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Toro Regidor, de Jandilla
Carriquiri 2005,
durante su lidia (Foto: Jon Setuain)

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El toro es el eje
de los sanfermines. Su protagonismo empieza cuando, una vez finalizados
los sanfermines del año anterior, la Meca comunica al ganadero que ha
sido seleccionado para la feria del año siguiente. Es el momento de
separar la posible corrida a la espera de que sea reseñada
definitivamente. La corrida empieza a cuidarse con mimo, se le asigna el
mejor cercado y doble ración de concentrado. En Navidades suele estar
lista para ser lidiada. El ganadero enseña con orgullo a sus amistades
la corrida de Pamplona.
Diez días antes de ser lidiada llega a los corrales del Gas con tiempo
suficiente para recuperarse del largo viaje y para procurar desdibujar
de su memoria el recuerdo de la dehesa. A ello contribuye la presencia
de sus hermanos, la voz del mayoral, el pienso que se han traído desde
la finca.
Durante estos días un numeroso grupo de aficionados y curiosos acude a
presenciar su tranquila y bella parsimonia.
La víspera de la corrida, por la noche, tiene lugar el encierrillo, que,
aunque es presenciado por muy pocos espectadores, es un acto noble y
majestuoso. Los toros pasan a ocupar el corralillo de Santo Domingo
desde donde saldrá el encierro.
El encierro es el punto álgido de la fiesta. Aquí el toro es el
protagonista principal, la masa de mozos anónimos apenas le resta
protagonismo. Los medios son sus auténticos aliados. Las televisiones y
los periódicos se llenan de imágenes de los toros tirando derrotes por
la Estafeta.
Posiblemente, el apartado de Pamplona sea uno a los que más público
acude; también es muy posible que sea el que menos aficionados albergue.
Se utiliza al toro como pretexto de un acto social donde impera el
dejarse ver y el continuar la fiesta.
La corrida de la tarde es presenciada por cerca de 20.000 espectadores;
sólo la plaza de Las Ventas de Madrid supera en aforo a la de Pamplona.
Hacerse con una entrada es misión casi imposible. El eco informativo es
tremendo. La Feria del Toro es una de las que mayor expectación levanta.
En el cartel anunciador de la feria sólo figura el nombre de las
ganaderías. Conseguir alguno de los premios oficiales de la
Feria del
Toro es una de las obsesiones de los ganaderos de élite. El buen
comportamiento de los toros da opción a que la ganadería repita al año
siguiente. El toro sigue siendo el rey.
Pero no acaba aquí su reinado. Uno de los platos más codiciados durante
las fiestas es el estofado de toro. Quizá sea la forma que los
pamploneses tienen de inmolar los toros ante los que se han jugado la
vida en el encierro.
Decididamente, ser toro en
Pamplona es un honor, todo un lujo .
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