|
Copyleft: se permite la reproducción de los contenidos propios de esta web siempre que sea citada su fuente de origen.
|
Paquito Ceballos Paco
Ceballos era todavía un chaval. Se presentó en
Pamplona con dieciséis años, corría mayo del 64.
En una novillada sin picadores, encartelado con Riverita
y Paquirri y erales de Luzdivina Pérez
Tabernero, Ceballos levantó a la afición pamplonesa.
¡Y fuera de la feria!. En cierta ocasión de aquella primavera coincidió Ceballos en el Casino Principal con Sebastián San Martín. El constructor preguntó a Ceballos cuanto costaba un traje de luces. El malagueño ni lo sabía, así que marchó a preguntárselo a su mozo de espadas. Un rato después Ceballos regresó con la respuesta: doce mil quinientas pesetas. El mismo dinero que San Martín le puso en la mano a continuación. Ceballos lo recordaba ayer con la misma ilusión que le hizo el gesto hace cuarenta años, porque de ese dinero,tras torear veinte novilladas, salió su primer vestido de estreno. San Martín, ya lo hemos dicho, era constructor. Amén de un gran aficionado era el alma mater de la Comisión taurina de la Casa de Misericordia, y a él debemos la existencia de la Feria del Toro. Nunca se le vio en un callejón, y hasta ahora este gesto de mecenazgo, uno de tantos, resultaba inédito. Poco tiene que ver la actitud de San Martín con los ladrilleros que hoy se acercan al toro. Parecen lavar el dinero de sus pelotazos en ruinosas empresas taurinas mientras lucen palmito en el burladero. Su destino pasa de las Ventas a la carcel de Alahurín. El
destino de Ceballos parecía encaminarse a la
cumbre. El toro, las cornadas, el valor, lo que fuere lo pararon antes
de llegar. “Esto es muy difícil”, ya se sabe. Pero en
Pamplona todavía recuerdan la explosión de afición
que durante años provocó aquel muchacho malagueño.
El toreo de Paco, Paquito, Ceballos, que pese a vivir en Málaga
nunca ha dejado del todo Navarra.
|