Diario de Noticias 27-5-2003
Jose Antonio Iturri
(La Esquina)
MUCHO toro aparece en los carteles oficiales. Mucho toro rojo
en el papel satinado que anunciará los Sanfermines y mucho
toro rojo emergiendo del cartel que anunciará la Feria
del Toro. Como si se hubieran puesto de acuerdo. Y no suele ser
así. Aunque el toro ande traído y llevado con holgura
en ambos carteles, a ver qué iban a poner si no, las más
de las veces, uno y otro actúan como de contrapunto. Y
donde en uno se perfila un rasgo o una intuición, en el
otro es fiereza de óleos mezclados a espátula.
Y si en uno las letras de San Fermín juegan a toros y
mozos en un encierro imaginario, como en el cartel del año
pasado, en el otro aparece la fotografía de un toro difuso
persiguiendo el color de un capote rosa y amarillo. Y si en el
2001 había un cuerno blanco, puro y plano, aposentado
dulcemente sobre un fondo rojo, en el cartel de la Feria del
Toro había un toro, toro; un toro malo y negro, con el
ojo abierto buscando la herida y la sangre que parece chorrearle
de uno de sus cuernos.
EL Ayuntamiento y la Meca, o viceversa, son los dos poderes
fácticos de los Sanfermines de Pamplona. Son poderes que
llegan a acuerdo pero que para nada mezclan funciones y ritos.
Ni siquiera se hablan sobre los carteles, así que a unos
les sale lo que les sale y otros premian lo que les cuadra. A
los de la Meca háblales de las barracas y de los toros.
El Ayuntamiento se queda con el resto. Pero hablando de toros,
que es de lo que aquí se trata, las funciones principales
las lleva la Meca. Al Ayuntamiento le toca poner las calles y,
con el buzo puesto, redondear los esquinazos, limar adoquines
sobresaltados, limpiar la noche aposentada en algunos tramos,
en suma, despejar el camino a los toros.
LOS toros, y todo lo que se mueve alrededor del ganado bravo,
es cosa de la Meca. Incluso los tablados. Y no suelta prenda
de lo que se trae entre manos. Con un aviso de que ha apalabrado
las corridas y una rueda de prensa en la que presenta el cartel
definitivo, cumple. Y para que no parezca tan poco, en esa rueda
de prensa invitan a los periodistas a café, anís
de pacharán, coñac y puro, y se quedan tan tranquilos.
Y así desde que el mundo es mundo, que a los efectos,
es desde cuando nos alcanza la memoria periodística. Los
toros exigen silencio y mucho secreto. Si no fuera así,
dejaría de ser el planeta de los toros. El Ayuntamiento
hace también lo que quiere, pero por lo menos lo cuenta.