
Feria del Toro: Gentes de la Feria del Toro: Joaquín Vidal y Joaquín Pascal
Antonio Purroy Unanua, Publicado en Diario de Navarra el 7 de julio de 2002
En el espacio de 15 días, esta
primavera, se fueron para siempre Joaquín Vidal y
Joaquín Pascal, dos grandes aficionados y dos mejores
amigos. No sé si estas líneas de recuerdo sentido
y de homenaje póstumo van a ser capaces de reflejar el
gran vacío que ambos nos dejan con su marcha.
Precisamente, fue Joaquín Pascal quien el 10 de Abril me
llamó para decirme que acababa de morir Joaquín
Vidal, crítico taurino de El País. Aunque era una
muerte anunciada me invadió una pena muy grande, y como
ese día me encontraba en Madrid, traté de enjugarla
con el último adiós a Joaquín en el Tanatorio
de la M-30. No pudo ser. Estoy seguro que una de sus últimas
voluntades fue pedirle a su familia que no permitiesen la entrada
a nadie a su capilla ardiente por miedo a que se colara esa panda
de taurinos a los que siempre culpó de la decadencia actual
de la Fiesta. Taurinos influyentes que seguro que están
encantados de que Dios le tenga en su gloria. Eso sí, para
siempre, muy alto y muy lejos.
La libertad de un cronista
La justicia y la implacabilidad
con que trataba a toros y toreros le hizo libre, pero también
le obligó a atravesar el desierto de la tauromaquia casi
en solitario. No era persona de corrillos y corifeos, su independencia
y su timidez le hacían pasar desapercibido, como de puntillas,
observando todo lo que pasaba a su alrededor. Las conclusiones
que extraía eran a menudo demoledoras, más vale
que las aderezaba con un tremendo sentido del humor, patrimonio
propio de personas inteligentes.
Mi pena ha sido mayor porque tenía la esperanza de que
se salvara. La semana anterior a su muerte hablé por última
vez con él por teléfono y aún se están
oyendo las risas que nos "echamos". Con estas ganas
de reírte te veo reapareciendo en S. Isidro, Joaquín,
le dije. No sé, no sé me dijo, esta enfermedad que
me quiere matar tiene muy mala leche, es como uno de esos toros
marrajos que se gana los tres avisos como El Tato cuando le amputaron
la pierna: sin cloroformo y fumándose un puro. Con sentido
del humor hasta el final y con un cierto sentido trágico
de la vida.
Joaquín Vidal era un aficionado de verdad, que decía
siempre la verdad, que defendía hasta la extenuación
la pureza de la Fiesta, que tenía una pluma equiparable
a la de los mejores revisteros taurinos de todos los tiempos y
que hacía una literatura costumbrista exquisita. Prueba
de ello es que varios cientos de miles de lectores, aficionados
o no, le leían diariamente con fruición en las crónicas
de las principales ferias españolas. Hay quien las tiene
todas guardadas. Una verdadera joya para el recuerdo. Siempre
amó y defendió a la Feria del Toro, a la Meca y
a los mozos de sol, como lo demuestra el tratamiento de lujo dado
por El Pais a los Sanfermines, encierro incluido, solo
equiparable al de la Feria de S. Isidro. Muchos aficionados se
han quedado sin el referente básico de su afición
y algunos, entre los que tengo la suerte de encontrarme, sin un
gran amigo.
Quizá por ello estos Sanfermines están siendo un
poco tristes, porque nos faltas. Y no sólo en el Jurado
de la Feria, al que le dabas empaque y altura, sino porque no
podemos disfrutar de tu sapiencia taurina, de tu bagaje cultural,
de tus buenas maneras, de tu afecto, en suma, de tu amistad.
La integridad de un político
Joaquín Pascal ha sido
otra persona íntegra, no sólo en sus convicciones
sino también en sus aficiones. Como es sabido, una de las
más profundas era su afición a los toros. Aficionado
de verdad, del toro bravo e íntegro y del toreo de arte.
Por eso le gustaban los "victorinos" y por eso era un
admirador entusiasta de Luis Francisco Esplá. Conversador
infatigable con una memoria prodigiosa, te relataba toros y faenas
con gran apasionamiento. En realidad, era apasionado para todo.
Pasión por la política y estoy seguro que su conocimiento
de los toros le ayudó a ser uno de los primeros espadas
de la política navarra. Porque en España difícilmente
se puede ser un buen político sin ser un buen aficionado
a los toros.
Lo que sentirás Joaquín es no poder acudir
este año a San Isidro. Cuando la víspera de tu muerte,
un martes radiante, nos vimos por última vez en la Universidad,
aún nos quedó un resquicio en nuestra rápida
conversación para bromear sobre esa bonita corbata de toreros
que a menudo te ponías, corbata que presagiaba el comienzo
de tu temporada madrileña.
El domingo 12 de mayo volví de nuevo a la plaza de las
Ventas y estuve toda la corrida recordándoos con nostalgia,
a dos grandes aficionados, a dos buenos amigo, a dos Joaquines.
Más vale que la corrida de Hernández Plá
fue brava, encastada y emocionante, como a vosotros os gustaba.
Tuve la suerte, además, de contemplar el juego de "Guitarrero,
que fue capaz de ponerme los pelos de punta. La vuelta al ruedo
de este bravo y a pesar de ello noble toro (¿quién
dijo que un toro bravo no podía ser noble?) la viví
como un homenaje a dos aficionados que, cada uno en su ámbito,
han defendido a ultranza la pureza de la Fiesta.
Aunque amabas los Sanfermines con locura, desde que dejaste de
ser concejal te veías en la casi obligación de abandonar
la ciudad en esas fechas mágicas y entrañables.
Tu maldita pérdida de libertad llegaba hasta esos extremos.
Pero por eso no dejabas de sernos fiel en la distancia a través
de los medios de comunicación. Más vale que, como
dicen los ganaderos, dejas una muy buena "reata", tus
hijos, por los que también sentías una gran pasión.
Por una parte, tu hijo Jokin, Ingeniero Agrónomo
de nuestra Escuela y por otra Mariano, también ex
alumno de la Universidad, esa que tanto querías, un aficionado
joven y cabal que es una garantía para la Fiesta.
No cabe duda que la muerte de Joaquín Pascal deja
un hueco importante en el devenir diario de Navarra, en la política,
en la Universidad, en la cultura, en la afición y lo que
es más importante, en la amistad.
¿Por qué se están
yendo los mejores?
Volver a feriadeltoro.net