éxitos, lo que él llama sus fracasos.</p>
<div id="attachment_1503" class="wp-caption alignright" style="width: 299px"><a href="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2009/05/domigin-inge.jpg"><img class="size-full wp-image-1503 " title="Luis Miguel Dominguín vistiéndose  (Inge Morath)" src="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2009/05/domigin-inge.jpg" alt="Luis Miguel Dominguín vistiéndose (Inge Morath)" width="289" height="433" /></a><p class="wp-caption-text">Luis Miguel Dominguín vistiéndose (Inge Morath)</p></div>
<p>&#8220;En Toledo me puse de rodillas, en la puerta de chiqueros, para esperar al toro. Era como volver a tirar la famo­sa moneda &#8220;a cara o cruz&#8221;. En situa­ciones así hay que emplear los movi­mientos justos y bien medidos. De ello depende el éxito o el fracaso. Y de la velocidad del toro, si viene inclinado hacia un lado o hacia otro. Arrodilla­do, como estaba sale el toro. Le llamo la atención. Se detiene a tres metros de mí. Empieza a oler la arena, buscando hierba. Y se tumba. La carcajada del público fue horrible, parece como si la estuviese escuchando. Mi desmoraliza­ción era tremenda. Estaba intentando hacer la cosa más importante y, como respuesta, me encontré con la situación más grotesca que pueda sucederle a un torero. Mi segundo toro galopaba, daba vueltas y más vueltas. Fue impo­sible sosegarlo, ni aún después de in­tentarlo reiteradas veces. Aquel día lle­gue cabizbajo, sombrío, triste, a mi casa. Me asomé al balcón de mi casa de la calle del Príncipe, desde el que veía toda la plaza de Santa Ana. Deci­dí que yo no servía para aquello y que los toros se habían terminado para mí. Jaime Martín vino a verme, fue el úni­co que lo hizo&#8221;.</p>
<p>Su porvenir aparecía negro ante él. Solamente le quedaba un contrato en Pamplona. No tenía cuadrilla ni dine­ro. Anticipó el viaje para conocer los Sanfermines, de los que iba a ser pro­tagonista. Consiguió una habitación en el famoso &#8220;Hotel La Perla&#8221;, en la Pla­za del Castillo y con vistas a la calle de la Estafeta, por donde pasan los toros del encierro. Pidió que lo llamasen antes de las siete para presenciarlo. Pero, a las siete menos cuarto, lo despertó una pamplónica impresionante &#8220;con dos protuberancias como el castoreño de un picador&#8221;. Después del encierro, la cama. Y, como él confiesa &#8220;el dra­ma&#8221;.</p>
<p>&#8220;Acababa de quebrar todos los es­quemas del torero que quiere llegar. Me había acostado con una mujer an­tes de ir a torear. Se apoderó de mi un sentimiento de culpabilidad. Me des­preciaba terriblemente. No me cansaré de repetir que cada una de mis corna­das tienen el nombre de una mujer&#8221;. Pese a estos remordimientos y a su convicción de que una mujer ha sido siempre la causa de sus cornadas, aque­lla tarde Luis Miguel triunfó en Pam­plona. ¡Un buen refuerzo para su baja moral! Ya se habían esfumado aquellos fantasmas, aquellas brujas shakesperianas que, en su casa madrileña de la ca­lle del Príncipe, le habían convencido de que no debía ser torero.</p>
<p><strong>La boda del patriarca</strong></p>
<p>Pero si Luis Miguel parte de nuevo tras su triunfo pamplónica, no es me­nos decisiva la influencia de esta ciu­dad en &#8220;el patriarca&#8221;, su padre. Puede leerse en el libro de mi autoría, del que tomo estos datos:</p>
<p>&#8220;Ya es tiempo de enamorarme. Co­noce a una jienense, jugadora de Pelo­ta Vasca en la estación de Alsasua. Do­mingo González Mateos regresaba de Pamplona, de torear en los &#8220;Sanfermi­nes&#8221;. Gracia Lucas, acompañada de su madre, también regresaba a Madrid. Se casan y no tardarán en tener su primer hijo. Domingo González Lucas, en la calle de Echegaray número 7. Se le bau­tiza, como a tantas celebridades —entre ellas &#8220;Cuchares&#8221; y Rafael &#8220;El Gallo&#8221;-en la célebre Iglesia de San Sebastián, escenario de la novela &#8220;Misericordia&#8221;, de Benito Pérez Galdós. Los otros dos hijos toreros del ma­trimonio, Domingo y Pepe, también hi­cieron el paseíllo en la plaza de Pam­plona, con diversos resultados.</p>
<p><strong>&#8220;Es de Ronda&#8230;</strong></p>
<p>&#8230;y se llama Cayetano&#8221;. Así con ese título para su crónica, lo marcó para siempre Gregorio Corro-chano (&#8220;A.B.C., 1925). Se refería a Ca­yetano Ordóñez, del que Rafael Alber-ti escribió unas inspiradas &#8220;chuflillas&#8221;:</p>
<p>&#8220;¡Qué salero! ¡Cógeme torillo fiero! Alas en las zapatillas, céfiros en las hombreras, canario de las barreras, vuelas con las banderillas. Campanillas te nacen de las chorreras&#8221;</p>
<p>Si Ronda le da su &#8220;duende&#8221; y hasta su misterio, éste se descubre en Pam­plona, en diversas ocasiones y es Er-nest Hemingway en su novela &#8220;Fiesta&#8221; el encargado de hacerlo.</p>
<p>El novelista se encuentra con &#8220;El niño de la Palma&#8221; en Pamplona, en 1925, año en el que reaparecía Juan Belmonte. Hemingway y su mujer, la pianista Hadley Rochardson, con la que se casó en 1921 en Chicago, y sus amigos, decidieron conocer las fiestas de Pamplona y seguirían acudiendo en años sucesivos. Se dirigieron al &#8220;Hotel La Perla&#8221;, no les agradaron las habita­ciones que les ofrecían y la encargada del hotel los envió a la calle Eslava, 5, esquina con Mayor, en donde les faci­litaron una amplia habitación. Esa fue, pues, la primera residencia de los He­mingway en Pamplona.</p>
<p>Pero el año en que conocen a Cayetano Ordóñez, se hospedan en el &#8220;Ho­tel Quintana&#8221;, en la Plaza del Castillo, que era la residencia habitual de los más importantes toreros. Allí se hospe­daban los Juan Belmonte, Nicanor Vi-llalta, Cayetano Ordóñez.</p>
<p>Y ya hay que recurrir a &#8220;Fiesta&#8221;, en donde cambia el nombre a Ordóñez y le llama &#8220;Pedro Romero&#8221; y, asimismo, muda el nombre propio, el de su mu­jer, el de sus amigos. Y hasta el de Jua-nito Quintana, que estaría tan unido al novelista, al que llama &#8220;Montoya&#8221;. Que los sube a la habitación, los pre­senta mientras el muchacho se viste de luces. Cayetano les habla en inglés.</p>
<p>&#8220;Era un muchacho de 19 años, sin más compañía que su mozo de esto­ques y aquellos tres seguidores, sin duda unos mangantes que trataban de aprovecharse de él&#8221;. Después sigue una gran descripción de aquella y de sucesivas corridas. Pero el exégeta se convierte en tába­no del que fue su ídolo. En &#8220;Muerte en la tarde&#8221; se atreve a decir:</p>
<p>&#8220;Si vais a ver al &#8216;Niño de la Palma&#8217; es posible que veáis la cobardía en su forma menos atractiva, un trasero gor­do, un cráneo calvo por el empleo de cosméticos y un aspecto de precoz se­nilidad. De todos los toreros jóvenes que se elevaron en los últimos años que siguieron a la primer retirada de Bel­monte, fue el &#8216;Niño de la Palma&#8217; el que despertó las esperanzas más falsas y el que provocó mayor desilusión&#8221;.</p>
<p>Cuando los Hemingway volvieron a Pamplona, al año siguiente de su pri­mer encuentro con Cayetano Ordóñez, éste &#8220;pega el petardo&#8221;, como se dice en el argot taurino. Y ellos lo presencian desde una barrera. Eso ocurrió el 7 de julio, agravándose el día 9 del mis­mo mes, cuando es recibido &#8220;de uñas&#8221; por el público pamplonés. Un toro se le va al corral tras recibir los tres avi­sos reglamentarios. Tuvieron que pro­tegerle las fuerzas públicas y su huida del &#8220;Hotel Quintana&#8221; es épica. José María Iribarren, el mejor historiador de los &#8220;Sanfermines&#8221;, da su versión so­bre el hecho, punto de vista que tam­bién se recoge en &#8220;Dinastías&#8221;.</p>
<p>.<strong>..Y se llama Antonio Ordóñez</strong></p>
<p>Es Pamplona el escenario del en­cuentro entre Hemingway y Antonio Ordóñez que, como es sabido, solía correr el encierro. El torero mejicano Chucho Córdoba presenta, en el &#8220;Ho­tel Yoldi&#8221;, al escritor y al torero:</p>
<div id="attachment_1888" class="wp-caption alignleft" style="width: 220px"><a href="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2009/06/antonio_ordonez_estatua_hemingway.jpg"><img class="size-full wp-image-1888 " title="Antonio Ordóñez frente a la estatua de Hemingway (foto Botán)" src="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2009/06/antonio_ordonez_estatua_hemingway.jpg" alt="Antonio Ordóñez frente a la estatua de Hemingway (foto Botán)" width="210" height="286" /></a><p class="wp-caption-text">Antonio Ordóñez frente a la estatua de Hemingway</p></div>
<p>&#8220;Antonio yacía desnudo en la cama, aceptó algo tapado por una toalla co­locada a la manera de hoja de parra. Lo primero que advertí fueron sus ojos: los ojos más negros, brillantes y alegres de cuantos se han visto, junto con una maliciosa sonrisa de píllete, y no pude evitar advertir los costurones que tenía en el muslo derecho. Anto­nio me tendió la mano izquierda, pues se había hecho un feo corte en la dere­cha con el estoque de matar al toro, e invitó:</p>
<p>- Siéntese en la cama. Dígame, ¿soy tan buen torero como mi padre?</p>
<p>Así que, contemplando aquellos ojos extraños, desaparecida su sonrisa jun­to a cualquier duda de que seríamos amigos, le aseguré que era mejor que su padre y le expliqué lo bueno que éste había sido&#8221;. He ahí al Hemingway contradicto­rio. &#8220;Le expliqué lo bueno que éste ha­bía sido&#8221;. ¿Le explicó también lo que él había escrito en &#8220;Muerte en la tar­de&#8221;? Se verían en diversas ocasiones en Pamplona, en donde el escritor ya era conocido como &#8220;Papá Hemingway&#8221;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&#8220;El tercer hombre&#8221;</strong></p>
<div id="attachment_5535" class="wp-caption alignright" style="width: 275px"><a href="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2011/04/Paquirri_PAmplona.jpg"><img class="size-medium wp-image-5535 " title="Paquirri en Pamplona" src="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2011/04/Paquirri_PAmplona-265x300.jpg" alt="Paquirri en Pamplona" width="265" height="300" /></a><p class="wp-caption-text">Paquirri en Pamplona</p></div>
<p>Francisco Rivera, &#8220;Paquirri&#8221; es &#8220;el tercer hombre&#8221; de mis &#8220;Dinastías&#8221;. Su padre, un modesto novillero y sin for­tuna, no logra la fama de los patriar­cas de las dos anteriores dinastías, a las que se vería unido tras su boda con Carmen Ordóñez. Dinastías que si se perpetúan, hasta el momento, será de­bido a que alguno de los dos hijos del fracasado matrimonio se dedique al toreo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&#8220;Paquirri&#8221; era también un &#8220;torero de Pamplona&#8221; porque, sabido es, hay toreros de distintas regiones, de dife­rentes plazas. No importa su lugar de nacimiento pero, pese a algunas inci­dencias, &#8220;Paquirri&#8221; era, claramente, el torero que se requiere, que se exige y que gusta en &#8220;la feria del toro&#8221;. Tres dinastías, con biografía huma­na y torera apasionante. Tres apellidos que, para siempre y desde sus comien­zos, están ligadas a Navarra. A Pam­plona concretamente que es, puedo an­ticipárselo al curioso lector, uno de los escenarios principales de mi relato.</p>

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		<title>Pepín Martín Vázquez, 1945</title>
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		<pubDate>Sun, 27 Feb 2011 19:52:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Matadores]]></category>
		<category><![CDATA[Pepín Martín Vázquez]]></category>

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		<description><![CDATA[Hoy se ha conocido el fallecimiento de Pepín Martín Vázquez. Traemos en su recuerdo la crónica de su mayor triunfo en la Plaza de toros de Pamplona, en los Sanfermines de 1945 ]]></description>
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<div id="attachment_5292" class="wp-caption alignleft" style="width: 234px"><a href="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2011/02/pepin_martin_vazquez.jpg"><img class="size-full wp-image-5292  " title="pepin_martin_vazquez (Galle)" src="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2011/02/pepin_martin_vazquez.jpg" alt="" width="224" height="224" /></a><p class="wp-caption-text">Peín Martín Vázquez, 7 julio 1945 (foto: Galle)</p></div>
<p><strong>Quizá las imágenes</strong> y los éxitos pamploneses de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Pep%C3%ADn_Mart%C3%ADn_V%C3%A1zquez"><strong>Pepín Martín Vázquez</strong> </a>quedasen en la época del gasóseno y la cartilla de racionamiento, como esta borrosa foto de Galle. Pero no cabe duda que su toreo, y sus formas, han influenciado a generaciones de matadores medio siglo después gracias a algunas grabaciones cinematográficas.<br />
El extracto de la crónica sin firma de <a href="http://www.diariodenavarra.es">Diario de Navarra</a> del 8 julio 1945, bien podría estar jalonando una actuación de Morante:</p>
<p><em>&#8220;Algo mayor que los otros, pero del mismo mal estilo que sus hermanos, abanto y resoplando, toma el capote de <strong>Pepín Martín Vázquez</strong> que lancea ceñido y con vista porque el toro se cuela. Tres puyazos y quites muy variados de los espadas tres pares de banderillas.<strong><br />
Pepín</strong></em> <em>Brinda al público y tras un ayudado por alto mete tres naturales tan bajos que hace morder a la arena al toro que se recobra poniéndose bueno. Tras otras dos series de naturales engarzados con el pecho; se retira y se adorna haciendo una faena muy torera y tras una estocada un poco caída dobla el toro.</em></p>
<p><em> (Gran ovación, dos orejas, vuelta al ruedo y profusión de prendas. El  diestro saca a sus dos compañeros y la ovación se acrecienta  considerablemente)&#8221;.</em></p>
<p>[Los toros de don Alipio Pérez F. Sánchez dieron estos pesos en canal: 215, 228, 237, 252, 235 y 219, los matadores fueron <strong>Fermín Rivera</strong>, <strong>Julián Marín</strong> y <strong>Pepín Martín Vázquez</strong>.]</p>

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		<title>Pamplona, por S.M. &#8220;El Viti&#8221;</title>
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		<pubDate>Tue, 20 Apr 2010 20:12:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Matadores]]></category>
		<category><![CDATA[Casa de Misericordia]]></category>
		<category><![CDATA[El Viti]]></category>
		<category><![CDATA[Feria del Toro]]></category>
		<category><![CDATA[Jornadas sobre el Toro de Lidia]]></category>
		<category><![CDATA[Universidad Pública de Navarra]]></category>

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		<description><![CDATA[Un público que reacciona de manera diferente al resto de las aficiones: su prioridad es vivir el toro como un cúmulo de aspectos emocionantes, un ser originario que les proporciona lo que tu no alcanzas a ver. Viven para él, esperándolo y entrenándose durante todo el año. Una emoción que transmiten a todos los que quieren participar de esa tradición [año 2001]]]></description>
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<div class="topsy_widget_data topsy_theme_blue" style="float: right;margin-left: 0.75em; background: url(data:,%7B%20%22url%22%3A%20%22http%253A%252F%252Fwww.feriadeltoro.net%252F2010%252Fmatadores%252Fpamplona-por-el-viti%252F%22%2C%20%22shorturl%22%3A%20%22http%3A%2F%2Fbit.ly%2Fa2knks%22%2C%20%22style%22%3A%20%22big%22%2C%20%22title%22%3A%20%22Pamplona%2C%20por%20S.M.%20%5C%22El%20Viti%5C%22%22%20%7D);"></div>
<h4>Santiago Martín</h4>
<h6>Texto extraído del libro &#8220;II <a href="http://www.unavarra.es/jornadas_lidia/pdf/libro2.pdf">Jornadas sobre el toro de Lidia</a>&#8220;; Universidad Pública de Navarra, Pamplona 2001; ©<a href="http://www.unavarra.es">UPNA</a> 2001</h6>
<p>El chupinazo da la salida. Pañuelicos al cuello y Pamplona se convierte toda en rojo y blanco, blanco y rojo. Dos colores que marcan y definen el sentir de la fiesta, el clamor de la gente, la exaltación de las tradiciones, el <a href="http://www.denominacionesnavarra.com/es/denominaciones-navarra/esparrago-navarra/">espárrago </a>y la <a href="http://www.turismo.navarra.es/esp/organice-viaje/recurso/Gastronomia-y-Vinos/3338/Chistorra.htm">chistorra</a> de Navarra. Comienza la fiesta y un calendario de sol a sol, con cada hora y cada a minuto, repletos de emociones y sensaciones difíciles de explicar. Difícil de explicar porque Pamplona y los Sanfermines hay que vivirlos &#8220;in situ&#8221;, no tiene nada que ver con lo que te cuentan. Pamplona la descubres allí, con su alegría , con su gente, su amor por el toro, el sentir de los aficionados. Sólo viviéndola y recogiendo la incertidumbre inicial que nos producía la primera vez que te anunciabas allí.</p>
<div id="attachment_3995" class="wp-caption alignleft" style="width: 208px"><img class="size-full wp-image-3995" title="Santiago Martín, &quot;El Viti&quot;" src="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2010/04/fig95b.jpg" alt="" width="198" height="293" /><p class="wp-caption-text">Santiago Martín, &quot;El Viti&quot;</p></div>
<p>Un público que reacciona de manera diferente al resto de las aficiones: su prioridad es vivir el toro como un cúmulo de aspectos emocionantes, un ser originario que les proporciona lo que tu no alcanzas a ver. Viven para el, esperándolo y entrenándose durante todo el año. Una emoción que transmiten a todos los que quieren participar de esa tradición.</p>
<p>El blanco silbido del cohete ensordece los cánticos a San Fermín. El rojo del sol ya está despierto para alumbrar otro día de emociones y de expectación. Ya es la hora, ya se abre la puerta; periódicos y músculos preparados para la ilusión de todos los veranos, ilusión alimentada durante todo el invierno. Tradición transmitida de padres a hijos durante generaciones; el orgullo de la familia. San Fermín con el toro y el toro con San Fermín. Es un rito de amor al toro encomendándose a San Fermín. Una tradición de culto al orden, respetada por todos los integrantes de la fiesta; respeto del que se encuentran orgullosos los navarros y del que contagian a todo el que se acerca a disfrutar de esta feria. La limpieza con la que sortean y corren en el encierro, con la que conducen a los bravos sin desvirtuar su naturaleza para la faena de la tarde.</p>
<p>Gracias a este amor y respeto por el toro se ha gestado un cambio de mentalidad tanto en los ganaderos como en los toreros, respecto a los encierros, es una de las plazas en que menos animales se han devuelto durante la lidia.</p>
<p>Los efectos del ejercicio y la liberación en los encierros se transforman en una maravillosa tranquilidad para las horas posteriores.</p>
<p>El ritual de los encierros llega a su cenit por la tarde en la arena. Ya no hay marcha atrás. La fiesta del toro sigue su curso; el toro es el ser auténticamente importante. Para poder llegar a ser superior a ese toro, hay que estar muy preparado, con la disposición de jugarte la vida sin tasa, emanando de ti sensaciones hermosas, sumamente emocionales, que te permitan eclipsar la atención de ese rojo volcán de pasiones que desde la grada continúa la fiesta comenzada al alba.</p>
<p>Todo un mundo de diversiones concentrado en ese volcán de personas que quiere conectar con el toro y el torero, con su arte, su emoción, y que estos les contagien, que se cree una comunicación, un diálogo entre los de arriba y los de abajo. El toro es el reto, es el ser importante. El toro tiene bravura, pujanza, fuerza, emana emoción por su acometividad . Los toreros son la otra cara de la fiesta, son el complemento de todo lo demás.</p>
<p>Cuando el torero provoca estas emociones, que ellos no son capaces de sentir, jugándose la vida por la mañana en los encierros; cuando esta pasión entre toro y torero se transmite y se integra con la gente, es entonces cuando ese volcán que parece que esta estallando, se vuelve manso. El arte y la obra, que se esta creando entre toro y torero, transforma ese ruido y bullicio de lava en un mar de blancos pañuelos que ondean concediendo la atención y la admiración. En este coso se conjugan un sinfín de emociones imposibles de compilar en otros lugares.</p>
<p>Es muy difícil de soportar todas las presiones que se viven en Pamplona, porque no todo el mundo tiene la paciencia suficiente para que llegue &#8220;ese momento&#8221;. Pero cuando este llega, es algo que ha merecido la pena en la vida. Esa sensación de choque de tantas emociones solamente la da el publico de Pamplona.</p>
<p>Cuanto hay que agradecer a los directores de esa Casa Misericordia; que siempre han cultivado que el toro sea el principal protagonista de las fiestas de San Fermín, un esmerado cuidado de una de las organizaciones mas serias de la historia del toreo, buscando siempre las ganaderías con prestigio en ese momento, el animal con mejor presencia en el campo. Y especialmente, mi recuerdo personal, porque fue la única plaza que se comprometió conmigo antes de que tomara la alternativa, para torear mi segunda corrida como matador, sin ni siquiera haber toreado como novillero allí.</p>
<p>La fuerza de Pamplona y los Sanfermines es conocida y admirada a nivel mundial, no necesita propaganda ni publicidad. Una fiesta que ha atraído a artistas de todos los géneros para describirla con sus plumas, sus pinceles, sus partituras; y que se han servido de esta fuerza pamplonica para potenciarse en sus profesiones. Pamplona es Pamplona por si misma, con nombre propio.</p>
<p><strong>Pamplona en blanco y rojo</strong></p>
<p>El blanco de sus espárragos, de la alegría de la fiesta, del orden en los encierros y en las calles, del blanco de los pañuelos premiando el triunfo. El rojo de la pasión, del riesgo en el encierro, del volcán de emociones, de la faena con la muleta. Una tierra de alegría y de valor.</p>

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		<title>Ángel Gómez Escorial, habla un torero</title>
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		<pubDate>Mon, 29 Mar 2010 21:54:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Matadores]]></category>
		<category><![CDATA[Ángel Gómez Escorial]]></category>
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		<category><![CDATA[Miura]]></category>

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		<description><![CDATA[Plaza de toros de Pamplona, 13 de julio de 2003. Es el último Miura de la tarde. Con seiscientos ochenta kilos de peso y casi un metro de distancia entre pitón y pitón, se ha orientado en todos los tercios y se adelanta a los movimientos del matador. Este arroja la muleta al suelo y entra a matar al toro a cuerpo limpio ¿qué pasa por su cabeza?]]></description>
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<div class="mceTemp">
<dl id="attachment_3871" class="wp-caption alignleft" style="width: 304px;">
<h6><a rel="attachment wp-att-3871" href="http://www.feriadeltoro.net/2010/matadores/angel-gomez-escorial-habla-un-torero/attachment/angel-gomez-escorial-miura-2003/"><img class="size-full wp-image-3871 " title="Ángel Gómez Escorial entrando a matar a un Miura (foto: Arjona)" src="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2010/03/Angel-gomez-escorial-miura-2003.jpg" alt="Ángel Gómez Escorial entrando a matar a un Miura sin Muleta  (foto: Arjona)" width="294" height="235" /></a></h6>
<dd class="wp-caption-dd">Ángel Gómez Escorial entrando a matar a un Miura sin muleta el 13 julio 2003 (foto: Arjona)</dd>
</dl>
</div>
<p>Quienes vivieron la Feria del Toro del año 2003 recordarán siempre la estocada que puso colofón a la corrida de Miura.<br />
<strong> Ángel Gómez Escorial, </strong>tras soltar la muleta, entró a matar a cuerpo limpio a un Miura de 680 kgs. Puede comprobarse la estocada, paso a paso, en esta <a title="Ángel Gómez Escorial" href="http://www2.fiestasdesanfermin.com/sf2006/toros/paginaB.asp?not=A28ART1A.inc&amp;seccion=sanfermin&amp;sId=4&amp;dia=20030715" target="_blank">galería de </a><strong><a title="Ángel Gómez Escorial" href="http://www2.fiestasdesanfermin.com/sf2006/toros/paginaB.asp?not=A28ART1A.inc&amp;seccion=sanfermin&amp;sId=4&amp;dia=20030715" target="_blank">José Carlos Cordovilla</a></strong>.</p>
<p>Han pasado siete años. Gómez Escorial sigue siendo matador en activo, pero ahora lo compagina con su labor de profesor en la <a title="Escuela de El Juli" href="http://www.eljuli.com/escuelataurina/index.asp" target="_blank">Escuela Taurina de la Fundación &#8220;El Juli&#8221;</a>. Preguntado por lo qué rondaba en su cabeza durante esos instantes, su memoria no tiene ninguna laguna. </p>
<p>Nota: La foto que ilustra esta entrada es obra de Agustín Arjona y se encuentra expuesta en la web del matador <a href="http://www.angelgomezescorial.com/" target="_blank">Ángel Gómez Escorial</a></p>

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		<itunes:subtitle>Plaza de toros de Pamplona, 13 de julio de 2003. Es el último Miura de la tarde. Con seiscientos ochenta kilos de peso y casi un metro de distancia entre pitón y pitón, se ha orientado en todos los tercios y se adelanta a los movimientos del matador.</itunes:subtitle>
		<itunes:summary>Plaza de toros de Pamplona, 13 de julio de 2003. Es el último Miura de la tarde. Con seiscientos ochenta kilos de peso y casi un metro de distancia entre pitón y pitón, se ha orientado en todos los tercios y se adelanta a los movimientos del matador. Este arroja la muleta al suelo y entra a matar al toro a cuerpo limpio ¿qué pasa por su cabeza?</itunes:summary>
		<itunes:author>Feria del Toro, Feria de San fermin</itunes:author>
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	</item>
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		<title>Esplá, amor y desamor</title>
		<link>http://www.feriadeltoro.net/2009/matadores/espla-amor-y-desamor/</link>
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		<pubDate>Sun, 05 Jul 2009 08:41:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Matadores]]></category>
		<category><![CDATA[Carlos Polite]]></category>
		<category><![CDATA[Chivito]]></category>
		<category><![CDATA[Luis Francisco Esplá]]></category>

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		<description><![CDATA[CARLOS POLITE-. Había que esperar a 1985 para ser testigos de la apoteosis de Luis Francisco Esplá en la Feria del Toro. Mantuvo un estrecho idilio con Pamplona hasta que se cruzó en su camino el toro 'Chivito'.]]></description>
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<h4>Carlos Polite</h4>
<h6><a href="http://www.noticiasdenavarra.com" target="_blank">Diario de Noticias</a>, suplemento San Fermín, 5 julio 2009</h6>
<p>Luis Francisco Esplá se va del mundo de los toros. Después de 33 años en activo ha decidido que ya está bien y con 51 calendarios en su haber, una retirada digna puede ser el perfecto colofón a su dilatada vida profesional.</p>
<div id="attachment_2386" class="wp-caption alignleft" style="width: 310px"><img class="size-medium wp-image-2386" title="chivito-y-espla-diario-de-noticias" src="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2009/07/chivito-y-espla-diario-de-noticias-300x177.jpg" alt="Esplá con Chivito (foto: archivo Navarra Hoy)" width="300" height="177" /><p class="wp-caption-text">Esplá con Chivito (foto: archivo Navarra Hoy)</p></div>
<p>Nadie criticaría al torero si desde la apoteosis de Las Ventas decidiera cortar de cuajo su temporada por cierre del negocio. ¡Vaya tarde la de aquel día en Madrid! Jamás Esplá toreó con tal cadencia y profundidad. Eclosionó su torería y, tal como ocurrió en la tarde pamplonesa del 9 de julio de 1985, enardeció a las masas y dos plazas monumentales de distinto signo se rindieron a la concepción de un toreo, por lo espectacular, irrepetible.</p>
<p>Luis Francisco Esplá nace en Alicante el 19 de mayo de 1958. Recibió lecciones de Tauromaquia de un progenitor muy aficionado y propietario de una placita de toros muy apta para la enseñanza. Su afición fue precoz y con 15 años se dedicó a la lidia de añojos y erales por la zona del Levante, hasta debutar con los del castoreño en una novillada celebrada el día de Navidad de 1974 en Tenerife. Pásmense. Después de una meteórica carrera como lidiador de utreros y en la cima del escalafón, se decide y se licencia como matador de cuatreños en el coso de Pignatelli, en Zaragoza, el 23 de mayo de 1976. Le apadrinó Paco Camino y actuó de testigo Niño de la Capea. Los toros eran de un tal Manuel Benítez. No hubo pronunciamientos dignos de mención, salvo un espectacular tercio de banderillas.</p>
<p>El 19 de mayo de 1977 confirmó en Madrid a manos de Curro Romero y Paco Alcalde. Y a renglón seguido, a debutar en los Sanfermines. En la soleada tarde del 9 de julio, Luis Francisco se paseó desmonterado por el coso pamplonés flanqueado por el azteca Curro Rivera y el manchego Dámaso González. Se lidiarían cinco bureles de Pablo Romero y un sobrero de Martín Berrocal.</p>
<p>Los toros de La Herrería, en Sanlúcar La Mayor, eran guapos y bien armados, pero les dio por gandulear y embestir al paso. Sus parientes del año 1957 se llevaron el premio gordo de la Feria. ¡Qué vaivenes, Señor! El mejicano ni se enteró y suspenso total. El de Albacete ya templaba que era un primor y a su primero le cortó la orejita de rigor. El toricantano la lio con los garapullos y eso fue todo. Demostró carencias ostensibles con la muleta y su premio fue el silencio.<br />
ImagenImagen ampliada</p>
<p>Estampa del toro de Pablo Romero lidiado el 11 de julio de 1987.</p>
<p>1978</p>
<p><em>Genial en San Fermín Txikito</em></p>
<p>En 1978 nos masacraron las Fiestas y recuperamos el tono en las calendas equinocciales del martirologio del Patrón. Fueron tres días entrañables, irrepetibles. El día 25 de septiembre se lidiaron bureles murubeños de Campos Peña. Es una lástima que la encastada ganadería no retornara a Pamplona. Con lleno atosigante y tarde con cielo nítido y de azul cobalto, Ortega Cano, Esplá y Palomar nos ofrecieron una tarde soberbia. Los tres cortaron orejas y los tres se llevaron un recado de los pitones de los toros. Esplá enloqueció a las masas. El idilio había comenzado.</p>
<p>El día 7 de julio de 1979 el ambiente se cortaba con faca albaceteña. El paseíllo, con los toreros al descubierto por la muerte de un ganadero único que en vida atendía por Felipe Pablo Romero. Las Peñas rindieron homenaje a Luis Francisco Esplá y cuando el alcalde demócrata Julián Balduz accedió al ruedo para entregarle una efigie de San Fermín al torero, el grito clamoroso de ¡San Fermín, San Fermín! coreado por 20.000 gargantas era el ruego atormentado para que en jamás de los jamases nadie reventara la Fiesta conceptual del orbe, léase del mundo mundial. El que suscribe, fue uno de los muchos que lloró. Que conste en acta.</p>
<p>Se lidiaron hermosos morlacos de Pablo Romero para los espadas Palomo Linares, Julio Robles y Esplá. Los toros empujaron al penco, pero se aplomaron un tanto en el último tercio. El Palomo, encimista y con recursos. Se le aplaudió. El malogrado Julio Robles demostró su enorme clase con el capote, pero su eclosión como maestro en Tauromaquia estaba a la espera. El alicantino demostró que los terrenos y las distancias eran ya pan comido. Colocó banderillas de poder a poder, al cuarteo, a topacarnero y nos sorprendió con un par al quiebro descomunal. Pueden figurarse la reacción del personal santo. Con la pañosa no emocionó y tal como el mismo matador declaró, mató como un pinchauvas. Todo se quedó en ovaciones.</p>
<p>El día 11 disfrutamos de un corridón del Conde la Corte, pero con la mala fortuna de que al finalizar la lidia del cuarto una tormenta de tamaño natural provocó la suspensión del festejo. ¡Vaya manera de caer pañí, oigan! A pesar de las condiciones del arenal, Esplá colocó tres pares arrebatadores. Toreó con emoción y al terminar el trasteo cogió su corbatín y lo anudó en el pitón izquierdo del noble burel. La plaza era un manicomio.</p>
<p>La Feria se estrenó con un guapo sexteto de Los Bolsicos. El paseíllo lo realizaron el torero de Embajadores, Ángel Teruel, Esplá y el debutante Paco Ojeda. Teruel estaba en plan Guadiana y de vuelta. Pero como el que tuvo retuvo, nos deleitó con pinceladas de toreo caro. Ojeda obsequió con su encimismo al coro, que le regaló con su indiferencia. Todavía no era el figurón posterior. Esplá se puso en plan demagogo y realizó un brindis que a parte del personal le sentó como una perdigonada de sal en el culo. Porfió lo suyo con la pañosa, mató con decoro y cortó una oreja. Esplá traicionó a los de sombra, pero mantuvo los cariños incondicionales de la solanera y zonas aledañas.</p>
<p>En la tarde del 8 de julio se lidiaron toros del ganadero navarro César Moreno Erro. Los pasaportaron José Luis Galloso, del Puerto de Santa María, Luis Francisco Esplá y el trianero de la calle Pureza, Emilio Muñoz. Fue una tarde amarga para el criador, ya que los bureles le agradecieron la buena crianza durante 4 años con actitudes innobles. Esplá es un consumado actor, pero tiene ya a la plaza dividida. Mas no importa. A su primero le enjaretó garapullos en corto y por derecho, ya que el zaíno huidizo no estaba para florituras. Se fajó con la muleta, mató con donosura y a pesar de algún gesto ful de las zonas umbrías, se llevó una oreja al morral.</p>
<p>1983</p>
<p>Maestro en la lidia</p>
<p>Por si las moscas, la Meca no volvió a contratar al alicantino hasta el año 1983. Se le esperaba en Pamplona con expectación inusitada, pero en la tarde del 11 de julio se lidiaron toros de Los Guateles, purito Domecq, presumo que de lo chungo. Esplá se sentía ya cómodo con hierros encastados y las borricas, que fueron de Baltasar Ibán, eran a contraestilo del alicantino. Le acompañaron en el desastre el entonces figurón Paco Ojeda y un Espartaco que no pasaba por su mejor momento. Doy por hecho que en la inclusión de semejante materia prima, el apoderado de Ojeda, José Luis Marca, algo tendría que ver.</p>
<p>Esplá se llevó una orejita, mientras Ojeda fracasaba con estrépito y el de Espartinas ídem. Dos horas y media duró el festejo y los que pagaron la desaforada reventa saldrían finos.</p>
<p>El día 13 debutaron los toros de Celestino Cuadri Vides en los Sanfermines. Lidiaron Esplá, Emilio Muñoz y el mocetón Tomás Campuzano. Luis Francisco es el director de lidia perfecto. Exige que todo el personal ocupe el lugar adecuado durante la lidia, reacciona como un rayo si algún colega se ve a merced del toro cuando le corresponde lidiar, respeta al burel y lo deja ver delante del penco. Nadie, excepto el alicantino, practica la ortodoxia de la lidia. Algunos ignorantes le dicen chufla. ¡Qué sabrán!</p>
<p>Con el cuarto ocurrió que las peñas, a voz tronante, pidieron un cuarto par al torero. Ni corto ni perezoso, Esplá le endilgó al cuadri un encuentro hacia los adentros que nos dejó a todos alucinados. Esplá no cortó orejas porque se comportó como un pinchaúvas, pero se le despidió entre ovaciones.</p>
<p>El trianero Muñoz cortó dos orejas al quinto regalándonos dos series de naturales marca de la casa. Más adelante los mejoraría. Y el simpático Tomás se despidió con la orejita de rigor y bondadosa.</p>
<p>1985</p>
<p>La apoteosis</p>
<p>Había que esperar a 1985 para ser testigos de la apoteosis de Luis Francisco Esplá en la Feria del Toro. El día 9 de julio se lidió un sexteto precioso de hechuras de José Luis Osborne Vázquez, del Puerto de Santa María en la finca Bolaños.</p>
<p>El tempero era soberbio, los reventas se habían puesto las botas porque el trío protagonista de la tarde era de lujo, como dirían los aficionados cursis. Nada menos que José Mari Manzanares, Luis Francisco Esplá y Juan Antonio Ruiz Espartaco . El de Espartinas venía de salir a hombros por la Puerta del Príncipe de La Maestranza y se adueñó del cetro del toreo hasta su retirada por una estúpida y letal lesión de rodilla jugando al fútbol.</p>
<p>Esplá estaba eufórico y a su primero le endilgó un segundo tercio espectacular. Para los reaccionarios era un circo, para el pueblo gloria bendita. Voz del pueblo, voz de cielo, dice una taranta minera de La Unión. Yo la asumo.</p>
<p>Se le ovacionó por pinchar. Pero lo bueno estaba por llegar. Con el quinto consiguió fagocitar a romanos y cartagineses. Realizó la mejor faena en Pamplona y cuando observé la postura a la hora de despenar a su oponente, comenté: ¡Va a recibir! No puede ser, contestaron mi padre y mi hermano. Pudo ser. Y después de un pinchazo, volvió a realizar la suerte. Acertó de lleno y en los medios del coso. El bravo burel murió como fulminado por el rayo, el torero arrojó la muleta al cuerpo del bóvido y a renglón seguido la locura. Orejas, rabo y solomillo. Vuelta al toro, vuelta del Mayoral y la de Dios.</p>
<p>Espartaco cortó dos orejas y acompañó en triunfo a Esplá saliendo en volandas por la Puerta del Encierro. Manzanares se conformó con una. Así es la vida.</p>
<p>1987</p>
<p>La decepción</p>
<p>Vamos a 1987. La Meca contrató a Esplá para dos compromisos. El día del Patrón encabezaba la terna Julio Robles, acompañado por Esplá y el lusitano Victor Mendes. Julio estuvo decoroso con sus borregos, a la espera del dúo rehiletero. La puesta en escena estaba servida. Compartieron palitroques y yo por aquí y tu por allá. El personal, cachondo perdido. Para completar el trío de matadores banderilleros que abarrotaron cosos durante varios años, faltaba el fogoso Vicente Ruiz El Soro .</p>
<p>Y llegó el 11 de julio. En una tarde solariega se lidiaron toros de Pablo Romero para José Antonio Campuzano, Esplá y Lucio Sandín. Desde Partido de Resina, finca de los caminos del Rocío, Jaime de Pablo Romero envió un corridón con trapío esplendoroso. En general les dio por la bronquedad y la mansedumbre. Uno en particular, que atendía por Chivito , se lidió en segundo lugar y correspondió al torero alicantino. Era un torazo de capa negra y armado como un marine. Embistió a oleadas y en plan huidizo al capote del matador. Tomó el olivo, por fortuna en la zona de la solanera. Ya sabemos que el callejón de las zonas umbrías está abarrotado de especímenes de toda condición. El morlaco accedió al coso y en cuanto sintió la puya en su armoniosa anatomía tomó otra vez camino del callejón sin cambiar de terrenos, dándose un tortazo de los de aúpa. Llegamos a pensar que el morlaco se había descalabrado. Fue un craso error, pues el ladino asomó los belfos a través del portón y en cuanto observó al señor Cáneva sobre el zaldi a unos 40 metros galopó y atacó con saña y echándose a los lomos el cuerpo del picador. Le endilgó una cornada que no le mató de puro milagro. El canalla huyó como un cobarde cruzando el coso. Pero se encontró con el señor Cid, que a la altura del tendido 3 y delante de este menda le cazó con la carioca más preclara de la historia y le atizó la vara más salvaje que vieron los siglos. El noble picador se vengó por su colega, dando una lección del arte de la vara larga.</p>
<p>El manso salió a su aire sembrando el terror en el ruedo, pero bastante atemperado. Y cuando todos esperábamos con deleite el enfrentamiento de la fiera y el bípedo con los rehiletes, el maestro se negó y dejó el trabajo sucio a sus subalternos, que no habían colocado banderillas desde que toreaban con Esplá.</p>
<p>El estupor dio paso a la decepción y de ahí al cabreo de 20.000 personas. La bronca, mientras los despavoridos toreros de plata chapuceaban hasta límites patéticos, fue monumental. No perdonamos que el patrón deje el muerto a sus currelas, cuando él es capaz de solucionar la papeleta.</p>
<p>Al finalizar la pésima lidia, algún guasón pidió a la presidencia la vuelta al ruedo de Chivito. Y el torero, en plan chulesco insistió al presidente con la petición. Hubo aficionados dispuestos a bajar al ruedo y partirle la cara.</p>
<p>Durante la lidia del quinto un energúmeno le lanzó una botella de cava, que no le cazó de puro churro. Aquello fue el fin. El torero abandonó el ruedo entre lluvia de granizo con trapío de almohadillas y el idilio con Pamplona acabó en divorcio sañudo.</p>
<p>Anoto que volvió a los Sanfermines en un año del que no quiero acordarme y cuando le preguntaron el porqué de su regreso, contestó: Por el vil metal. Sin comentarios.</p>
<p>¿Será capaz de acompañar a su retoño Alejandro, que está anunciado en la novillada del día 5 de Julio?</p>

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		<title>Antonio Ordóñez en los sanfermines</title>
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		<pubDate>Thu, 18 Jun 2009 21:09:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Matadores]]></category>
		<category><![CDATA[Antonio Ordóñez]]></category>
		<category><![CDATA[El rincón de Ordóñez]]></category>

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		<description><![CDATA[Antonio Ordóñez protagonizó los años dorados de la Feria del Toro.
En el año 1992 mientras la revista "6 toros 6" daba todavía sus primeros pasos, Michael Wrigman, uno de sus directores, publicó este extenso estudio en uno de los números invernales. ]]></description>
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<p><!-- 	 	 --></p>
<h4>Michael Wigram</h4>
<h6>Publicado en &#8220;6 toros 6&#8243; nº 7, 1992</h6>
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<p><strong>Se sabe que Antonio Ordóñez detentó el record de actuaciones en los Sanfermines hasta que Ruiz Miguel lo superó en 1989. Se sabe también que el maestro cuajó muchos toros importantes en Pamplona, y que su buena o mala suerte en los Sanfermines influyó no pocas veces en su carrera. Hay la creencia, muy extendida, de que su súbita retirada en agosto de 1971 se debió, en gran parte, a su desafortunada actuación en Pamplona, unas semanas antes. Pero detrás de este hecho, y de los vagos conocimientos que, por lo general, alimentan la leyenda hay una fascinante historia que merece la pena explorar.</strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong>UN PRÓLOGO FELIZ</strong></p>
<div id="attachment_2094" class="wp-caption alignleft" style="width: 310px"><a href="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2009/06/antonio_ordonez_dominguin_marcelo.jpg"><img class="size-medium wp-image-2094 " title="Antonio Ordóñez y Luis Miguel con los niños de la Casa de Misericordia" src="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2009/06/antonio_ordonez_dominguin_marcelo-300x171.jpg" alt="Antonio Ordóñez y Luis Miguel con los niños de la Casa de Misericordia (foto Archivo del Museo Taurino &quot;La Estafeta&quot;)" width="300" height="171" /></a><p class="wp-caption-text">Antonio Ordóñez y Luis Miguel con los niños de la Casa de Misericordia (foto Archivo del Museo Taurino &quot;La Estafeta&quot;)</p></div>
<p>Como en las novelas de antaño, hay un prólogo, señalados capítulos y un epílogo. El prólogo se refiere a su única actuación como novillero, en los Sanfermines de 1949. Cortó una oreja a su primer novillo, y aquella tarde fue el augurio de las grandes cosas que estaban por venir. Aunque no llegaron inmediatamente, porque al año siguiente, Litri y Aparicio, los novilleros de moda, fueron, con Isidro Marín, el novillero regional, los espadas elegidos para la novillada de la feria.</p>
<p>Se quedó también fuera de los carteles pamplonicas durante los dos años siguientes. Y no hizo su presentación como matador de toros en Pamplona hasta 1952, año en el que empieza el primer capítulo de su historia sanferminera.</p>
<p><strong>PRIMEROS TRIUNFOS Y DISGUSTOS</strong></p>
<p>Actúa dos veces en el 52. Cortó una oreja en su primera corrida, y perdió la Puerta Grande en su segunda tarde, por pinchar cuatro veces. Actuó también el día 11 en un festival y cortó las dos orejas a un novillo de Martínez Elizondo. Toreó con el clásico atuendo pamplónica, con camisa y pantalón blanco, y pañuelo y faja roja, indentificándose así con los mozos con quienes corría los encierros.</p>
<p>En 1953 también actuó dos veces y cortó nada menos que siete orejas de sus cuatro toros. Hace casi cuarenta años, el toro de Pamplona era muy distinto. En su primera corrida, ninguno de los seis &#8220;Átanasios&#8221; dio el peso reglamentario, y sin embargo se lidiaron todos. Los que correspondieron a Ordóñez pesaban 410 y 405 kilos en bruto (el más chico de la corrida sólo alcanzó 389 kilos). Pero casi todos derribaron en varas y hasta metieron a un picador en el callejón. Los &#8220;Cobaledas&#8221; de su segunda tarde pesaron algo más, 464 y 487 kg., y también derribaron lo suyo. El toreo ordoñista de aquellos días era una mezcla de lo más clásico y puro, y de otras cosas que hacía para la galería. Lo mejor, su torero con el capote y sus naturales, pero estos los pimentaba con manoletinas, molinetes y desplantes. También tuvo suerte con la espada y fue el triunfador indiscutible de la feria del 53.</p>
<div id="attachment_1890" class="wp-caption alignright" style="width: 232px"><a href="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2009/06/antonio_ordonez_penas.jpg"><img class="size-medium wp-image-1890 " title="En la salida de las peñas (foto chapresto)" src="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2009/06/antonio_ordonez_penas-222x300.jpg" alt="En la salida de las peñas" width="222" height="300" /></a><p class="wp-caption-text">En la salida de las peñas</p></div>
<p>Le contrataron tres veces en 1954, su última tarde para torear los &#8220;Miuras&#8221;, que volvían a Pamplona por primera vez desde 1925, cuando los lidiaron Marcial Lalanda, Antonio Márquez y Martín Agüero.</p>
<p>Antonio cortó la oreja a un pequeño &#8220;Sepúlveda&#8221;, su primero de la tarde, el cual, sin embargo, tomó tres varas y derribó al picador de reserva. Estuvo conservador en la corrida de Fermín Bohorquez. La misma tarde en que César Girón cortó un rabo a su primero y escuchó los tres avisos en su segundo. Y llegó la miurada.</p>
<p>Hubo pocos corredores en el encierro. Era un mañana de lluvia fina y resbalaron varios toro Pesaron poco. 440 kg. el que menos y 502 kg. el qu más, tuvieron &#8220;poca carne y mucha alzada, y to presentaban buenas defensas&#8221;. Salieron difícile Rafael Ortega, un gran experto en la divisa, fue pitado. El primer &#8220;Miura&#8221; de Ordóñez era manso y aún dio rápidamente. Le toreó muy bien con el capotí pero poco pudo hace con la muleta, y tambié^ le pitaron. Su segundo el más grande, fue nob y flojo, y Ordóñez ; cuidó durante los do primeros tercios. Se fu al centro para brindarla] al público y los del se rechazaron el brindis contrariados quizá la decepción que estab provocando la miurada De todas formas fue un señal que marcaba un cierto divorcio entre Ordeñe y las peñas de Pamplona. El maestro desistió, pero en esta ocasión sin enfadarse, como lo haría otra veces, con menos razón, a lo largo de su carrera. Hizo una buena faena, pero la estocada cayó un poquito baja. Le ovacionó la sombra y le pitó el sol, una división que luego sería característica en esta plaza. Con aquella miurada terminó el primer capítulo ordoñista en Pamplona. Antonio se ausentó de los sanfermines hasta 1957: Por su servicio militar en 1955 , y por su grave cogida en Las Ventas, en junio del año siguiente. Guillermo Sureda, al escribir sobre el tema en el invierno de 1954, consideró a Ordóñez como &#8220;un grandioso torero perdido&#8221;, por la falta de &#8220;un valor constante&#8221; y por no entender su propio quehacer: &#8220;Le da lo mismo ejecutar unos naturales portentosos que una serie de manoletinas. ¡ Sureda Molina no era el único en mantener esta opinión. Se decía entonces que Antonio Ordóñez era un torero con garbo, pero que le faltaba entrega.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>LA CONQUISTA INCOMPLETA</strong></p>
<div id="attachment_1884" class="wp-caption alignleft" style="width: 310px"><a href="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2009/06/ordo5.jpg"><img class="size-medium wp-image-1884" title="Ordóñez en un pase de pecho (Fue Publicada en el libro &quot;Sanferminak&quot; de Erbiti y Manero)" src="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2009/06/ordo5-300x220.jpg" alt="Ordóñez en un pase de pecho" width="300" height="220" /></a><p class="wp-caption-text">Ordóñez en un pase de pecho</p></div>
<p>Pero cuando regresó a Pamplona, casi exactamente tres años después, su toreo había madurado. Durante la temporada anterior, es decir en 1956, su toreo había evidenciado un poderío y una pasión insospechados. En 1957 fue la base de los carteles pamplonicas, con cuatro corridas. Hizo una gran feria cortó cinco orejas. Su memorable faena a un toro de Arranz, el primer día, consistió en &#8220;cuatro ayudados por alto y uno por bajo. Una serie de cinco naturales, rematada con un pase de pecho, y otra de cuatro. con el mismo final. Dos series de tres pases en redondo y cambio de mano unido a un pase de pecho, y cuatro giraldillas. Es decir, una faena mucho mas austera que las de su primer capítulo, a pesar de una leve concesión final.</p>
<p>Empató al día siguiente, al menos desde el punto de vista técnico, frente al difícil &#8220;Galache&#8221;. Escribía un crítico que &#8220;En el toreo la maestría lleva el nombre de Antonio Ordóñez&#8221;. Por otra parte, sus problemas con las peñas continuaban en pie. Le pitaron con cualquier excusa. Como por ejemplo, por brindar un toro a una peña que le había dado un homenaje, y no a todas.</p>
<p>En 1958, Antonio Ordóñez estaba en el momento cumbre de su carrera. Toreó 78 corridas (perdió 7 por cogidas), cortó 120 orejas, 26 rabos y 7 patas. Sureda Molina ya había cambiado totalmente de opinión: &#8220;Creo que Antonio Ordóñez quedará como uno de los grandes toreros de todas las épocas. En la actual, no tiene rival. Desde el punto de vista estético ningún torero puede comparársele, y desde el punto de vista técnico no admite tampoco parangón. Hoy es único, el mejor, el más artista, el más técnico&#8221;.</p>
<p>Sureda Molina aún le criticaba por lo que él llamaba &#8220;la comodidad&#8221;. Otros se mostraron reticentes por sus concesiones al público. Ninguno tenía en cuenta que Ordóñez tenía &#8220;raza de figura&#8221;, que no le dejaba satisfecho complacer sólo a los puristas, que buscaba el triunfo frente a todos los públicos, que tenía demasiado temperamento para mirar cómo otros salían a hombros por la Puerta Grande, mientras esperaba la salida del toro apto para una lidia rigurosamente clásica. En eso se parecía a Juan Belmente, el cual, según Cossío, hasta dio puñetazos al toro.</p>
<p>En 1958, en sus cuatro corridas, Ordóñez intentó complacer a todos. En la primera cortó la oreja de un &#8220;Arranz&#8221;, por una faena en la que mezcló la pureza y el adorno. En la segunda cortó dos orejas a un &#8220;Garcigrande&#8221;, y el sol protestó la concesión de la segunda. Luego, &#8220;escuchando la voz de su conciencia de lidiador profundo&#8221;, reaccionó con una segunda faena &#8220;para aficionados muy exigentes&#8221;, que sólo mereció los aplausos de la sombra. Siguió obedeciendo a la voz de su conciencia durante su tercera tarde, y mereció el agradecimiento de Antonio Díaz Cañábate, mientras las peñas lo pitaban. En su última corrida Ordóñez quiso complacer a todos los pamplónicas. Se olvidó del rigor, hasta quitó por chicuelinas, &#8220;hizo el poste&#8221; con la muleta, y terminó con manoletinas, giraldillas y desplantes. Perdió las orejas con la espada, pero se reconcilió con las peñas. Y esta interesante feria dio final al segundo capítulo de Ordóñez en los Sanfermines.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>MAS ÉXITOS Y EL ODIO</strong></p>
<p>El año 1959 pasó a la historia de la tauromaquia como la temporada de la competencia entre Antonio Ordóñez y Luis Miguel Dominguín. Según Corrochano fue una competencia fabricada, pero captó la imaginación del público y Ordóñez salió vencedor. Durante aquel verano clave en su carrera, no fue a los Sanfermines. Pero se tomó una pequeña vacación y asistió como participante a los encierros y a los bailes callejeros.</p>
<p>El tercer tramo de Ordóñez en los Sanfermines comienza en la feria de 1960 con el corte de dos orejas a un toro de Juan Pedro</p>
<div id="attachment_1886" class="wp-caption alignright" style="width: 199px"><a href="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2009/06/ordoa.jpg"><img class="size-full wp-image-1886 " title="Ordóñez Vistiéndose en 1954 (Inge Morath)" src="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2009/06/ordoa.jpg" alt="Busto de ordóñez en la penumbra" width="189" height="288" /></a><p class="wp-caption-text">Busto de ordóñez en la penumbra</p></div>
<p>Domecq. Dio una serie de nueve naturales en la que demostró &#8220;la bella armonía del pase natural, largo, hondo, profundo, ligado sin esfuerzo&#8221;. (En aquella corrida. Curro Romero también toreó muy bien al natural, aunque entonces a nadie se le ocurría comparalo con Ordóñez). Al año siguiente también cortó dos orejas en su primera corrida, esta vez a uno de Garcigrande, de nombre &#8220;Mimosa&#8221;, que pesó 490 kilos y tomó tres varas. En esta ocasión dio una tanda de ocho naturales &#8220;insuperables&#8221;. Las dos faenas tuvieron, sin embargo, la inevitable concesión de las manoletinas o la demagogia de los circulares.</p>
<p>Durante estas dos ferias, Ordóñez no se encontró con toros tan propicios como los mencionados, pero siempre hizo cosas estimables, especialmente con el capote. Y fue muy injustamente tratado por el público de sol. Cualquier excusa era válida para protestar, si el toro era pequeño o si la estocada había caído algo baja, lo que, sin embargo, perdonaban a otros toreros con los que compartía cartel, aunque sus toros fueran más chicos y sus estocadas cayeran más abajo. Con su último toro de la feria del 61, Ordóñez hizo un gran esfuerzo. Era manso y soso, y le hizo una faena que el toro no tenía, pero las peñas protestaron ferozmente la oreja concedida</p>
<p>Durante el invierno siguiente, Ordóñez sufrió una de las cornadas más graves de su vida, en Tijuana (México). La herida, en el muslo derecho, tenía cuatro trayectorias y se curó muy despacio. Lógicamente, repercutió en la temporada española de 1962. Se le vio apático en su primera tarde de los Sanfermines, y toda la plaza le abroncó con razón.</p>
<p>Su segunda actuación, con toros de Ricardo Arellano, tuvo lugar en una corrida memorable. Paco Camino cortó cuatro orejas, y El Viti, el rabo de su segundo toro. Los dos hicieron el toreo grande. Pero, para muchos, Antonio Ordóñez hizo lo más meritorio de la tarde. Su única recompensa fue una oreja muy protestada, en su segundo. Pero toreó aún mejor a su primero, en el que fue pitado por las peñas.</p>
<p>Antonio Díaz-Cañabate, en una crónica que tituló &#8220;Mozos, los de Navarra&#8221;, les preguntó: &#8220;¿Os ha hecho algo el gran torero?&#8221;, y continuaba, &#8220;la faena de Ordóñez al primero fue admirable. ¿No visteis el reposo, la armonía, la elegancia con que se sucedían los pases? ¿No visteis aquellos soberbios pases iniciales por bajo? ¿No visteis, luego, cómo en los naturales y en los redondos, la muleta iba cerca, lenta, como impulsada por un aire suave, y cómo el toro no podía abandonarla, porque iba fascinado tras ella? Sí, lo visteis; estoy seguro. Pero no aplaudisteis con el entusiasmo que prodigáis a otros toreros, porque os cegaba la pasión. ¿Tan enconado es el resquemor que tenéis con el gran torero? Yo os digo: Bien está la pasión; no la confundáis con la injusticia&#8221;. Y Cañábate terminó: &#8220;Adiós, mozos los de Navarra. A San Fermín le pido que os libre de la injusticia y que os conserve la pasión&#8221;.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>HACIA EL TRIUNFO COMPLETO</strong></p>
<div id="attachment_1888" class="wp-caption alignleft" style="width: 230px"><a href="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2009/06/antonio_ordonez_estatua_hemingway.jpg"><img class="size-medium wp-image-1888" title="Antonio Ordóñez frente a la estatua de Hemingway (foto Botán)" src="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2009/06/antonio_ordonez_estatua_hemingway-220x300.jpg" alt="Antonio Ordóñez frente a la estatua de Hemingway" width="220" height="300" /></a><p class="wp-caption-text">Antonio Ordóñez frente a la estatua de Hemingway</p></div>
<p>Ordóñez se tomó un descanso de dos años. Un descanso necesario, que le permitió hacer una de sus mejores temporadas en su regreso de 1965. Pero se encontró con el fenómeno social de Manuel Benítez &#8220;El Cordobés&#8221;, que estaba en pleno auge. No aparecieron jamás juntos en el mismo cartel. Pero los empresarios confeccionaron normalmente sus programaciones alrededor de ambos. Y así sucedió en Pamplona, con Benítez ajustado el día 13 de julio y Ordóñez en la última tarde.</p>
<p>Se cuenta que a El Cordobés siempre le rechazó Pamplona. Pero en realidad Benítez no hizo mucho esfuerzo por triunfar allí. Fue aplaudido cuando hizo alguna cosa suya (cortó una oreja en Pamplona de novillero), aunque apenas se entregó. Provocó una bronca monumental aquel año cuando necesitó de doce descabellos con su último toro. Al día siguiente, Ordóñez lo tuvo más fácil, porque las peñas se habían desfogado el día anterior. Toreó muy bien a su primer toro, pero perdió las orejas por culpa de cinco pinchazos. Su segundo toro fue malo y en contra del reglamento, regaló un toro rechazado en el reconocimiento. Con este animal, pobre de trapío y cómodo de pitones, cortó las dos orejas, a pesar de una estocada baja. Y esta vez le perdonaron todo quizá en agradecimiento al regalo.</p>
<p>Pero al año siguiente, en ausencia de Benítez, Ordóñez fue otra vez la base de los carteles con tres corridas. Y le trataron de nuevo con el rigor de siempre. Como estuvo extraordinariamente bien con los &#8220;Juanpedros&#8221;, en su segunda tarde, sobre todo : el capote, no tuvieron más remedio que aplaudí Pero sus dos orejas, bien ganadas, al último toro la corrida concurso de ganaderías fueron fuertemente protestadas por los de siempre. &#8220;Antonio Ordóñez&#8221; lidió perfectamente. Fueron perfectas las verónicas de saludo, perfecto el colocar al toro en el primer •icio, perfecto el quite final, perfecta la faena y perfecta la estocada. ¿Qué falta, pues? Sobraba perfección. Un toro bravo frente a un torero clásico que le tace una gran faena y le mata de una estocada y parte del público arroja almohadillas. Es algo sorprendente. No tiene explicación&#8221;.</p>
<p>No vale la excusa que dieron los apologistas de las peñas en el sentido de que al toro le faltaba tra-pío. porque hubo otros con menos presencia lidiados en la misma feria, que pasaron sin comentario alguno y el toro de Alvaro Domecq fue bueno y bravo.</p>
<p>En 1967 Ordóñez firmó una sola tarde. Para él era un año raro. Después de sus grandes triunfos en las Fallas y en Sevilla, no fue a muchas ferias importantes por razones económicas, aunque mantuvo siempre un nivel admirable. En Pamplona toreó bien pero mató mal.</p>
<p>Durante la temporada del 68 siguió en la misma linea de toreo grande. Aquella fue, sin duda, una de las mejores temporadas de su</p>
<div id="attachment_1889" class="wp-caption alignright" style="width: 213px"><a href="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2009/06/antonio_ordonez_rabo.jpg"><img class="size-medium wp-image-1889" title="Antonio Ordóñez tras cortar un rabo (foto: Botán)" src="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2009/06/antonio_ordonez_rabo-203x300.jpg" alt="Antonio Ordóñez tras cortar un rabo" width="203" height="300" /></a><p class="wp-caption-text">Antonio Ordóñez tras cortar un rabo</p></div>
<p>larga historia como matador de toros. Tuvo dos tardes en Pamplona. El da 11 de julio con toros de Carlos Urquijo y el día 13 de julio con toros de Fermín Bohorquez. El primer &#8220;Urquijo&#8221; no le gustó, pero cortó una oreja, protestada, del segundo. Hizo una gran faena pero matóen &#8220;su&#8221; rincón. Con el primer &#8220;Bohorquez&#8221; estuvo muy bien, aunque oyó algunos pitos en la vuelta al ruedo.</p>
<p>Llegó su segundo &#8220;Bohórquez&#8221;. Era el cuarto de la tarde, y fue el toro de su triunfo más completo de las treinta y tres corridas que toreó en esta plaza.</p>
<p>Era el toro de más trapío de la corrida, con 563 kilos de peso. El presidente cambió el tercio antes de tiempo, cuando sólo le habían puesto una vara. Llegó a la muleta casi crudo y con la cara alta. Antonio Ordóñez le dominó a lo largo de una faena en la que mostró la plenitud de su valor, de su técnica, de su arte. Y esta vez no hubo discrepancias cuando el presidente le concedió las dos orejas y el rabo.</p>
<p>El último capítulo de Antonio Ordóñez en los Sanfermines terminó como es de justicia que terminara, con los titulares de las peñas bajando al ruedo para ponerle sus respectivos pañuelos en el cuello y dar la vuelta al ruedo junto al héroe.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>UN TRISTE EPILOGO</strong></p>
<p>Después de un año de ausencia, Ordóñez volvió a Pamplona en 1970. Por lesión de Paco Camino lo hizo en un improvisado mano a mano con Miguel Márquez. El presidente le negó al oreja de su primer toro y la segunda oreja de su segundo toro, un manso que se refugió en tablas. El maestro dio la vuelta al ruedo con el toro durante la faena, y en cada cuadrante de la plaza le dio una tanda de inmensos muletazos. El público pidió las dos orejas con fuerza y abroncó al presidente. Pero cuando Ordóñez, en un gesto de mal humor, devolvió la única oreja que el presidente le había dado, el público reaccionó en su contra. El diestro no hizo nada en su último toro, y tampoco al día siguiente, con los dos del Conde de la Corte que le correspondieron.</p>
<p>En 1971 Ordóñez toreó siempre con Paco Camino. Hubo varios mano a mano, y uno de ellos se programó como la última corrida de los Sanfermines. Ordóñez llegó a Pamplona en un buen momento; había cortado ocho orejas y dos rabos en las tres corridas precedentes. Pero se encontró con una tarde de lluvia y un público hostil. Le pitaron desde los primeros pases de castigo a su primer toro. El rondeño se enfadó, se caló la montera y mató al toro por los sótanos. E hizo más o menos lo mismo en sus otros dos toros. Es decir, buscó el enfrentamiento y recibió tres de las broncas más fuertes de la historia de los Sanfermines.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>LA MORAL DE LA HISTORIA</strong></p>
<p>Así terminó el conflicto entre el torero y las peña de Pamplona. No creo que la última batalla de su larga carrera navarra influyera en su decisión de retirarse un mes más tarde en San Sebastián. Porque después de Pamplona fue a la feria de julio de Valencia, y cortó nada menos que seis orejas y un rabo en sus dos corridas, dos de ellas a un &#8220;Pablo Romero&#8221;. Estuvo enorme y en absoluto dio la impresión de un torero derrotado.</p>
<p>He oído una teoría, expuesta por un famoso corredor de los encierros, que argumentaba que Antonio Ordóñez personificaba la superioridad española a ojos de las peñas, en una época en que las oportunidades de protesta pública estaban muy limitadas. Su arrogancia taurina, su aparente facilidad, la demostrada perfección no les caía bien Según esta opinión, mientras mejor estaba peor le sentaba.</p>
<p>Por otra parte, las críticas que recibió de los puristas por tratar de complacer al gran público, es el eterno dilema en que se debaten los toreros clásicos; en este caso, un debate magnificado por la pasión que caracteriza a una plaza tan singular y tan importante y porque lo provocaba un torero que representa la más pura esencia del toreo. Claro que no fue el único diestro que, en aquellos años, tuvo que sufrirlo. Por ejemplo, en 1967, el crítico salmantino Alfonso Navalón censuró duramente, nada menos que al maestro Antonio Chenel &#8220;Antoñete&#8221; por su actuación en Pamplona. Le acusó de un grave pecado &#8220;dar un abominable pase circular&#8221;, entre otros crímenes taurinos. Pero si los toreros hicieran caso de los puristas y olvidaran al público desaparecería la fiesta nacional, sin ayuda de Bruselas ni de los verdes.</p>
<p>Antonio Ordóñez demostró en Pamplona no solo sus virtudes personales como torero y como hombre. Demostró también que un torero clásico puede triunfar en las circunstancias más adversas, si tiene técnica, valor y determinación. Toreros del corte de Paco Camino, El Viti, José María Manzanare Julio Robles, Roberto Domínguez y Ortega Cano entre otros, siguieron su ejemplo. No sirven las excusas. Si un diestro quiere ser considerado una auténtica figura del toreo tiene que triunfar en los Sanfermines, una condición &#8220;sine qua non&#8221; debida fundamentalmente a la dura y gloriosa historia de Antonio Ordóñez en Pamplona.</p>

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		<title>Antonio Ordóñez en la feria del Toro</title>
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		<pubDate>Mon, 20 Apr 2009 20:20:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Antonio Ordóñez]]></category>
		<category><![CDATA[El rincón de Ordóñez]]></category>
		<category><![CDATA[Inge Morath]]></category>

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		<description><![CDATA[En Pamplona hizo el paseíllo 33 tardes , entre aquella novillada de 1949 y su triste final de 1971. Los aficionados pamploneses suelen coincidir en que Ordóñez ,uno de los mayores toreros de la historia , marca la época dorada de esta plaza , los años de mayor euforia y alegría labrados por un toreo cargado de "lentitud, desmayo y plasticidad" , en los que alcanzó ocho tardes de orejas dobles , diez de una y un rabo, en 1968 , aunque también protagonizó broncas memorables.]]></description>
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<h4>F.P.O</h4>
<h6>Extracto del libro &#8220;Plaza de Toros de Pamplona 1922-1997&#8243;</h6>
<p>Antes de la existencia misma de la &#8220;Feria del Toro&#8221; se presentó como novillero el 11 de Julio de 1949 con Litri e Isidro Marín. <em>&#8220;Este Antoñito , un mozo jovencillo , alto, bien espigado ,es el hijo tercero del &#8220;Niño de la Palma&#8221; ,que ni es de Ronda ni se llama Cayetano, pero que huele a torero de los pies a la cabeza. ¡Qué maravillosamente torea! Con el capote es un primor .Dio algunos lances de verdadera exposición que entusiasmaron al público. Gran faena la realizada a su primero toda ella a base de calidad , sabor y plasticidad&#8221; . </em>( de la crónica del Pensamiento Navarro 12-7-49)</p>
<div id="attachment_1218" class="wp-caption alignleft" style="width: 296px"><img class="size-full wp-image-1218" title="Antonio Ordóñez Paseando por Pamplona en 1954" src="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2009/04/ordo_roncesv_inge.jpg" alt="Antonio Ordóñez Paseano por Pamplona (Inge Morath)" width="286" height="433" /><p class="wp-caption-text">Antonio Ordóñez Paseano por Pamplona (Inge Morath)</p></div>
<p>En Pamplona hizo el paseíllo 33 tardes , entre aquella novillada de 1949 y su triste final de 1971. Los aficionados pamploneses suelen coincidir en que Ordóñez ,uno de los mayores toreros de la historia , marca la época dorada de esta plaza , los años de mayor euforia y alegría labrados por un toreo cargado de &#8220;lentitud, desmayo y plasticidad&#8221; , en los que alcanzó ocho tardes de orejas dobles , diez de una y un rabo, en 1968 , aunque también protagonizó broncas memorables.</p>
<p>En 1949 Antonio Ordóñez , el mas joven de la terna , cobró 10.300 pesetas, veinte duros más que Isidro Marín , pero lejos de la estrella del momento ,Litri -114 novilladas aquel año -, que se fue con 50.300 pesetas. Pero Ordóñez terminó aquella temporada -64 festejos , 130 novillos estoqueados &#8211; como un valor sólido. En 1958 , año en que toreó 77 tardes se situó el primero en las preferencias de la empresa de Pamplona , que le contrató para cuatro días por 604.000 pesetas. Por lastres actuaciones de 1961 le dieron 889.698´1 pesetas , mientras Curro Girón ,por cuatro, no pasaba de las 509.000 y Paco Camino por dos , de las 402.000 pesetas.</p>
<p>En 1967 Ordóñez sólo vino un día , cobró 1.002.000 pesetas e hizo un grueso donativo a la Meca . Pero ésta es una historia contada muchas veces y no en sus términos correctos.<br />
En 1966 se celebró fuera de Abono (por tanto fuera de la Feria del Toro), el 15 de Julio, una corrida en la que se presentó un Joven matador , Palomo Linares. El festejo levantó una gran polémica y molestó a los diestros de la feria , y en concreto a Ordóñez, que había actuado tres tardes por 2.730.000 pesetas . El argumento que entonces se esgrimió podría explicarse así : Quien quisiera venir dignamente a Pamplona debía hacerlo dentro de la Feria del Toro y con los hierros y animales reseñados por la empresa y no fuera del ciclo ferial y con ganado de su elección . Dentro de la Meca a un sector de la Junta no le gustó esa actitud , por entender que se interfería en lo que no competía a los diestros y si interesaba a la Casa, pero hoy sin entrar en debates de Competencia hay que agradecer a los toreros y a Ordóñez en particular su rigor, favorable al lustre de la feria y , por tanto , a los intereses de la Casa.<br />
La corrida aquella se celebró a trancas y Barrancas, con movimiento de Corrales , rechazos y presiones. El público acudió , y pudo ver a tres toros de Carlos Núñez y tres de Higuero. La Meca ingresó 338.687´05 pesetas. Al año siguiente , en 1967 en plena Feria , Antonio Ordóñez se presentó en la Misericordia con Ignacio Usechi, vocal de la comisión Taurina, preguntó cuánto había reportado aquella corrida postsanferminera, vio la liquidación y acto seguido libró un cheque de 350.000 pesetas para la Casa.<br />
No fue el único gesto que tuvo con la Meca. En 1968 regaló todos los sobreros que hicieran falta en la feria .La casa se ahorró el gasto y la fortuna quiso que no fueran necesarios. En 1971 abandonó la plaza llorando .&#8221;Lo único importante que sucedió después de las cinco y media , aparte de la nubada, fue una bronca rotunda al diestro de Ronda , Antonio Ordóñez&#8221;.<br />
Ordóñez , como su padre , un mozo más en la juerga de la calle , no es el torero mas premiado en nuestra plaza, pero sólo un sandio consulta la estadística de trofeos como termómetro infalible de la excelencia. Los aficionados consideran a Ordóñez como el símbolo de una época , un caso único en la historia de nuestra plaza por la huella artística de su presencia , que ni en sus mejores tardes acabó con los gritos de quienes no le aceptaban, a veces simplemente porque podía brindar a los mozos de su peña Oberena y no a todos. Ordóñez es el primer apellido que pronuncian se refieren a los mejores años de esta Feria . Pero en cambio su mutis no resulta excepcional . El público tornadizo con sus ídolos ,le trató tan mal como a otros a quienes había paseado a hombros ,sin ir mas lejos &#8220;El Viti &#8221; o Esplá.</p>
<p>©1997 , Fernando Pérez Ollo y Casa de Misericordia</p>

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		<title>Emilio Muñoz en Pamplona</title>
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		<pubDate>Wed, 15 Apr 2009 22:01:00 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Matadores]]></category>
		<category><![CDATA[Emilio Muñoz]]></category>

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		<description><![CDATA[El maestro de Triana siempre ha manifestado que, además de su Sevilla, la plaza de sus amores es Pamplona. Sus medias belmontinas, sus inicios de trasteo andándole a los toros desde los terrenos de adentro hacia los medios, su fastuoso toreo al natural jugando con la espiral centrípeta en los terrenos de los bureles, abrochado con el ya inexistente pase de pecho de cuerna a penca, han sido la realidad más ajustada al arte de birlibirloque acuñado por el señor Bergamín]]></description>
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<p align="justify"><em>Para cualquier aficionado cabal, o para      cualquier espectador con una sensibilidad mínima Emilio Muñoz      ha sido durante casi un cuarto de siglo el matador de toros que devolvía      a Pamplona la esperanza de aquello que llaman ver torear. Siempre fiel a sí      mismo Pamplona fue una de sus plazas, y en su público obtuvo      mas respeto que en ningún otro lugar . Como todo torero que haya calado      en el público pamplonés se despidió de la de la plaza bajo      una sonora bronca en una triste tarde de dos mil.</em></p>
<p align="justify"><em>Quién   mejor supo captar ese momento, no podía ser de otra forma,   fue <strong>Carlos Polite</strong> . Esta crónica resume muchos sentimientos&#8230;y   no poca admiración y valentía , mientras otros   se dedicaban a hacer leña del árbol caído:</em></p>
<h3 style="text-align: center;"><strong><em>El trianero recibió bronca épica, lírica y dramática</em></strong></h3>
<p><strong></strong></p>
<div id="attachment_843" class="wp-caption alignleft" style="width: 315px"><strong><strong><img class="size-full wp-image-843" title="Emilio Muñoz (foto: Jhon Dimis, Sanfermin.com)" src="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2009/04/pureza.jpg" alt="Emilio Muñoz (foto: Jhon Dimis, Sanfermin.com)" width="305" height="201" /></strong></strong><p class="wp-caption-text">Emilio Muñoz (foto: Jhon Dimis, Sanfermin.com)</p></div>
<p><strong>D</strong>ÍAS   pasados comenté en una tertulia taurina presanferminera   que Emilio Muñoz, salvando distancias entre norte y sur,   era, dentro de un orden, nuestro Curro Romero local. Tal aserto   se acogió con comentarios la mar de variopintos. Esto   quiere decir que hubo división de opiniones. Pero a la   vista de lo acontecido en la despedida irreversible del maestro   de Triana, creo que di en el clavo. La reacción unánime   del coro pamplonés asentado en los tendidos, gradas y   andanadas del círculo mágico, fue idéntica   a la del público de la Maestranza en las tardes aciagas   de Curro Romero. Me explicaré. Cuando el veterano maestro   de Camas la caga, recibe pitos en cantidades industriales. A   renglón seguido se aplaude el arrastre de sus enemigos,   hayan servido o no, para joderle la manta. Y cuando abandona   el coso en compañía de sus tres banderilleros,   la lluvia de almohadillas es la consecuencia directa del pésimo   comportamiento del torero. También en estos casos interviene   la fuerza pública, en el caso que nos ocupa los forales,   para proteger la integridad física del interfecto. Lo   que diferencia a Pamplona de Sevilla es que Emilio Muñoz   jamás volverá vestido de luces a nuestra ciudad,   y el ínclito Curro repetirá en la Maestranza mientras   el cuerpo aguante. O sea, mientras viva.<br />
Las dos broncas que soportó Emilio Muñoz fueron   épicas por sus dimensiones casi telúricas, líricas   porque lamentablemente fueron muy sentidas, y dramáticas   porque pueden suponer el final de la carrera de un torero de   dimensiones colosales. El maestro de Triana siempre ha manifestado   que, además de su Sevilla, la plaza de sus amores es Pamplona.   Recuerda perfectamente éxitos de apoteosis y dos toros   de Fermín Bohórquez que lo retiraron temporalmente   en una época tenebrosa de su existencia. Volvió   con los bríos renovados, y siempre quedará para   el recuerdo su concepción del toreo eterno. Sus medias   belmontinas, sus inicios de trasteo andándole a los toros   desde los terrenos de adentro hacia los medios, su fastuoso toreo   al natural jugando con la espiral centrípeta en los terrenos   de los bureles, abrochado con el ya inexistente pase de pecho   de cuerna a penca, han sido la realidad más ajustada al   arte de birlibirloque acuñado por el señor Bergamín.   Pura percepción subliminal, oigan.<br />
Con todo esto quiero decir que el toreo con aires de soleá   trianera de Emilio Muñoz, duerme ya el sueño eterno.   A pesar de todo, hasta siempre maestro.</p>

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		<title>Antonio Ordóñez, peón de lujo</title>
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		<pubDate>Sun, 29 Mar 2009 20:25:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Matadores]]></category>
		<category><![CDATA[Antonio Ordóñez]]></category>
		<category><![CDATA[El rincón de Ordóñez]]></category>

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		<description><![CDATA[De Ordóñez en Pamplona se recordó su vinculación personal, y con las fiestas de San Fermín, una ciudad a la que acudía como figura de cartel y como aficionado de calle, a lidiar toros, a correr encierros, a bailar con la Peña Oberena, a dormir en el Yoldi, a comer en Las pocholas, a fotografiarse en barrera con Ava Gadner o Deborah Kerr o a participar en festivales a beneficio de la Meca.]]></description>
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<h4><strong>Ricardo Ollaquindia</strong></h4>
<h6><strong> </strong> Publicado en la Revista de 1999 del  <a href="http://www.clubtaurino.com/">Club Taurino de Pamplona</a></h6>
<p>La hora de la muerte toca para revivir recuerdos. Y si el finado es famoso toca revisar archivos, releer periódicos y escribir artículos &#8220;in memoriam&#8221;. La muerte del torero Antonio Ordóñez, el 19 de diciembre de 1998, tuvo ese efecto rememorativo, y en su caso se amplió a campos ajenos, aunque conectados, al toreo, como la literatura, el arte o el cine.</p>
<div id="attachment_1222" class="wp-caption alignleft" style="width: 310px"><img class="size-full wp-image-1222" title="Antonio Ordóñez " src="http://www.feriadeltoro.net/wp-content/uploads/2009/04/pastor.jpg" alt="Antonio Ordóñez ejerciendo de pastor en el encierro (archivo ¿J. Manero?)" width="300" height="465" /><p class="wp-caption-text">Antonio Ordóñez ejerciendo de pastor en el encierro (archivo ¿J. Manero?)</p></div>
<p>En la prensa internacional se comentó la estrecha relación de amistad que surgió entre el maestro de Ronda y el escritor Ernest Hemingway o el cineasta Orson Welles. En la local se recordó su vinculación personal con Pamplona y las fiestas de San Fermín, una ciudad a la que acudía como figura de cartel y como aficionado de calle, a lidiar toros, a correr encierros, a bailar con la Peña Oberena, a dormir en el Yoldi, a comer en Las pocholas, a fotografiarse en barrera con Ava Gadner o Deborah Kerr o a participar en festivales a beneficio de la Meca.<br />
Pero Antonio Ordóñez seguía siendo amigo de Pamplona después del Pobre de mí, cuando la ciudad recuperaba su otra personalidad y se aplicaba al trabajo, al estudio o a la empresa. Antonio Ordóñez volvía de vez en cuando a Pamplona, porque aquí tenía amigos y cosas que hacer, más o menos relacionadas con su profesión.<br />
Yo recuerdo uno de esos viajes, para tomar parte en una representación ideada por un empresario navarro. Antonio Ordóñez corrió en varios de los encierros de Sanfermín.Parece cosa de cuento o guión de película, con americanos que pasan de largo. Pero sucedió. Fue a finales de la década de los cincuenta, cuando habían nacido aquí varias industrias auxiliares del automóvil. Para prosperar y poder ser suministradoras de las fábricas de vehículos, tenían que conseguir licencias extranjeras. Una de ellas, fabricante de frenos, había iniciado negociaciones con una firma norteamericana de primera línea. El empresario estaba preocupado. Fabricaba productos de alta calidad, pero sus instalaciones, situadas en el barrio de la Rochapea, eran poco presentables.<br />
Esperaba una visita de inspección de directivos americanos, y no sabía qué hacer para que estos firmaran el contrato sin ver los talleres. Un día, estando en el Hostal del Rey Noble, se le ocurrió una idea. Observó que en otra mesa del comedor se hallaba Antonio Ordóñez, conocido de fiestas y amigo. Se acercó a él y tras un rápido saludo le preguntó a ver si el día que él esperaba a los americanos podía estar allí mismo y a la misma hora. Antonio Ordóñez le dijo que si, que no tenía ningún problema.<br />
Entonces le expuso su proyecto, su preocupación y su plan. El argumento que después se realizó con la colaboración estelar del torero se desarrolló en tres lugares: en Las Pocholas, en una placita campera y en las oficinas de la fábrica.<br />
DE LAS POCHOLAS A UNA CAPEA<br />
<strong>Hemingway con Antonio Ordóñez</strong>.Llegado el día convenido, los americanos fueron recibidos en el aeropuerto de Biarritz y trasladados por Belate a Pamplona. Para almorzar les llevaron a Las Pocholas, donde tenían mesa reservada. Cuando estaban con los postres, el empresario, haciendo muestras de saludo a un señor que se encontraba en otra mesa, les dijo confidencialmente a los invitados:<br />
&#8220;¿Han oído hablar del famoso torero Antonio Ordóñez, el preferido del no menos famoso escntor Ernest Hemingway? Pues está ahí, es ese señor. Es muy amigo mío, y si ustedes quieren, puedo pedirle que se preste a demostrar su arte ante ustedes, en una placita o tentadero que hay cerca de aquí. ¿Les gustaría? Voy a proponérselo, a ver si puede&#8221;.<br />
Antonio Ordóñez fue presentado a los americanos. Casualmente podía, tenía la tarde libre y llevaba en el bolso los trastos de torear. La sobremesa se animó con el tema taurino. Posteriormente les llevaron a un pueblo<br />
donde había una ganadería de reses bravas. Allí, con unos becerros, el maestro hizo gala de sus mejores lances ante el grupo de amigos y admiradores. Los americanos aprendieron a jalear los primeros &#8220;olé&#8221;. Finalizada la capea y la incursión en el alucinante mundo del toreo, volvieron a Pamplona a cumplir su agenda. Cuando llegaron a la fábrica ya atardecía. Al entrar, los americanos, con ojos brillantes y alegres, saludaron con un &#8220;Hello girl!&#8221; a la telefonista. Permanecieron en el despacho de dirección unos cinco minutos, no más. Al salir, el empresario nos dijo: &#8220;Ya tenemos el contrato firmado&#8221;.<br />
Los personajes principales de la historia han desaparecido de la escena: Manuel Ros, Manuel María San Juan, presidente en 1961 del Club Taurino, Antonio Ordóñez, la empresa Frenos Urra, los americanos de Bendix&#8230; Sólo queda un secretario para contarlo.<br />
Aquella tarde de Ordóñez en el campo no tuvo eco en crónicas taurinas, pero no podía quedar en el tintero. Ese detalle del maestro, de peón de lujo, con amigos de Pamplona, facilitó los trámites de una negociación industrial y contribuyó al éxito de una empresa navarra.</p>

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