Feria del Toro: Feria del Toro 2007: Crónicas

"El mal fario se hizo con la tarde"

Juan Posada
Publicado en "La Razón" el 14 de julio de 2007

 


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PAMPLONA- La tarde más esperada fue la más desgraciada. Tres toros de la ganadería titular de Antonio Bañuelos sufrieron roturas en sus extremidades, que los dejaron inválidos para la lidia. Sólo el sexto murió en la plaza, ya que la lesión fue durante la faena de muleta. Esta divisa, ya de antaño, padece de flojedad de remos y aunque parecía que estaba solventado el problema, ha vuelto a surgir en una feria importante: mala suerte, pero hay que poner remedio, ya que se apreció en algunas de las reses dañadas buenas cualidades.

El Juli dio la sensación de estar en la cúspide de su puesta a punto; es capaz de suplir la sosería de un animal como el cuarto con su buen hacer. El Cid puso voluntad pero se equivocó en la apreciación de las características del manso quinto. Castella continuó en su línea valiente en su primer toro, que a pesar de humillar se quedaba por debajo. En definitiva, el mal fario se hizo con la tarde de más expectación.

Flojo animal

El Juli no se decidió a bajar el capote de salida con el primero al ver sus arrancadas vacilantes. El animal perdió las manos en el caballo y en cuanto se descuidaba su matador claudicaba. El mérito del torero, en este caso, fue el temple que utilizó por los dos pitones hasta lograr que el animal no se cayera. No obstante, los muletazos no tuvieron emoción ni respuesta en el personal, porque estas faenas de enfermería no enardecen. La estocada, perfecta.

Paró muy bien al corretón y manso cuarto, dejándole el capote en el hocico para que se encelara con él. Fue una demostración de madurez y conocimiento. El principio de la faena, por alto y un buen pase de pecho. Se fue largo para que en la distancia el animal recuperara y a media altura consumó tres buenos muletazos, rematados con el de pecho. Otra vez desde lejos, en un intento de que el toro no doblara sus extremidades, lo que sí ocurrió en el tercer derechazo. Hay que destacar lo bien que llevó la faena para que el animal no claudicara ni se fuera. El torero lo puso todo, ya que la res lo único que quería era salir huyendo y lo consiguió al morir en las tablas.

Meritoria labor

El Cid mostró su buena disposición actual con el sobrero de la ganadería de Peralta, soso y sin humillar. Es difícil estar aseado con un animal que no inspira peligro ni colabora con el torero. Por ello tuvo mérito su labor con la muleta, siempre baja, aunque el toro, incluso cuando la tomaba, levantara la cara al final de los pases. Los naturales, desde largo, muy templados hasta la mitad del recorrido, pero incompletos a causa del defecto de la res. El Cid tuvo la habilidad y la torería, por qué no, de adaptarse a las dificultades del animal, que no tenía riesgo pero hacía cuesta arriba el toreo. Falló demasiado con la espada.

Se equivocó al apreciar las condiciones del cuarto, manso que retrocedió en el caballo y no se dejó picar. Pareció que embestía a los capotes de lo subalternos porque se taparon con la tela. Su segundo error fue mostrarse al descubierto al dejar la muleta retrasada y citar en línea. Ya le avisó en la primera tanda de naturales, en la que se quedó por debajo. Volvió valiente con la zurda aguantando los tornillazos del animal. En la segunda serie diestra, el toro lo vio y le propinó una tremenda voltereta. A partir de entonces, a defenderse.

Castella, con el segundo sobrero, también de Peralta, que se revolvía pronto y había que llevarlo muy toreado, tardó dos tandas en encontrarle el sitio. Al acortar la distancia y dejarle la muleta en el hocico, ligó tres series muy buenas, cortas, porque el toro al tercer o cuarto pase buscaba los tobillos. Intentó torearlo por el izquierdo, pero no había nada que hacer. Menguó el espacio en las últimas series, casi un arrimón en un terreno en el que se encuentra muy a gusto. En este caso con más peligro que en otras ocasiones, puesto que el animal no aguantaba las cercanías. Faena valiente e inteligente.

Lanceó bien al sexto de salida, mansote pero que metía bien la cabeza. Sólo pudo dar un pase cambiado por la espalda en el centro del ruedo; a la salida del mismo, el animal comenzó a cojear de su mano derecha y, tras deliberaciones en la presidencia, se optó por que lo sacrificara allí mismo. Castella lo hizo de media estocada baja, que acabó con tan accidentada corrida.